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La técnica Webster

Por Revista Pathways

La técnica Webster se ha convertido en un pilar fundamental de la atención quiropráctica durante el embarazo, y es conocida por su papel a la hora de optimizar la función fisiológica tanto de la madre como del bebé de cara al parto. Desarrollada por el Dr. Larry Webster, esta técnica se ha convertido en una herramienta esencial para los quiroprácticos y las familias a la hora de mejorar la función neurobiomecánica en las regiones sacra y pélvica. Al tratar la subluxación sacra y la disfunción de la articulación sacroilíaca (SI) mediante ajustes específicos, la técnica Webster contribuye a crear un entorno pélvico más equilibrado y funcional. De este modo, puede mitigar los factores que contribuyen a la distocia —un parto difícil o anómalo— y, en última instancia, favorecer partos más seguros y sin complicaciones. Su uso generalizado ha dado lugar a resultados notables para las madres de todo el mundo.

Los orígenes de la técnica Webster se remontan a una experiencia profundamente personal de la Dra. Webster, quien fue testigo de las secuelas de un parto traumático. Tras atender a un bebé que presentaba dos clavículas rotas tras un embarazo y un parto complicados e invasivos —que incluyeron una presentación podálica, una versión cefálica externa (VCE) y un parto traumático—, el Dr. Webster supo que tenía que existir una forma menos invasiva de facilitar el proceso del parto. Mientras reflexionaba sobre ello, concibió lo que con el tiempo se convertiría en la técnica Webster: un enfoque quiropráctico suave y no invasivo que se centra en alinear el sacro y liberar la tensión de los ligamentos pélvicos durante el embarazo. Este método favorece la biomecánica natural y favorece una función neurológica óptima, lo que permite que el proceso de parto se desarrolle sin interferencias innecesarias.

Al ayudar a preparar el cuerpo de la madre para un embarazo y un parto óptimos, los quiroprácticos que utilizan la técnica Webster desempeñan un papel fundamental a la hora de favorecer un proceso de parto más saludable y natural.

Un camino hacia partos más seguros

El Dr. Webster aplicó esta técnica inicialmente a mujeres embarazadas con bebés en posición podálica, y los resultados fueron transformadores: la mayoría de los bebés adoptaron de forma natural la posición óptima, con la cabeza hacia abajo, después de que la madre recibiera el ajuste. Inicialmente denominada “técnica Webster para la rotación podálica”, ganó popularidad rápidamente a medida que otros quiroprácticos replicaban su éxito. A medida que la técnica fue evolucionando, superó rápidamente la denominación de “técnica de giro de feto en posición podálica”, ampliándose hasta convertirse en un enfoque holístico que favorece la función neurobiomecánica general de las mujeres embarazadas.

El legado del Dr. Webster perdura gracias a la labor de la Asociación Internacional de Quiropráctica Pediátrica (ICPA), que formalizó el Programa de Certificación de la Técnica Webster en 2001. Dirigido por la esposa del Dr. Webster, Connie Webster, y la Dra. Jeanne Ohm, el programa hacía hincapié en el uso proactivo de la técnica a lo largo del embarazo para reducir las causas de la distocia y facilitar partos más sencillos. La Dra. Ohm, en particular, destacó la idea de que la aplicación constante de la técnica Webster durante todo el embarazo podía conducir a partos más seguros y menos estresantes.

Al ayudar a preparar el cuerpo de la madre para un embarazo y un parto óptimos, los quiroprácticos que utilizan la técnica Webster desempeñan un papel fundamental a la hora de fomentar un proceso de parto más saludable y natural. Un proceso de parto más seguro y menos traumático no solo mejora la experiencia positiva del parto, sino que también fomenta vínculos familiares más sólidos y una mayor resiliencia durante las primeras etapas de la vida. La visión del Dr. Webster sigue inspirando a familias de todo el mundo, transformando la forma en que abordamos y apoyamos el parto.

Comprensión práctica de la técnica Webster: un enfoque de dos niveles para mejorar el parto

La técnica Webster ha evolucionado desde un enfoque centrado en las presentaciones podálicas hasta convertirse en un método integral para mejorar la función neurobiomecánica a lo largo de todo el embarazo. En términos sencillos, ayuda tanto a la madre como al bebé a participar en la “danza del parto” con mayor facilidad, conciencia y armonía fisiológica.

