Para añadirlo a los favoritos:

Iniciar sesión o registrarse

Nueve conceptos sobre salud que los niños no aprenderán en el colegio

Por Marco Torres

En lo que respecta a la salud, los niños de hoy en día se guían por una ilusión de la realidad. Los profesores del sistema educativo tienen las mejores intenciones, pero, por desgracia, se rigen por un plan de estudios tan alejado de nuestro mundo natural que resulta casi imposible que los niños aprendan siquiera una mínima idea de cómo conseguir un cuerpo sano. Sin embargo, está surgiendo un nuevo paradigma de salud, y no pasa desapercibido. Es descarado, contundente y de gran alcance, con millones de seguidores bien organizados. No están de acuerdo con los transgénicos, las vacunas, el flúor en el agua ni las toxinas en los alimentos, y nadie puede demostrar que estén equivocados. Es necesario que más padres, profesores y líderes de la sociedad inculquen estas mismas ideas a nuestros hijos para informar a una generación completamente desinformada.

Ya han quedado atrás los tiempos en los que los niños desconocían los peligros del tabaco, el alcohol y la comida rápida. Esto está profundamente arraigado en nuestra cultura y en el propio sistema educativo. Los riesgos para la salud más relevantes a los que se enfrentan las generaciones futuras tienen un alcance mucho mayor y ya no se limitan a las amenazas evidentes del pasado. Están más relacionados con lo que los defensores del nuevo paradigma de la salud llevan años destacando. Es hora de prestar atención, chicos.

1. Vacunas

La nueva generación de niños no vacunados estará entre las más sanas del mundo, y se lo tendrán que agradecer a sus padres. La negativa de un número significativo de padres a vacunar a sus hijos ha dado lugar a una población de millones de personas en todo el mundo y ha planteado una serie de cuestiones importantes en materia de salud pública; concretamente, ¿por qué seguimos vacunando? A medida que estos niños vayan conociendo mejor los mitos y los peligros de la vacunación, promoverán una infancia más sana para las generaciones venideras.

2. Organismos modificados genéticamente (OMG)

Una investigación llevada a cabo en la Universidad de Missouri sugiere que la apariencia es el factor que motiva a los jóvenes en edad universitaria a cuidar de sí mismos. Cuando se trata del cuidado corporal de los adolescentes y los jóvenes adultos, la apariencia es mucho más importante para ellos que la salud. Solo un pequeño porcentaje de personas de este grupo de edad reconoce la relación entre los alimentos modificados genéticamente, la nutrición y la salud. Será necesaria una revolución educativa en la enseñanza primaria para garantizar que los niños comprendan que cientos de alimentos han sido modificados genéticamente para que su aspecto y sabor sean idénticos a los de su origen natural; hay que destacar que la información sobre los alimentos transgénicos ha sido ampliamente manipulada para distorsionar la verdad. La pseudociencia suele acaparar los titulares cuando se trata de alimentos ecológicos, y los niños necesitan orientación para comprender por qué los alimentos transgénicos, como los tomates y las manzanas, no son tan nutritivos como sus equivalentes ecológicos, y por qué suponen graves amenazas para la salud humana.

El 99 % de los cultivos transgénicos toleran o producen insecticidas, lo que también perjudica la salud de los niños. Quizá esta sea la razón por la que estamos asistiendo al síndrome de colapso de las colonias de abejas y a la muerte masiva de mariposas. Si los transgénicos están acabando con los polinizadores de la Tierra, su impacto es mucho más desastroso que la amenaza que suponen para las futuras generaciones de todos los seres humanos y otros mamíferos.

3. El flúor en el agua potable

Actualmente existen pruebas definitivas sobre los efectos nocivos del flúor ingerido. A medida que se permita el acceso a los colegios a un mayor número de dentistas biológicos, estos educarán más a los niños más pequeños sobre las razones exactas por las que inicialmente se añadió flúor al suministro de agua y por qué ahora es necesario eliminarlo, con el fin de desmontar el mito arraigado de que el flúor ingerido previene las caries.

4. Evitar la exposición a la luz solar

El peligro de la exposición a la luz solar es quizá uno de los mayores ejemplos de desinformación en los planes de estudios de primaria. Millones de niños están volviendo a aprender poco a poco que la luz solar no es nuestro enemigo. De hecho, el uso de protector solar provoca trastornos de salud mental y enfermedades graves. A pesar de nuestra presencia en la Tierra desde hace incontables milenios y del hecho de que las personas que viven más cerca del ecuador tienen la menor incidencia de cáncer de piel, siempre se señala al sol como el culpable. Es hora de enseñar de una vez por todas a los niños el creciente conjunto de pruebas que demuestran que impedir que los rayos solares lleguen a nuestra piel reduce drásticamente nuestros niveles de vitamina D, lo que provoca una mayor mortalidad, enfermedades graves, trastornos de salud mental y, irónicamente, cáncer.

