Imágenes guiadas para niños que sufren estrés
Al igual que los adultos, los niños pueden sufrir estrés en casa o en el colegio. El estrés puede manifestarse en forma de ansiedad, enfermedad o conductas poco constructivas. Las imágenes guiadas y la visualización pueden utilizarse para aliviar la tensión que experimentan los niños y generar resultados positivos.
Los médicos han confirmado que el estrés puede afectar a cualquier persona, incluso a los niños. Sentir cierto nivel de estrés es normal, pero cuando los factores estresantes superan la capacidad del niño para afrontarlos, el estrés puede manifestarse de otras formas, como cambios de humor, mal comportamiento, ira, alteraciones en los patrones de sueño y enuresis. Algunos niños experimentan efectos físicos, como nerviosismo, dolores de estómago, dolores de cabeza e infecciones. Otros tienen dificultades para concentrarse o para realizar las tareas escolares (Lingren, 1998; Rutherford, 2002). Herbert Lingren, un científico especializado en extensión familiar, verificó que los niños sometidos a estrés cambian su comportamiento y reaccionan haciendo cosas que se salen de lo habitual en su comportamiento. “Las reacciones ante el estrés varían en función de la etapa de desarrollo del niño, su capacidad para afrontarlo, la duración y la intensidad del estrés, así como el grado de apoyo que recibe de la familia y los amigos”. Los dos indicadores más frecuentes de que un niño está estresado son el cambio en el comportamiento y la regresión conductual (1998).
Los niños en edad preescolar pueden reaccionar ante el estrés mostrando irritabilidad, ansiedad, llanto incontrolable, temblores por miedo y problemas para comer o dormir. Los niños pequeños pueden recaer en comportamientos propios de la primera infancia, sentirse enfadados, tener miedo a estar solos, morder o mostrarse sensibles a los ruidos fuertes o repentinos. Pueden sentirse tristes, enfadados o agresivos. Los niños de primaria reaccionan ante el estrés quejándose, aislándose, sintiéndose poco queridos o preocupándose por el futuro. Las quejas de dolores de cabeza o de estómago, la pérdida de apetito y los problemas para dormir también son indicadores de estrés. Los preadolescentes y adolescentes pueden sentir enfado durante períodos de tiempo más prolongados, sentirse desilusionados, carecer de autoestima, rebelarse o adoptar conductas de alto riesgo, como el consumo de drogas o alcohol, el hurto en tiendas o el absentismo escolar (Lingren, 1998). Los niños pueden aprender estrategias de afrontamiento del estrés mediante la imaginería guiada y la visualización. La imaginación es una poderosa función mental que permite a las personas repasar el pasado, imaginar futuros posibles y hacer en su mente cosas que no pueden hacer en el mundo exterior. La imaginación es la fuente de la creatividad, la resolución de problemas y la planificación, y marca el rumbo en el mundo real, si se utiliza correctamente. Aristóteles la llamó “la ventana del alma”, ya que siempre representa la realidad interna. Einstein, ya en su vejez, afirmó: «La imaginación es más importante que el conocimiento» (Rossman, 2000). Se puede guiar a los niños a través de las imágenes y la imaginación para que cambien sus actitudes hacia sí mismos, desarrollen la confianza, controlen los comportamientos negativos y alcancen una sensación de bienestar.
Los niños con TDA/TDAH suelen encontrarse en un estado de estrés en el colegio. Se les pueden enseñar diversas estrategias en casa, en el colegio o en terapia privada para ayudarles a calmarse y relajarse. Los niños hiperactivos e impulsivos, en particular, son los que más se benefician del aprendizaje de técnicas que relajan su mente y su cuerpo. Pueden aprender a reconocer sus sentimientos internos y a liberar la tensión interior. Se ha demostrado que estas técnicas son eficaces para ayudar a las personas a reducir el ritmo y a mejorar la concentración y la conciencia. Estas técnicas también se han utilizado para dotar a los niños de una sensación de paz y autocontrol (Reif, 2002). Una de estas estrategias consiste en utilizar la imaginación y las afirmaciones diarias para ayudar a los niños a empezar el día.
