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La quiropráctica aporta nuevas esperanzas

Por Alissa Kron

Tuve un embarazo complicado, un parto difícil y, después, un bebé que no dormía. Lincoln estaba siempre enfermo: otitis, infecciones de las vías respiratorias superiores… de todo. Justo antes de cumplir dos años, se rompió una pierna. Acabó padeciendo una infección ósea que fue difícil de tratar. Huelga decir que Lincoln tomó muchos antibióticos a una edad muy temprana.

Alrededor de los 6 años, Lincoln empezó a mostrar comportamientos más problemáticos. Tenía crisis emocionales; no hacía caso. Tenía que recordarle una y otra vez que hiciera las cosas. Le costaba leer y prestar atención en el colegio. Buscaba y buscaba una respuesta. Estaba segura de que tenía TDAH. Probamos con cambios en la dieta, aceites esenciales, sistemas de recompensas y horarios estructurados, pero no obteníamos muchos resultados. Lo llevé a un terapeuta, que le ayudó a gestionar sus emociones y a calmarse.

Finalmente, tras muchas dudas, lo llevamos a nuestra pediatra, que es maravillosa. Nos dio varias opciones y nos dijo que probáramos con medicación. No queríamos que Lincoln tomara medicación, pero lo estaba pasando muy mal, al igual que toda nuestra familia. Tras probar tres medicamentos diferentes, encontramos uno con el que podíamos vivir. Pero seguimos buscando nuevas formas de ayudarle.

Un terapeuta ocupacional evaluó a Lincoln y nos enteramos de que no necesitaba ningún tratamiento para los trastornos sensoriales. La medicación le estaba ayudando, pero no nos convencía que la tomara. Cuando un amigo publicó en Facebook un enlace a una sesión de Facebook Live titulada “La tormenta perfecta” —una presentación sobre la quiropráctica y los trastornos sensoriales, como el TDAH—, decidí verla. Me pareció que estaban hablando de nuestro hijo.

Yo era escéptica, pero decidí que no perdía nada por buscar un quiropráctico en nuestra zona. Así fue como encontramos a la Dra. Jennifer Thompson. Lincoln lleva ya unas ocho semanas recibiendo sesiones tres días a la semana. Al cabo de unas cinco o seis semanas de tratamiento, nos dimos cuenta de que, a veces, la concentración de Lincoln mejoraba un poco. Luego notamos que nuestra rutina matutina se hacía cada vez más fácil. Lincoln ya no tenía las crisis a las que nos habíamos acostumbrado.

La semana pasada decidimos suspender su medicación para el TDAH y, desde entonces, Lincoln está muy bien. Seguimos teniendo nuestros momentos, pero creo que se parecen más a los comportamientos típicos de un niño de 8 años. Estoy deseando ver cuáles serán los resultados a largo plazo. ¡Muchísimas gracias, Dra. Jen! Siento que le has dado esperanza a nuestra familia y que nos has devuelto a nuestro Lincoln.

Actualización: Ya hace un año que Lincoln empezó con la quiropráctica. Le hacen ajustes cada dos semanas y está muy bien. Sus crisis son muy escasas y parecen durar mucho menos. Lincoln dice que se siente mejor después de cada ajuste. Todos notamos cuando nos saltamos un ajuste y sabemos que es hora de ir a ver a la Dra. Jen.

A Lincoln le va muy bien en los estudios. A veces sigue teniendo algunos problemas para concentrarse y controlar sus impulsos, pero son manejables. Si en tu familia hay un niño con TDAH y estás buscando otra opción, dale una oportunidad a la quiropráctica. Estamos muy contentos con la atención que nos ha prestado la Dra. Jen. La quiropráctica ha supuesto un cambio radical para nuestra familia.