Desde el punto de vista físico, la técnica Webster favorece la neurobiomecánica del cuerpo al optimizar el funcionamiento del sistema nervioso y equilibrar los huesos pélvicos, los músculos y los ligamentos uterinos. Este enfoque respeta la inteligencia innata del cuerpo, lo que permite que el parto se desarrolle de forma más fluida y natural.

En el plano emocional, la técnica Webster fomenta la confianza, la tranquilidad y la seguridad en uno mismo. Se anima a las familias a participar activamente en el proceso del parto, aprendiendo a afrontarlo con flexibilidad y con un mayor sentido de la coherencia.

Paso uno: Mejora de la neurobiomecánica

Una de las razones fundamentales por las que la técnica Webster ha ganado tanta popularidad es su enfoque holístico a la hora de abordar la distocia, es decir, el parto difícil o anómalo. Tal y como se describe en «Williams Obstetrics», la distocia puede deberse a tres factores principales relacionados con el cuerpo de la madre:

1. Energía

Esto se refiere a la intensidad y la eficacia de las contracciones uterinas. Las desalineaciones pélvicas, especialmente en el sacro, pueden afectar a la capacidad del sistema nervioso para coordinar contracciones fuertes y constantes. La técnica Webster corrige las subluxaciones sacras, lo que mejora la función nerviosa y potencia la capacidad de la madre para coordinar contracciones eficaces, favoreciendo así el desarrollo natural del parto.

2. Pasaje

La estructura de la pelvis debe dejar espacio suficiente para que el bebé se desplace durante el parto. Las desalineaciones sacras pueden reducir el tamaño de la salida pélvica, lo que crea obstáculos físicos para el descenso del bebé. Al restablecer la alineación y la movilidad adecuadas de la pelvis, la técnica Webster ayuda a aumentar el espacio en el canal del parto, lo que facilita el paso del bebé.

3. Pasajero

La posición del bebé en el útero depende de la alineación pélvica de la madre. Las desalineaciones pueden provocar tensión en los ligamentos uterinos, lo que limita los movimientos del bebé y da lugar a posiciones desfavorables, como la presentación podálica. La técnica Webster libera esta tensión, lo que proporciona al bebé más libertad de movimiento y, a menudo, favorece que adopte una posición con la cabeza hacia abajo para el parto.

Esta técnica sirve de punto de partida para que las familias participen de forma consciente en el proceso activo del parto, permitiéndoles “realizar la actividad” del parto en lugar de limitarse a vivirla de forma pasiva.

Al abordar los factores neurobiomecánicos que influyen en el parto, la técnica Webster crea las condiciones físicas necesarias para un parto más natural y eficaz.

Segundo paso: Fomentar la confianza y la capacidad de adaptación

La técnica Webster también fomenta la tranquilidad emocional, la confianza y la seguridad a medida que las familias se preparan para el parto. Este enfoque dota a los padres de herramientas prácticas para sintonizar con el proceso del parto a través de una conciencia corporal de los tres elementos clave: «Potencia», «Pasaje» y «Pasajero». Los ajustes regulares y el enfoque en la biomecánica natural contribuyen a una participación más hábil y activa en el parto.

Si bien los beneficios físicos de la técnica Webster ayudan a facilitar un parto más suave y natural, sus efectos emocionales y mentales son igualmente importantes. La técnica sirve de punto de partida para que las familias se impliquen de forma consciente en el proceso activo del parto, permitiéndoles “participar activamente” en el parto en lugar de limitarse a vivirlo de forma pasiva. Al desarrollar una conexión más profunda con el cuerpo, las familias pueden afrontar cada contracción con mayor conciencia, utilizando técnicas como la respiración consciente, la relajación y los movimientos centrados en el cuerpo para facilitar el proceso del parto.

Aunque el parto es un proceso natural que nos exige “dejar que las cosas sigan su curso” y permitir que la naturaleza actúe por sí misma, también es importante reconocer que participamos en él de forma consciente. Hay muchas cosas que podemos hacer de forma activa durante el parto. Incluso “dejarse llevar” puede considerarse un acto deliberado y consciente.

Este equilibrio entre los instintos naturales del cuerpo y nuestra participación consciente constituye la esencia de la “danza” del parto, y la técnica Webster ayuda a potenciar ambos aspectos. Apoya la función innata del cuerpo al tiempo que permite a las familias participar de forma consciente en el proceso del parto, creando así una relación armoniosa entre ambos.

