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Mensaje de nuestro editor, número #23 – Comunicación constante

Comunicación constante

Con Facebook, Twitter y el resto de las llamadas “redes sociales” se ha abierto una dimensión totalmente nueva de la comunicación.

De gran alcance e instantáneas, conectan a muchas personas entre sí de una forma que nunca antes habíamos experimentado.

Me encanta la comunicación. Disfruto mucho con todas las formas de conectar con gente de todo el mundo, de acceder y difundir información, recursos, opiniones y puntos de vista que antes estaban limitados a círculos reducidos y selectos. El mundo que han abierto Facebook y Twitter supone otra forma más, sin precedentes, de llegar unos a otros. Sin embargo, hay en ellos una sensación de frenesí que me plantea algunas preguntas.

No me malinterpretes: tengo una cuenta en Facebook y otra en Twitter. También las tienen Pathways e ICPA. Con estas herramientas, tenemos acceso inmediato a un sinfín de personas interesadas en consultar nuestras actualizaciones. Además, agradezco enormemente el flujo inagotable de información que me llegan otros usuarios de Facebook y Twitter. Fue a través de Facebook donde vi por primera vez el reportaje de CBS HealthWatch sobre la nueva investigación que revelaba graves efectos secundarios de los medicamentos para el TDAH, en el que el médico de la CBS sugería a los padres que probasen la quiropráctica para sus hijos como alternativa segura. Fue en Facebook donde descubrí un estudio canadiense que cuestionaba el protocolo de cesárea obligatoria en los casos de presentación podálica. A través de Facebook, me mantengo en contacto con padres y profesionales, y con sus extraordinarios esfuerzos por difundir el mensaje del bienestar familiar. Hago todo esto y mucho más, casi al instante. Es un fenómeno de comunicación indiscutible. Y, sin embargo, hay en mi interior esa sensación frenética de Facebook y esa tensión nerviosa de Twitter que me obligan a dar un paso atrás y analizarlo más a fondo. Siempre he dicho que Internet, como forma de comunicación instantánea, no es más que un reflejo del potencial comunicativo subdesarrollado, pero inherente, que tenemos como seres humanos. Instantánea, simultánea y de alma a alma: todos hemos experimentado la capacidad de nuestra superconciencia para conectar con los demás. Algunos ejemplos sencillos de este fenómeno son pensar en una persona justo antes de que llame o aparezca, seguir una corazonada y encontrarnos en el lugar adecuado en el momento adecuado, y las innumerables formas en que los padres conectan intuitivamente con sus hijos.

La capacidad de conectarnos al instante a través de las redes sociales no es más que un reflejo de nuestra capacidad innata para conectar unos con otros sin necesidad de un medio tecnológico. ¿Refleja realmente nuestra fascinación por las redes sociales y la comunicación instantánea nuestro verdadero deseo de desarrollar nuestra conciencia y el uso de la conectividad superconsciente? Si es así, al estar tan absortos en este soporte material y en su rapidísima forma de transmisión, ¿estamos potenciando o frenando nuestro potencial para reconocer y desarrollar estas habilidades desde nuestro interior?

Científicos y autores metafísicos como Gregg Braden, Wayne Dyer, Bruce Lipton, Eckhart Tolle, Lynne McTaggart, Deepak Chopra, Larry Dossey, Joe Dispenza, John Demartini y los fundadores del Instituto de Ciencias Noéticas, por citar algunos de mis favoritos, exploran continuamente nuestra capacidad innata para estar en constante comunicación unos con otros. Se refieren a este medio de comunicación siempre presente y accesible como la “matriz divina”, “la mente no local” o “los patrones que conectan”; en otras palabras, la energía inteligente omnipresente del universo. Conceptos como «punto de inflexión», «masa crítica», «sincronicidad», «intención consciente» y «conciencia colectiva» se están convirtiendo en parte del lenguaje cotidiano, a medida que aceptamos nuestro potencial ilimitado de conectividad.

A través de nuestro yo más profundo, en esta dimensión recién definida, todos estamos en constante comunicación entre nosotros y con toda la existencia. Sin embargo, recordemos lo que nos enseñan los sabios: desde un lugar de amor, con una expectativa agradecida y una conciencia del momento presente, somos capaces de acceder a esta matriz y conectarnos.

Volviendo a mi pregunta: ¿Es la creciente popularidad de estos sistemas de mensajería instantánea, como Facebook y Twitter, un reflejo de nuestro deseo más profundo y de nuestro potencial para una verdadera comunicación instantánea? ¿Nos ayudará el uso de estos sistemas tecnológicos en nuestra evolución hacia una mayor conciencia de la matriz divina que todo lo conecta? ¿O crearán una falsa sensación de plenitud y nos distraerán de perfeccionar nuestras capacidades innatas para una conexión superconsciente?