Mensaje de nuestro editor, Número #49 – Conciencia liminal
En el camino hacia la maternidad, surge de forma espontánea el deseo de conectar con nuestra sabiduría interior. ¿Qué es la intuición? Según Wikipedia, la intuición es la capacidad de adquirir conocimiento sin pruebas, evidencias ni razonamiento consciente, o sin comprender cómo se ha adquirido dicho conocimiento.
Confía en tu intuición. Sigue tu corazón. “Simplemente siento que es verdad”. “Ojalá hubiera seguido mi instinto”. Estas son formas en las que reconocemos esa parte misteriosa de nuestro ser, el saber interior, la voz del alma.
El embarazo y el parto despiertan de forma natural la chispa de tu intuición. Depende de ti convertir esa chispa en una llama fiable. Para ello, necesitas algunas habilidades sencillas. Lo primero que necesitas al emprender el viaje para descubrir la voz de tu alma es el deseo de conocer esta parte de ti misma de forma plena y completa. Este deseo te impulsará a ampliar tu conciencia y a confiar en ti misma a lo largo de todo el proceso.
La intuición es una parte intrínseca de nuestra experiencia humana; no es algo reservado a unos pocos elegidos y dotados. Creo que todos nacemos profundamente conectados con nuestro saber interior, pero, una vez que salimos del útero, empezamos a olvidarlo. La intuición es una parte integral de quienes somos; es un don humano, y uno muy valioso.
En el mundo moderno en el que vivimos, llevamos vidas muy ajetreadas que nos dejan poco tiempo para la reflexión o para conectar con nosotros mismos, y son pocos los que cuentan con buenos modelos a seguir que nos ayuden a cultivar nuestra intuición. Hemos perdido sistemáticamente la conexión con nuestra voz interior, esa intuición natural que tanto ha ayudado a los seres humanos a lo largo de la historia. En medio del estruendo de las voces externas, debemos sumergirnos profundamente en nuestro corazón para escuchar el suave ronroneo de la intuición.
Escuchar el alma
Te conozco.
Tú eres quien habla dentro de mí.
Tu voz, no más fuerte que el susurro de una mariposa, me canta suavemente la verdad.
Me esfuerzo por oírte.
Casi todos los días,
Solo oigo los ruidos de la eternidad.
Pero en un momento llega
tu voz suave y delicada,
que me llama la atención mientras escucho música de forma relajada,
y oigo más allá de mis oídos,
la profunda llamada de este misterio.
Fíjate en lo que ocurre cuando dejas de prestar atención a las voces externas que suelen ahogar el sutil mensaje de la voz de tu alma. Para los padres, resulta especialmente intensa la avalancha de consejos bienintencionados, que pueden alejarnos de lo que nos dice el corazón. Rara vez recibimos el regalo de que alguien confíe en nosotros para escuchar lo que necesitamos desde lo más profundo de nuestro ser. Escuchar a nuestro cuerpo, a nuestros bebés y a nuestros hijos desde un espacio de curiosidad y silencio interior es un poderoso acto de autonomía que nos lleva al momento presente. Como padres, hay tantas cosas que hacer y tan poco tiempo para simplemente ser.
Para escuchar tu intuición, debes acallar cualquier duda o preocupación, prestando atención a lo que hay entre los pensamientos, en la pausa. Al disciplinar tu mente y sintonizar con las vibraciones de tu cuerpo y tu corazón, empiezas a conectar con la gran fuente de conocimiento que ya hay en tu interior. Fíjate cuando sientas sensaciones en tu cuerpo: hormigueo, tensión, que tu ritmo cardíaco se acelere sin motivo aparente. Estas son algunas señales que pueden aportarte mucha información. Nuestros cuerpos son conductores de energía increíbles. La intuición no es más que un intercambio de energía. Cuando conectamos con nuestro lenguaje corporal personal y empezamos a descifrar su significado, se nos abre una gran riqueza de sabiduría.
A través de tu intuición puedes escuchar las necesidades subyacentes de tus hijos. Bajo la superficie puedes sentir lo que el alma necesita. Es gracias a nuestra capacidad de escuchar en profundidad como empezamos a percibir cuál es realmente esa necesidad subyacente. Cuando orientamos nuestra conciencia hacia un enfoque intuitivo, el proceso es más o menos así: tu conciencia superior escucha a tu alma. Tu alma transmite la información a tu corazón, que a su vez la transmite a tu mente, lo que te permite actuar en consecuencia si es necesario. Tu mente ya no está totalmente al mando, sino que está conectada con la voz intuitiva de tu corazón y tu alma. Vivimos inmersos en una narrativa cultural generalizada según la cual no podemos confiar en nosotros mismos, y según la cual los expertos y las autoridades saben mejor que nosotros lo que necesitamos. Desarrollar tu intuición es recuperar tu autonomía y empoderarte. Recuerda que es importante ser responsable de la información que recibes y pedir ayuda cuando la necesites.