Es fundamental reconocer que hay acciones que la madre o el equipo de apoyo pueden llevar a cabo y que pueden obstaculizar o potenciar el proceso fisiológico único de la madre y el bebé. La técnica Webster permite a las familias saber qué acciones están en consonancia con la sabiduría innata de su cuerpo, lo que facilita un enfoque más activo, informado y cooperativo del parto.

Gracias a esta comprensión práctica, las familias se preparan tanto física como emocionalmente para el parto. Esta preparación aporta varios beneficios fundamentales:

Experiencias de parto más positivas

Las familias se sienten más seguras y menos abrumadas, incluso cuando se enfrentan a dificultades inesperadas, lo que reduce la probabilidad de que se produzca un trauma de parto.

Profesionales tranquilos y seguros de sí mismos

Los profesionales del parto se sienten más tranquilos cuando ven que los padres participan activamente y están preparados, lo que hace que las intervenciones innecesarias parezcan aún más innecesarias.

Mayor integración emocional

Las madres, los bebés y los padres (o parejas) son menos propensos a experimentar sentimientos de impotencia o pérdida de control, y se mantienen conectados al proceso en lugar de desconectarse de él.

Una crianza más sólida

Esta sensación de empoderamiento se prolonga hasta el periodo posparto, en el que las familias reflexionan sobre la experiencia del parto con confianza y coherencia, en lugar de con confusión o remordimientos, lo que contribuye a un mejor comienzo para el bienestar familiar.

Lo que opinan las madres sobre la técnica Webster

El embarazo suele ser una mezcla de ilusión y retos. Para muchas madres, la técnica Webster les ha proporcionado no solo alivio físico, sino también tranquilidad emocional durante esta etapa transformadora. Al tratarse de un método natural y no invasivo, la técnica Webster empodera a las mujeres ayudándolas a disfrutar de un embarazo más equilibrado y cómodo, lo que, en última instancia, conduce a experiencias de parto más seguras y positivas.

Una madre, al reflexionar sobre su embarazo de alto riesgo, compartió su sensación de alivio tras descubrir la técnica Webster: “Como madre que se enfrenta a un embarazo de alto riesgo, la noticia de una complicación más solo te deja con más preguntas e inquietudes… Pero la técnica Webster me proporcionó una forma de favorecer la posición óptima de mi bebé, y sentí una sensación de control y tranquilidad que no había tenido antes”. Para las madres que se enfrentan a la posibilidad de intervenciones como una cesárea debido a una presentación anómala, la técnica Webster ha ofrecido un enfoque proactivo para facilitar mejores resultados.

Otra madre se hizo eco de estos sentimientos, destacando los beneficios físicos que experimentó: “Antes de empezar a acudir a mi quiropráctico, apenas podía caminar y tenía muchísimos dolores. Al final de mi embarazo, no solo podía caminar sin dolor, ¡sino que me sentía de maravilla! Además, sé que la atención quiropráctica habitual contribuyó a que tuviera un parto rápido y sin complicaciones. No me imagino pasar por el embarazo y el parto sin la atención quiropráctica”. Su testimonio subraya cómo la técnica Webster no solo alivia las molestias, sino que también favorece el desarrollo natural del parto, lo que da lugar a partos más tranquilos y menos estresantes.

La técnica Webster me permitió ayudar a mi bebé a colocarse en la posición óptima, y sentí una sensación de control y tranquilidad que nunca antes había experimentado.

Para muchas mujeres, la decisión de acudir a un quiropráctico no se limita a tratar los problemas que surgen en las últimas etapas del embarazo, sino que consiste en sentar las bases para un embarazo saludable y equilibrado desde el principio. Una madre comentó: “La técnica Webster debería ser la primera opción lógica para las madres y los profesionales del parto a la hora de facilitar el funcionamiento normal durante todo el embarazo”. Al comenzar el tratamiento de forma temprana, estas madres se aseguran de que sus cuerpos estén mejor preparados para las exigencias del embarazo y el parto, lo que reduce la probabilidad de complicaciones y la necesidad de intervenciones médicas.

Los beneficios de la técnica Webster van más allá de lo físico. Una madre señaló de forma conmovedora cómo la técnica le proporcionó consuelo emocional y mental en un momento de incertidumbre:

“Cuando supe que mi bebé venía de nalgas, me sentí asustada y abrumada. Pero tras someterme a la técnica Webster, sentí un enorme alivio, no solo físico, sino también emocional. Era como si mi cuerpo y mi bebé estuvieran por fin en sintonía, colaborando para lograr un parto seguro y natural”.”

