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Dejar ir

Por Lisa DeNardo

Ser madre de cuatro niños pequeños puede ser una tarea tremendamente difícil. Hay días en los que siento que las necesidades de todos entran en conflicto y me quedo preguntándome si alguien está consiguiendo, aunque sea un poco, lo que necesita. Con cuatro —o más— ideas y planes diferentes dando vueltas al mismo tiempo, muchas veces acabo sintiéndome muy abrumada.

Recuerdo una mañana en la que mis tres hijos mayores habían dejado a la vista algunos materiales de manualidades y el pequeño se metió con ellos. Para mí es importante que mis hijos tengan acceso a los materiales con los que disfrutan, pero parece que les cuesta acordarse de guardarlo todo cuando terminan. Es después de un episodio del tipo: “Oh, genial. Ojalá no hubieras dejado esas tijeras por ahí, porque ahora el pequeño se acaba de hacer un agujero en la camiseta”, es cuando todo lo que hay por la casa se convierte, a mis ojos, en un desorden gigante y exagerado, y me entra un ataque de pánico de madre.

“Al dejar ir, todo se hace. El mundo lo conquistan aquellos que lo dejan ir. Pero cuando lo intentas una y otra vez, el mundo queda fuera de tu alcance”. —LAO TZU

Ese día en concreto teníamos un montón de recados que hacer, algo muy difícil de llevar a cabo con cuatro niños a cuestas. Acabé perdiéndome una cita y los niños estaban agobiados por llevar tanto tiempo en el coche. Parecía que el universo se ponía en contra de lo que yo sentía que tenía que hacer. En ese momento, noté lo tensa que estaba y oí lo mal que se sentían mis hijos, así que tomé una decisión. El filósofo taoísta Lao Tzu dijo una vez: “Al soltar, todo se hace. El mundo lo conquistan aquellos que lo dejan ir. Pero cuando lo intentas una y otra vez, el mundo queda fuera de tu alcance”. No quería seguir insistiendo en algo que no parecía funcionar, así que me detuve y lo dejé ir.

Di la vuelta con nuestra furgoneta y nos fuimos al parque… donde estuvimos horas y horas. Los niños corrían sin parar, trepaban, se deslizaban por los toboganes, cavaban y se columpiaban, y disfrutaban al máximo de cada rayo de sol cálido. Dejé de preocuparme por lo que había que hacer, o por todas las cosas que se estaban quedando sin hacer, y en su lugar me centré en dónde estaba justo en ese momento. Estaba al aire libre, con un tiempo precioso, con mis personas favoritas del mundo. La vida realmente no puede ser mejor que eso. Hice algunas fotos y, mientras veía jugar a mis hijos, reflexioné profundamente sobre las lecciones de la vida.

“Debemos estar dispuestos a dejar atrás la vida que hemos planeado para poder aceptar la vida que nos espera”. —JOSEPH CAMPBELL

Muy a menudo me siento estresada al intentar controlar mi vida. Creo que todos intentamos controlar nuestras vidas en cierta medida, al tiempo que valoramos lo que queremos, ya sea un poco o mucho. Ese día, me di cuenta de lo importante que es crear el espacio suficiente para que todos puedan satisfacer sus necesidades. Joseph Chilton Pearce, autor de *El niño mágico* y de otros muchos libros sobre el desarrollo infantil, escribe: “El juego es la única forma en que puede desarrollarse la inteligencia más elevada de la humanidad”. Este espacio supuso una oportunidad para que mis hijos jugaran, así como una oportunidad para que yo encontrara un poco de paz y pudiera reflexionar sobre mí misma. Al final del día, todos ganamos la oportunidad de crecer y de conectar, no solo con nosotros mismos, sino también como familia.

A veces me encuentro en una delgada línea, intentando dejar de lado las expectativas, el control y el aferrarme a cómo quiero que sean las cosas, sin dejar de mantener ese equilibrio feliz y saludable en la crianza de mis hijos. Joseph Campbell (autor de *El poder del mito*, cuyos escritos abarcan muchos aspectos de la experiencia humana) nos recuerda que “debemos estar dispuestos a dejar atrás la vida que hemos planeado, para poder aceptar la vida que nos espera”. La vida nos brinda un sinfín de oportunidades de aprendizaje, día tras día. A veces las lecciones son tranquilas, mientras que otras veces están llenas de caos. Sé que parte de mi lección sobre el dejar ir consiste en encontrar la paz en medio del caos. A veces tengo que dejar que la casa esté hecha un desastre total; otras veces oiré algún que otro grito a lo largo del día. A veces, mis hijos y yo tenemos que dejarlo todo y lanzarnos juntos a una aventura; otras veces, las cosas no salen como habíamos planeado. Pero, sea como sea el día, todo irá bien. Mi labor como madre es aceptar dónde me encuentro en cada momento y ser plenamente consciente de que, juntos, todos formamos parte de este flujo y reflujo natural, el ritmo que llamamos vida.