«Safe To Explode»: La verdadera razón por la que los niños rinden un 800 % peor cuando sus madres están en la sala
“Estuvieron muy bien conmigo todo el día, pero en cuanto te vieron, ¡se volvieron locos, Kate! ¡No lo entiendo!”. Mi marido suele decir esto a menudo.
El otro día leí un artículo divertido titulado “Estudio: los niños se portan un 800% peor cuando sus madres están en la habitación”. Me partí de risa al leer el título y enseguida me di cuenta de que era un estudio falso. A pesar de eso, ¡la idea es cierta! Los niños se portan, sin duda, un 800 % peor cuando están con sus madres. ¿Por qué?
Porque tú, mamá, eres su refugio. Eres la persona a la que pueden acudir con todos sus problemas. Si tú no puedes arreglar las cosas… bueno, ¿quién más podría hacerlo?
Tú, querida mamá, eres un triturador de sentimientos y emociones desagradables.
Si tu hija ha estado aguantándose todo el día en una situación desagradable, en cuanto te ve, sabe que por fin puede desahogarse.
Eso significa aguantar cualquier cosa: lloriqueos, llantos, sus necesidades, etc. Es lo último con lo que te apetece lidiar después de haber salido a pasarlo bien, o al llegar a casa, cansada, tras un día de trabajo. Pero eso es lo que nos toca a las madres: la expresión desinhibida de una descarga emocional sin filtros, que nos da de lleno en la cara en cuanto cruzamos la puerta a trompicones.
No es que hayas mimado demasiado a tus hijos si te reciben en la puerta con lloriqueos y gritos. ¡Ni mucho menos! No dejes que nadie te diga eso.
Más bien, has creado un espacio lo suficientemente seguro como para que tu hijo pueda permitirse ser él mismo.
Y, por cierto: es muy, muy importante que los niños se muestren naturales con sus sentimientos, sus emociones e incluso sus funciones corporales. Cuando crezcan, queremos que nuestros hijos tengan una inteligencia emocional y una conciencia corporal muy desarrolladas, ¿verdad?
Así que tómatelo como una buena señal.
Si tus hijos empiezan a hablar en lenguas, a llorar, a hacer caca y a aferrarse a ti en cuanto entras por la puerta, tómatelo como una señal de que te quieren. Solo quiero que sepas que te enviaré mucho cariño la próxima vez que pase. Porque sé —¡ay, cómo lo sé!— que nos saca de quicio a todos. Se lo guardan todo para ti.