Cultivar la intuición es una práctica muy poderosa que puedes incorporar a tu vida. Resulta especialmente valiosa para los padres, ya que los bebés y los niños no siempre pueden expresar con palabras lo que necesitan. Descubrimos lo que necesitan nuestros bebés a base de prueba y error. Cuando un bebé llora y nos sentimos cada vez más nerviosos, apresurándonos a solucionar el problema, nos alejamos cada vez más de la comunicación que nos está transmitiendo el bebé. Si tienes hijos, ¿recuerdas alguna ocasión en la que, sin saber por qué, “supiste” lo que tu hijo necesitaba? Todos hemos vivido una experiencia así. No es una casualidad, es escuchar al alma. Cultivar esta conciencia tiene beneficios que perduran a lo largo de toda tu vida y la de tu hijo. Ayudarás a tu hijo a recordar que él también tiene un fuerte conocimiento interior, y a medida que crezca podrás guiarle para que conecte con su intuición.
Cuando nació mi hijo, recuerdo que tenía miedo de no poder satisfacer sus necesidades y de fracasar como madre. Sabía que no era algo racional, pero en aquel momento era un miedo muy real para mí. Me di cuenta de que, cuando él se ponía triste, yo también me ponía triste y me apresuraba a arreglarle las cosas. Repasaba mentalmente una lista de todas sus necesidades físicas: comida, pañal, sueño, consuelo, etc. Una vez que había atendido todo, si él seguía triste, me daba cuenta de que me ponía aún más ansiosa. Mi miedo al fracaso y mis dudas sobre mí misma se apoderaban de mí. Mi hijo seguía llorando y los dos nos sentíamos muy mal.
Un día me di cuenta de un patrón. Cuando estaba tranquila y simplemente lo mecía y lo abrazaba, cantándole un mantra con dulzura, él se calmaba rápidamente y volvía la armonía. Pero si me dejaba llevar por el miedo y la agitación mientras intentaba arreglarlo todo, él lloraba más fuerte y nuestro sufrimiento se prolongaba. Tenía que alcanzar un estado de paz para que mi hijo se sintiera seguro y tranquilo. Era responsabilidad mía al cien por cien. Sabía que tenía que dejar de lado mi miedo al fracaso. Empecé una campaña personal para aprender a confiar en mí misma. Empecé a escuchar su llanto desde el corazón. Le hablaba de lo que observaba, le preguntaba si había percibido correctamente sus necesidades. Puede sonar extraño, pero era como si él me respondiera, aunque fuera un bebé que aún no hablaba, y yo simplemente sabía qué hacer. Ya no partía de la idea de «solucionar el problema», sino de escuchar activamente sus necesidades y satisfacerlas lo mejor que podía.
Utilizo tres herramientas para conectar con mi intuición. La primera es la paciencia. La voz de tu alma sigue su propio ritmo y, cuando se le da el espacio que necesita para ser escuchada, ese suave susurro se vuelve más fuerte y claro. Durante mi proceso de conexión, intuí que me llevaría tiempo y práctica cultivar una profunda confianza en mí misma. Ser paciente conmigo misma fue mi primera lección en este sutil arte.
La segunda herramienta que utilizo es la meditación. La única forma de aquietar verdaderamente la mente es a través de la meditación. Utilizo la meditación con mantras en sánscrito para conectar con mi intuición, calmando mi mente y elevando las vibraciones de mi corazón.
La tercera herramienta, que va de la mano con las otras dos, es cultivar la conciencia. Resulta útil empezar por entrenar la mente para que se centre en los mensajes que envía el cuerpo. Aprende a usar el discernimiento al interpretar las señales viscerales de tu cuerpo. Yo obtengo mucha información al prestar atención a sensaciones como una opresión en el pecho, un nudo en el estómago, una respiración profunda espontánea, un ligero escalofrío o una sensación de calor. No todas las sensaciones requieren una acción, pero con la repetición y la perseverancia empezarás a interpretar las señales más rápidamente. Me he dado cuenta de que estas sensaciones me proporcionan constantemente información valiosa. Entonces, la cuestión pasa a ser cómo decidiré actuar (o no actuar) en función de esa información. Saber cuándo y cómo actuar ante las señales de tu cuerpo es otra faceta del discernimiento. La práctica y la paciencia son la clave del éxito.
Cree que tienes todo lo que necesitas dentro de ti. Eres íntegro y completo tal y como eres. No importa lo que hayas vivido ni lo abrumado que te sientas: en tu interior hay mundos y más mundos. Tienes el poder de conectar profundamente con aquello que te pertenece por derecho de nacimiento: la voz de tu alma, tu intuición.
Estoy convencida de que el trabajo que realizamos para conectar con nuestra intuición, esa parte profunda y sabia de nosotros mismos, resulta infinitamente beneficioso para nuestras familias y nuestros hijos, así como para todas nuestras relaciones.
La conexión no consiste solo en estar en presencia de otras personas, sino en estar presente con ellas. Implica tanto escuchar como hablar; significa abrir nuestra mente y nuestro corazón a la condición compartida de nuestra humanidad y a nuestra interconexión inherente. Estar profundamente conectados con uno mismo, sin miedo, permite que nuestras conexiones con los demás florezcan a lo largo de nuestras vidas.