Integración natural
El mundo natural ofrece innumerables ejemplos de inteligencia y orden, y el sistema nervioso en desarrollo no es una excepción. Al igual que somos testigos de la transformación de una diminuta semilla en un árbol majestuoso gracias a la armoniosa interacción entre el suelo, el agua, el aire y la luz solar, el sistema nervioso en desarrollo sigue un camino similar de complejidad ordenada. Los reflejos primitivos son una parte importante de este proceso; cada uno allana el camino para el siguiente y, en última instancia, sienta las bases para un procesamiento fluido, los movimientos, el aprendizaje y el bienestar emocional a lo largo de toda la vida.
El reflejo de Moro desempeña un papel importante antes, durante y después del parto. Contribuye al desarrollo de la respiración en el útero, aporta energía y adrenalina para iniciar el proceso del parto y ayuda al recién nacido a dar su primera respiración.
Comprender el reflejo de parálisis por miedo
Desde las primeras etapas del embarazo, el reflejo de parálisis por miedo surge como una de las primeras respuestas al estrés y a los estímulos. Este reflejo desencadena una respuesta de retroceso y paralización, y los movimientos del bebé en el útero desempeñan un papel fundamental en la integración de este reflejo hacia el inicio del segundo trimestre. En este momento, los reflejos de parálisis por miedo y de Moro comienzan a establecer una relación única, esencial para el desarrollo de un sistema nervioso sano. La integración satisfactoria de estos reflejos sentará las bases para todos los reflejos que vendrán después.
Además de su función protectora, el reflejo de Moro desempeña un papel importante antes, durante y después del nacimiento. Contribuye al desarrollo de la respiración en el útero, aporta energía y adrenalina para iniciar el proceso del parto y ayuda al recién nacido a dar su primera respiración. También provoca la extensión del cuerpo tras haber estado en una posición curvada en el útero. Posteriormente, el reflejo de Moro asume su función como respuesta a un estímulo repentino, integrándose finalmente entre los 4 y los 6 meses de edad.
Si el reflejo de parálisis por miedo permanece activo, es posible que el reflejo de Moro también se mantenga activo. Del mismo modo, si el reflejo de Moro persiste, es posible que el reflejo de parálisis por miedo no complete plenamente su integración. La interacción entre estos reflejos pone de relieve la importancia de una integración adecuada para el funcionamiento óptimo del sistema nervioso.
Factores que influyen en la integración
La integración del reflejo de parálisis por miedo puede verse obstaculizada por varios factores. En primer lugar, la capacidad del bebé para moverse en el útero es fundamental para que la integración se produzca con éxito. En segundo lugar, el nivel de estrés que experimenta la madre durante el embarazo puede afectar a la integración, ya que el cortisol puede atravesar la placenta, lo que provoca una activación continuada del reflejo. Además, un parto traumático o unas condiciones extremadamente estresantes pueden hacer que el reflejo reapareciera incluso después de la integración. Otras causas que pueden dificultar la integración son el tabaquismo, el consumo de alcohol y el consumo de drogas durante el embarazo, que pueden tener efectos perjudiciales sobre el sistema nervioso del bebé en desarrollo.
El impacto del estrés global
Se ha producido un aumento del estrés a nivel mundial debido a numerosos factores relacionados con la salud pública. Esto ha afectado a la salud y al bienestar de las madres durante el embarazo y el posparto, lo que ha dado lugar a un aumento de las complicaciones y de los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad posparto (PMAD). Lamentablemente, este estrés también ha dificultado la integración del reflejo de «parálisis por miedo» en muchos bebés. En consecuencia, estamos asistiendo a un aumento de los trastornos de ansiedad y de las respuestas de miedo exageradas entre los niños. Este estado intensificado de miedo y ansiedad provoca una desconexión del cuerpo, del yo superior y de los demás, lo que, en última instancia, conduce a una menor capacidad para gestionar el estrés.
Además, la persistencia del reflejo de parálisis por miedo suele coincidir con la persistencia del reflejo de Moro, lo que agrava las dificultades a las que se enfrentan estos niños. Junto con la ansiedad, pueden manifestarse cambios en la percepción sensorial, falta de coordinación y dificultades de aprendizaje como consecuencia de la persistencia del reflejo de Moro. Esto puede contribuir aún más a las dificultades de equilibrio, percepción espacial y atención, lo que afecta a múltiples áreas del desarrollo del niño.