5. Toxinas en la cadena alimentaria

Los aromas artificiales, los colorantes, los conservantes, los emulsionantes y los edulcorantes se elaboran con sustancias químicas tóxicas y están muy presentes en los alimentos dirigidos a los niños. Explicarles poco a poco cómo y por qué estas sustancias químicas tóxicas se han infiltrado en la cadena alimentaria les preparará mejor para los avances en nutrición y suplementación que permitan contrarrestar estos alimentos, que constituyen al menos el 70 % o más de la dieta estadounidense habitual.

6. Los peligros de la medicina convencional

La idea errónea más extendida entre el público sobre la medicina convencional y el sistema sanitario es que ayuda a los niños enfermos. Nada más lejos de la realidad, ya que la práctica de la medicina puede resultar extremadamente peligrosa para la salud de los niños. Son los médicos quienes recetan medicamentos peligrosos, vacunas, antibióticos y fármacos psicóticos debilitantes. Entre las prácticas cuestionables se incluyen la incisión, el envenenamiento y las quemaduras mediante cirugía, quimioterapia y radioterapia para tratar el cáncer. El uso de fármacos psiquiátricos para controlar los síntomas suele tener como consecuencia la alteración de otras funciones fisiológicas esenciales en los cuerpos jóvenes. Es obvio que hay que educar más a los niños sobre los inconvenientes de un sistema diseñado para mantenernos enfermos en lugar de hacernos sanos.

7. Toxicidad química en los productos de consumo

El BPA, el flúor, los parabenos, los ftalatos, el PFOA, la fibra de vidrio, la oxibenzona, el BHA y docenas de otras sustancias químicas conforman una larguísima lista de toxinas ambientales que afectan a todos los hogares. Si a esto le sumamos las iniciativas de geoingeniería que contaminan toda la atmósfera con toxinas, nos encontramos con un planeta tóxico, desde el suelo hasta el cielo. Los niños en fase de desarrollo corren un riesgo aún mayor que los adultos de sufrir daños por estas sustancias químicas. Los efectos tóxicos son de gran alcance y afectan a casi todos los sistemas del organismo, por lo que es imprescindible que los niños aprendan cómo debemos hacer que nuestra cultura sea más respetuosa con el medio ambiente, con productos de consumo que beneficien al planeta y a todos sus organismos en lugar de destruirlo.

8. Peligros de los residuos radiactivos

El problema de los residuos radiactivos sigue sin resolverse. Los residuos de la energía nuclear son extremadamente peligrosos y deben gestionarse con sumo cuidado durante varios miles de años (10 000 años, según las normas establecidas por la Agencia de Protección Medioambiental de EE. UU.). Los isótopos radiactivos, que se emiten desde todos los reactores nucleares del mundo, provocan enfermedades debilitantes y malformaciones que afectan al ADN de varias generaciones. Los residuos nucleares y las centrales nucleares clausuradas son un legado que pone en peligro la vida de, literalmente, cientos de generaciones futuras. Las generaciones futuras tendrán que hacer frente a los residuos peligrosos generados por sus antepasados, pero los niños nunca aprenden nada sobre esto en el colegio. Debemos educar a los niños sobre por qué es necesario prohibir la energía nuclear en todo el mundo. Los niños deben aprender cómo la crisis ecológica global exige cambios radicales en la forma en que utilizamos la energía, y por qué la energía libre es un imperativo absoluto para el futuro de la Tierra y de la humanidad.

9. La importancia de una sociedad con espíritu crítico

Más importante aún que todo lo anterior, los niños deben aprender que todas estas transformaciones pueden evolucionar en beneficio de la sociedad si fomentamos una sociedad de pensamiento libre. A las personas de pensamiento convencional les cuesta mucho desprenderse de la realidad percibida que se han construido para comprender el mundo, independientemente del daño que ello pueda causarles a ellos mismos o a los demás.

Ya no podemos culpar a los mecanismos de control de las instituciones ni a la cultura corporativa que dictan nuestro comportamiento día a día. En algún momento, debemos darnos cuenta de que cada persona es responsable de su propia conciencia, independientemente de lo que le hayan enseñado los demás. La verdadera educación te permite pensar, descubrir los principios de la vida y evaluar correctamente tus experiencias. Potencia tus puntos fuertes y te permite destacar en aquellos ámbitos que reflejan tu singularidad.

Solo entonces nuestras generaciones más jóvenes transformarán nuestro mundo en un lugar lleno de belleza, armonía y equilibrio. Y lo harán.