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Proyecto Mundial sobre el Mercurio

Por Robert F. Kennedy Jr.

La gente me pregunta: “¿Por qué haces esto? Estabas haciendo tantas cosas importantes con tu vida: luchar contra el calentamiento global, luchar por la energía limpia y luchar por unos ríos limpios y por el medio ambiente”.”

Esto no es lo que quería hacer. Tenía la opción de agachar la cabeza y dar la espalda al asunto, fingiendo que no lo veía, o involucrarme y asumir todos los riesgos que ello conllevaba. He asumido esos riesgos y he soportado todo lo que ha venido con ello, pero lo he soportado con alegría porque creo que, si puedo evitar que un solo niño sufra esta lesión, habrá merecido la pena. Dios dotó a estos niños de inteligencia. Dios les ha dado la capacidad de pensar, de leer, de razonar, de relacionarse con sus compañeros, de reír, de disfrutar de sus vidas… y estas empresas les están robando todo eso. Y eso es un delito peor que la agresión física; es maltrato infantil. No tenía más remedio que involucrarme en esta lucha, y voy a luchar hasta el final. No voy a dar marcha atrás. No voy a rendirme.

Voy a luchar por vosotros y voy a luchar por vuestros hijos. Necesito vuestro apoyo porque las fuerzas a las que me enfrento son fuerzas que han logrado socavar todas las instituciones fundamentales de nuestra democracia. Quienes se enfrentan a ellas acaban aplastados, pero yo sé cómo luchar contra ellas porque me he pasado toda la vida enfrentándome a peces gordos y matones, y eso es lo que son: matones codiciosos que se creen con todo el poder del mundo, que creen que pueden salirse con la suya en todo, incluso en destruir las vidas de nuestros hijos. Y no voy a permitir que lo hagan.

Voy a luchar hasta el último día de mi vida, con hasta la última gota de energía que me quede, para asegurarme de que se haga justicia para estos niños, para garantizar que podamos criar una generación sana de niños estadounidenses que no sufra esta epidemia de lesiones neurológicas y de otro tipo. Me aseguraré de que contemos con una ciencia sólida —una ciencia transparente— y con un organismo regulador firme e independiente de la industria a la que se supone que debe regular. Puede que nunca tengamos políticos honestos en este país —siempre estarán comprometidos por el dinero—, pero nos merecemos buenos organismos reguladores, nos merecemos una ciencia sólida y nos merecemos niños sanos. Por eso voy a luchar, y os prometo que nadie va a luchar más duro por esto, ni de forma más eficaz, que yo. Por favor, dadme vuestro apoyo. Lo necesito. Cada céntimo que me de lo destinaré a conseguir justicia para estos niños y a garantizar que tengamos una generación sana.