La persistencia de uno de estos reflejos, o de ambos, supone una mayor exigencia para el cerebro en desarrollo, ya que este gasta energía y recursos valiosos en protegerse de amenazas inexistentes, en lugar de utilizar esa energía para el aprendizaje y el crecimiento. Esto puede dar lugar a un desarrollo neurológico lento, lo que podría afectar a diversos aspectos del desarrollo del niño.
La quiropráctica desempeña un papel fundamental en este proceso, ya que trata el estrés acumulado y las interferencias en el sistema nervioso, lo que favorece una comunicación fluida entre el cerebro y el cuerpo.
Enfoques para la integración
Afortunadamente, existen métodos eficaces para integrar los reflejos persistentes y favorecer el funcionamiento óptimo del sistema nervioso. Tratamiento quiropráctico desempeña un papel fundamental en este proceso al tratar el estrés acumulado y las interferencias en el sistema nervioso, favoreciendo así una comunicación fluida entre el cerebro y el cuerpo. Cabe destacar que el reflejo de parálisis por miedo está relacionado con el sistema nervioso periférico, que a su vez está estrechamente vinculado al nervio vago. El quiropráctico reconoce la importancia de esta conexión, ya que el nervio vago puede quedar atrapado en el cuello o el torso. Mediante ajustes quiroprácticos, se puede liberar la interferencia que afecta al nervio vago, lo que facilita la integración del reflejo de parálisis por miedo.
Una vez que el bebé o el niño está bajo tratamiento quiropráctico y adquiere mayor capacidad, también se pueden introducir movimientos específicos para facilitar aún más la integración de los reflejos retenidos. Por ejemplo, ejercicios como el de la «estrella de mar» pueden ayudar a integrar el reflejo de Moro, mientras que se pueden emplear diversos movimientos de piernas y golpecitos rítmicos siguiendo un patrón de 1-2 al estilo «cha-cha-cha» para ayudar a integrar el reflejo de parálisis por miedo. Estos enfoques basados en el movimiento complementan la atención quiropráctica, proporcionando un apoyo adicional para el funcionamiento óptimo del sistema nervioso y la integración de los reflejos.
Adoptar un enfoque holístico
Es imprescindible reconocer la profunda relación que existe entre los niveles de estrés materno y la salud y el bienestar tanto de la madre como del bebé, en lugar de limitarnos a abordar únicamente las consecuencias del estrés, como la persistencia de los reflejos y los trastornos de la depresión posparto (PMAD). El estrés crónico afecta negativamente a diversas etapas, como el embarazo, el parto y los resultados posparto, así como al desarrollo neurológico del bebé y a su salud futura. Al adoptar una perspectiva salutogénica, podemos sustituir el sufrimiento por el bienestar y la conexión mediante decisiones conscientes que promuevan la salud y mejoren la resiliencia ante el estrés durante las fases de preconcepción, embarazo y posparto. A medida que empezamos a ver la salud desde esta perspectiva, una elección saludable puede dar lugar a otra, ampliando así el margen de tolerancia al estrés.
Entre los ejemplos de factores salutogénicos que favorecen el bienestar de las madres y, a su vez, el de sus bebés en esta etapa de transición de la vida, se incluyen:
1. Elegir una dieta nutritiva basada en alimentos integrales y con propiedades antiinflamatorias:
Llevar una dieta rica en alimentos integrales, que incluya opciones beneficiosas para la salud intestinal e ingredientes antiinflamatorios, aporta nutrientes esenciales tanto para la madre como para el bebé. Una dieta equilibrada y variada, que incluya alimentos que favorezcan una microbiota intestinal saludable, contribuye al desarrollo y la salud óptimos del cerebro.
2. Realizar ejercicio físico de forma habitual:
La actividad física regular durante el embarazo y el posparto favorece la circulación, fortalece el cuerpo y contribuye a la salud del sistema nervioso. Ejercicios como el yoga, caminar, levantar pesas o nadar pueden ser beneficiosos tanto para la madre como para el bebé.
