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¿Por qué morían tantas mujeres durante el parto?

Por Sam McCulloch

No es raro oír a gente burlarse de los partos en casa, diciendo cosas como: “¡En los viejos tiempos, por eso morían tantas mujeres!”. Pero no conocen todos los detalles. A continuación, te explicamos cuatro razones principales por las que morían tantas mujeres durante el parto y poco después de dar a luz.

1. Cambios en la atención a la maternidad

Históricamente, el parto era un rito de paso que se celebraba en el hogar. En él participaban la parturienta, sus parientes femeninas y, por lo general, una comadrona. Las comadronas ofrecían consejos sobre cuidados prenatales y nutrición, preparando así a la embarazada para su papel de madre.

Durante el siglo XVIII, los comadronos (a menudo barberos-cirujanos) comenzaron a atender tanto partos anormales como normales y solían utilizar instrumentos para “facilitar el parto” o acortar la duración del mismo. Apenas se prestaba atención prenatal, salvo las dietas de ayuno y las sangrías, cuyo objetivo era garantizar un bebé pequeño y un parto fácil. En aquella época no se sabía que las condiciones sanitarias deficientes y la falta de higiene causaran problemas, lo que provocó más muertes que podrían haberse evitado.

2. Fiebre puerperal

Existían muchas teorías sobre la causa de la fiebre puerperal (o del puerperio), entre ellas el aire viciado, los vapores, el frío, la mala ventilación y las “tendencias pútridas”. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando un médico húngaro, el Dr. Ignaz Semmelweis, descubrió que, cuando los médicos realizaban autopsias y luego asistían en partos —sin lavarse las manos ni cambiarse de ropa—, las mujeres desarrollaban fiebre puerperal y morían.

El Dr. Semmelweis no recibió ningún reconocimiento por su descubrimiento. Los médicos se sintieron ofendidos por la acusación de que eran los responsables de provocar enfermedades y siguieron ejerciendo como siempre. La mortalidad por fiebre puerperal alcanzaba una media del 25 por ciento, llegando en ocasiones a cobrar la vida de más del 80 por ciento de las mujeres que daban a luz en los hospitales maternales, lo que suponía unas proporciones verdaderamente epidémicas.

Con el tiempo, las clínicas de maternidad comenzaron a aplicar unas normas estrictas de higiene, lo que se tradujo en una reducción inmediata de las muertes por fiebre puerperal.

3. Parto obstruido

En el siglo XVII, dar a luz tumbada se había convertido en la norma aceptada para proporcionar mayor comodidad y facilidad de acceso a los médicos, que se habían incorporado al negocio de los partos. Las mujeres con problemas pélvicos solían estar de parto durante muchas horas, incluso días. A menudo, los médicos prohibían a las mujeres beber o comer durante el parto, permitiéndoles únicamente pequeños sorbos de vino o licores; las parturientas acababan completamente agotadas.

Los métodos utilizados para tratar el parto obstruido antes de la invención de los fórceps se considerarían hoy en día una práctica bárbara. Los médicos utilizaban diversos artilugios (entre ellos, ganchos) para sacar a los bebés. Algunos médicos llegaban incluso a fracturar el hueso pélvico de la madre, lo que le causaba la muerte, pero salvaba la vida del bebé.

Las cesáreas se practicaban en contadas ocasiones y, si la madre sobrevivía a la intervención, era probable que falleciera posteriormente por pérdida de sangre o por una infección.

4. Hemorragia posparto (HPP)

Históricamente, una de las principales causas de mortalidad materna era la hemorragia excesiva tras el parto. Era algo que temían tanto las comadronas como los médicos. Poco se podía hacer para detener una hemorragia; el tratamiento habitual en aquella época consistía en rellenar el útero con trapos de lino empapados en vino u otros astringentes. Otros tratamientos incluían la aplicación de compresas calientes o la ingesta de tónicos a base de hierbas.

Las transfusiones de sangre humana y el uso del cornezuelo, un extracto de hongos, han allanado el camino hacia tratamientos más eficaces para las hemorragias posparto. Hoy en día, se sabe que la inducción del parto aumenta el riesgo de que se produzcan.

Este artículo fue publicado originalmente por bellybelly.com.au.