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Pesto de rúcula

Por Tia Ohm

¿A quién no le encanta el pesto? Hierbas, frutos secos y ajo, todo mezclado… ¿qué más se puede pedir? Sin embargo, este pesto es un poco diferente, como seguro que habrás deducido por el título. Aquí no hemos utilizado ninguna hierba. En su lugar, hemos usado lo que teníamos en la nevera: rúcula. ¡Vaya, qué delicia! Esta receta de pesto realmente puede competir con su alternativa más habitual a base de albahaca, ya que no tiene un sabor tan intenso. A veces, la albahaca puede resultar excesiva, demasiado aromática. La rúcula es un poco picante, pero no demasiado, y combina a la perfección con las nueces y los anacardos tostados. Añade un poco de ajo crudo, un chorrito de zumo de limón, un hilo de aceite de oliva y sal marina al gusto, y tendrás un potenciador del sabor muy equilibrado. Fíjate en que no he utilizado queso. Sí, es a propósito. Pronto descubrirás por qué. Tómalo para desayunar untado sobre un poco de huevos y aguacate y pronto se convertirá en tu nueva combinación favorita con huevos. Corta unas cuantas verduras y úsalas como salsa para mojar. Úntalo sobre un poco de pollo a la plancha. Cómelo con, seamos sinceros, prácticamente cualquier cosa, y te encantará el resultado. Ya basta, estoy divagando. Empecemos.

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¡Que lo disfrutes!

Lo que necesitarás

  • 1 bolsa de rúcula fresca (7 oz o 4 tazas sin apretar)
  • 4 dientes de ajo pequeños, o 2 grandes
  • 1/2 taza de frutos secos tostados (1/4 de taza de nueces, 1/4 de taza de anacardos)
  • 1/2 taza de aceite de oliva virgen extra
  • un chorrito de zumo de limón fresco
  • sal marina al gusto

Qué hacer:

  1. Empieza tostando los frutos secos en un horno precalentado a 350° durante unos 10 minutos o hasta que estén dorados y desprendan un aroma agradable. Déjalos enfriar.
  2. En un robot de cocina, tritura la rúcula. Añade los frutos secos tostados, los dientes de ajo, la sal marina y el zumo de limón, y tritura a pulsos hasta que quede todo bien mezclado.
  3. Mientras el robot de cocina está en marcha, ve añadiendo poco a poco el aceite de oliva hasta que se forme una pasta aceitosa. Úsala inmediatamente, guárdala en la nevera y consúmela en el plazo de una semana, o bien congélala en una bolsa con cierre hermético.

Rinde aproximadamente 1 taza y media