3. Conexión con la naturaleza y con los demás:
Pasar tiempo en la naturaleza tiene un efecto calmante y estabilizador sobre el sistema nervioso, lo que fomenta una sensación de bienestar. Además, mantener el contacto social con los seres queridos y formar parte de comunidades solidarias puede proporcionar apoyo emocional y reducir el estrés.
4. Aumento de la resistencia al estrés, la adaptabilidad del sistema nervioso y la función neurobiomecánica mediante la quiropráctica:
La quiropráctica favorece el buen funcionamiento del sistema nervioso, elimina las interferencias y promueve un funcionamiento óptimo. Al mejorar la resistencia al estrés y la capacidad de adaptación del sistema nervioso, la quiropráctica puede influir positivamente en el bienestar tanto de la madre como del bebé.
5. Practicar técnicas como la meditación, los ejercicios de respiración y la atención plena:
Las prácticas de meditación y atención plena ayudan a cultivar un estado de calma interior, a reducir los niveles de estrés y a fomentar el equilibrio emocional. La incorporación de técnicas de respiración, como la respiración alterna por las fosas nasales, puede potenciar aún más la relajación, regular el sistema nervioso y favorecer el bienestar general. Estas prácticas aumentan la coherencia cardíaca, lo que fomenta una conexión más profunda con la sabiduría interior de cada uno y favorece el bienestar general.
6. Reducir el ritmo de forma intencionada para conectar con la presencia y los estados de flujo:
En medio del ajetreo de la vida cotidiana, reducir el ritmo de forma consciente durante esta etapa permite a las madres alcanzar un estado de presencia y fluidez. Al disfrutar de la amplitud que aportan la quietud y la atención plena, se puede cultivar una conexión más profunda con una misma, con el bebé y con los ritmos naturales de la vida.
7. Habilidades de aprendizaje y planificación del parto:
Elabora un plan de parto en el que participen profesionales que compartan tus objetivos y valores, como las doulas, que ofrecen un apoyo integral. Lee libros inspiradores sobre el parto para ampliar tus conocimientos y tu forma de pensar. Además, busca programas de preparación al parto que ofrezcan técnicas prácticas y conocimientos para afrontar los aspectos físicos y emocionales del parto.
8. Elaborar un plan posparto y pedir ayuda:
Elaborar un plan para el posparto y buscar el apoyo de los seres queridos o de recursos profesionales puede ser de gran ayuda en la transición a la maternidad. Contar con una red de apoyo garantiza que la madre pueda centrarse en su recuperación, en la relación con el bebé y en su bienestar.
9. Ser consciente a la hora de consumir contenidos multimedia:
Es importante ser consciente y prudente a la hora de consumir contenidos mediáticos. La exposición a noticias, redes sociales o películas que generan miedo y ansiedad puede afectar significativamente a los niveles de estrés. Elegir contenidos que sean estimulantes, positivos e inspiradores, o tomarse un descanso de los medios de comunicación, puede contribuir a cultivar un estado de ánimo más relajado y tranquilo, lo que beneficia tanto a la madre como al bebé.
10. Aprovechar el poder de la respiración:
Es útil tomar conciencia de los patrones de respiración. La respiración superficial puede contribuir al estrés y a la ansiedad, mientras que adoptar una respiración diafragmática, suave y profunda, con expansión en la parte delantera, trasera y los costados, favorece una sensación de bienestar.
11. Cultivar el amor propio y la autocompasión:
Cuidarse a una misma con amor y compasión es fundamental durante el proceso transformador que supone la maternidad. Dar prioridad al cuidado personal, practicar la autocompasión y cultivar el amor propio crean un entorno acogedor tanto para la madre como para el bebé.
En conclusión, como Jeanne Ohm, quiropráctica, lo expresó de forma magnífica: “La vida es expresión de la inteligencia”. El desarrollo del sistema nervioso, al igual que el crecimiento de un roble, es un ejemplo de esta inteligencia. Para optimizar la forma en que esta inteligencia se desarrolla y se adapta tanto en la madre como en el bebé, debemos eliminar las interferencias y ser conscientes de los “ingredientes” que incluimos en nuestro entorno. Al adoptar prácticas holísticas y cuidarnos con amor, compasión y decisiones que nos apoyen, podemos crear un entorno que fomente el desarrollo óptimo del sistema nervioso y favorezca el bienestar tanto de la madre como del bebé.