Las imágenes guiadas y la visualización empoderan a los niños al ofrecerles una forma positiva de relacionarse con el mundo y consigo mismos. “Desde los niños en edad preescolar hasta los adolescentes, las imágenes guiadas pueden fomentar la confianza y la autoestima, además de ayudar a los niños a desarrollar sus propios recursos internos y a aprender a expresar sentimientos que, por lo general, no son capaces de verbalizar” (Reznick, 1994).
Las imágenes mentales y la visualización no solo son beneficiosas para gestionar y reducir el estrés, sino que también pueden agudizar la capacidad de concentración de los niños, fomentar su confianza en sí mismos y ayudarles a desarrollar la autodisciplina. Fomentan el flujo de su creatividad, les liberan de sus miedos, su ira y su tristeza, y permiten que brille su confianza en su yo interior y que sus mentes y sus corazones estén en sintonía.
Seis aplicaciones prácticas de la visualización guiada
Se puede enseñar a los niños a gestionar el estrés o a trabajar para alcanzar objetivos de bienestar mediante la visualización guiada. A continuación se enumeran seis aplicaciones prácticas de la visualización guiada.
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Ayuda a los niños a utilizar su imaginación para empezar el día. Pueden imaginar una situación estresante que pueda darse y cómo reaccionarían de forma positiva ante ella.
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Otra buena forma de empezar el día es hacer que los niños repitan afirmaciones diarias, no solo diciendo las afirmaciones, sino utilizando su imaginación para visualizarlas: “Hoy me siento bien. Mi cuerpo está sano. ¡Estoy estupendo!”.”
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Pide a los niños que recuerden o imaginen situaciones divertidas para aliviar el estrés, la ansiedad o el dolor. Las sustancias químicas que se liberan en el cuerpo al reír reducen el dolor y la tensión.
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La respiración consciente y controlada puede utilizarse junto con la visualización guiada para relajar los músculos y reducir el estrés. Los niños pueden aprender a respirar de forma consciente y profunda para relajarse y sentir cómo les sube y baja la barriga a medida que se relajan. Enséñales a inhalar profundamente por la nariz y a exhalar lentamente por la boca.
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Los niños de todas las edades pueden escuchar música instrumental suave o sonidos de la naturaleza e imaginar que están dando un paseo por un parque, un prado o cualquier lugar que les resulte tranquilo y seguro. Pueden escuchar a los pájaros, el murmullo de un arroyo, oler las flores o sentir la arena bajo sus pies mientras se relajan y disfrutan de ese lugar sereno y seguro.
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El establecimiento de objetivos es también un elemento importante de la imaginería guiada. Los objetivos son las imaginaciones más analíticas que uno crea y que son intencionadas o tienen un propósito. Los objetivos buenos, sólidos y positivos son imaginaciones productivas. Con los objetivos, un niño puede llevar una idea desde el concepto hasta su manifestación. Los objetivos son los peldaños a corto plazo para hacer realidad los sueños. Los niños pueden tener objetivos momentáneos, diarios, semanales, mensuales y anuales. A medida que los niños crean las imágenes de sus objetivos una y otra vez, estas se van asentando en el subconsciente, donde se desarrollan programas para transformar esas imágenes recurrentes en realidad.
Un ejemplo claro de cómo guiar a un niño mediante imágenes guiadas y visualización a la hora de fijar objetivos es preguntarle: «¿Dónde te ves dentro de cinco años?», «¿Qué quieres ser de mayor?». En respuesta a estas preguntas, los niños pueden imaginarse participando en un programa científico de la NASA o estudiando español en España. Pueden imaginarse de adultos ejerciendo una profesión que les permita tener una bonita casa, un buen coche y unos buenos ingresos.