Deshojar la cebolla
Cuando hablo con mis hijos, me encanta compartir analogías sobre cómo el mundo natural se refleja en sus cuerpos. Una de mis favoritas es esta: vuestro cuerpo es como una cebolla. Se van acumulando capas de experiencias y reacciones: caídas, lesiones, posturas; el tiempo que pasáis delante del ordenador, tocar el violín, jugar al golf, etc. Cada virus, cada hueso roto, cada reacción de tensión, incluso cada helado… todo lo que pasa por vuestro cuerpo se refleja en esas capas. (¡Y a veces os hacen llorar!)
Cuando acudes a ver a un nuevo profesional, sobre todo si se dedica a las terapias corporales, te hará un montón de preguntas sobre tu estilo de vida, tus hábitos, tus enfermedades y las operaciones a las que te has sometido. Lo que está haciendo, aunque no siempre parezca relevante, es intentar ir pelando capas de la cebolla para entender cómo has llegado a donde estás.
Si cursaste la asignatura de salud en la escuela primaria, probablemente aprendiste mucho sobre las partes y funciones del cuerpo. Aprendiste lo importante que es hacer ejercicio y alimentarte bien. Si te diera un esquema de una célula, quizá incluso serías capaz de identificar sus estructuras. Sin embargo, estoy dispuesto a apostar a que nunca aprendiste cómo se cura realmente el cuerpo.
¿Qué es, en realidad, la curación física?
A nivel celular, el cuerpo identifica una célula como enferma: la marca, la digiere, la elimina y genera una nueva célula sana en su lugar. Incluso en el tejido con el metabolismo más rápido, este proceso lleva entre seis y ocho semanas; en los huesos, puede tardar un año o más. No hay atajos para este proceso. No se puede crear una nueva célula hepática de la noche a la mañana.
No hace falta que explique todos los procesos bioquímicos y los elementos que intervienen en la regeneración de una célula. Pero tened en cuenta que se necesitan cientos de miles de reacciones químicas y factores para que eso ocurra. Menos mal que nuestra inteligencia innata se encarga de ello, ya que yo ni siquiera soy capaz de recordar la receta de las galletas navideñas de la abuela… y eso que las preparo cada Navidad.
Las capas no son solo físicas —como la tensión muscular y la desalineación de la columna vertebral, por ejemplo—, sino también emocionales. Por eso prefiero las modalidades terapéuticas que permiten también la expresión y la liberación de las capas emocionales. Una niña pequeña que se haya caído de un árbol y se haya lesionado la columna vertebral quizá no llore delante de sus amigos, pero luego, ya de adulta, puede que se emocione en la camilla quiropráctica cuando comience el proceso de curación de un dolor lumbar “repentino”.
Se necesita tiempo para acumular capas y tiempo para ir eliminándolas. Una de las decisiones más importantes que pueden tomar los padres por el bien de su familia es colaborar con profesionales sanitarios que no se centren únicamente en la supresión y el tratamiento de los síntomas. Profesionales como quiroprácticos, médicos holísticos (naturopatas o médicos), terapeutas craneosacrales, terapeutas corporales y homeópatas crean juntos un entorno de apoyo que ayuda a minimizar la acumulación de capas.
Comprender esto te ayuda a ver tu proceso de curación, y la de tu hijo, desde una perspectiva diferente. La apertura, la atención a los procesos y la creación de un equipo de apoyo consciente contribuirán a que seas capaz de permitir que la curación se produzca en el plazo que el cuerpo necesite.
¡Pues ya tenéis deberes, mamás y papás revolucionarios y evolutivos! La próxima vez que cortéis una cebolla, llamad a vuestros hijos, enseñadles las capas y explicadles en qué se parece la cebolla a su cuerpo. Algunas capas son gruesas, otras finas; algunas están secas u oscurecidas. ¿Qué cree vuestro hijo que le pudo pasar a la cebolla mientras crecía? Mientras habláis, quizá incluso aprendáis algo sobre cómo ven ellos sus propios cuerpos.