Para las madres que han recurrido a la técnica Webster, la experiencia suele suponer un cambio transformador en sus partos. Les permite tomar las riendas de su embarazo, armonizando sus cuerpos con los procesos naturales del parto y fomentando una conexión más profunda con su bebé. Gracias a los ajustes suaves y precisos de la técnica Webster, estas madres no solo encuentran alivio de las molestias, sino también la confianza y la tranquilidad que les proporciona saber que están haciendo todo lo posible para garantizar un parto seguro y saludable para su bebé.

Antes de la era de las intervenciones médicas modernas, las mujeres confiaban instintivamente en sus cuerpos, dejando que el proceso natural del parto se desarrollara sin miedo ni interferencias.

Tu sabiduría interior

Uno de los valores únicos de la técnica Webster —y del propio parto— es aprender a confiar en tu sabiduría interior. Este conocimiento interior, al que a menudo se hace referencia como “corazonada” o “intuición”, es algo que todos poseemos. Nos susurra en los momentos de incertidumbre y nos guía cuando nos tomamos el tiempo para escuchar. El grado de conexión que establecemos con esta sabiduría suele depender de las experiencias vitales que nos han moldeado, ya que estas pueden abrirnos o cerrarnos a su voz.

Durante siglos, las mujeres han recurrido a esta sabiduría intuitiva, sobre todo durante el embarazo y el parto, para tomar decisiones que favorecieran su salud y bienestar. Antes de la era de las intervenciones médicas modernas, las mujeres confiaban instintivamente en sus cuerpos, permitiendo que el proceso natural del parto se desarrollara sin miedo ni interferencias. Elegían las posturas de parto que les resultaban más cómodas, se movían con libertad durante el parto y contaban con el apoyo de quienes las acompañaban. El parto se consideraba un proceso que seguía su propio ritmo y, tras el parto, la madre y el bebé establecían inmediatamente un vínculo, lo que favorecía una rápida recuperación y la creación de vínculos sólidos y afectuosos.

Sin embargo, en la sociedad tecnológicamente avanzada de hoy en día, este enfoque ha sido sustituido por una experiencia de parto más clínica y controlada. Las intervenciones médicas, aunque a veces son necesarias, suelen restringir los procesos naturales, lo que genera miedo y desconexión. A las mujeres se las coloca en posiciones que van en contra de su fisiología y biomecánica únicas, se les administran medicamentos que alteran los ritmos naturales del cuerpo y se les somete a intervenciones que frenan el avance del parto. Esta desviación de lo natural puede hacer que las mujeres se sientan impotentes y desconectadas de sus cuerpos, lo que aumenta tanto el estrés físico como el emocional.

Confiar en la capacidad de tu cuerpo para dar a luz es esencial para restablecer este equilibrio. Los quiroprácticos que utilizan la técnica Webster comprenden la importancia de esta confianza. Al apoyar el sistema nervioso y alinear el cuerpo, ayudan a las mujeres a reconectar con su inteligencia fisiológica innata, favoreciendo un proceso de parto que respeta tanto la sabiduría innata de la madre como la del bebé, así como su capacidad inherente para afrontar activamente este acontecimiento que transforma la vida.

La Dra. Jeanne Ohm, una destacada defensora de la quiropráctica durante el embarazo, habló sobre esa guía profunda e intuitiva que las madres perciben durante el parto. Señaló: “Todas la oímos. Nos susurra en momentos de necesidad, de miedo o incluso de paz. Pero nos habla”. Esta voz interior —la que guía a las mujeres a través de la experiencia transformadora del parto— se hace más fuerte cuando las mujeres aprenden a confiar en su cuerpo y a trabajar con él. La quiropráctica, al optimizar la alineación de la pelvis y el funcionamiento del sistema nervioso, ayuda a allanar el camino para que afloren esta sabiduría interior. Profundiza la conexión de la madre con su cuerpo y con su bebé. A medida que se sintoniza con esta sabiduría interior y aprende a participar activamente en su experiencia de parto —ya sea a través de ejercicios de respiración, movimiento o relajación consciente—, descubre una mayor sensación de confianza y empoderamiento.

Recuperar la confianza en el proceso del parto consiste en restablecer la conexión con la capacidad innata del cuerpo para dar a luz. Esta profunda confianza permite que el parto se desarrolle tal y como debe ser: de forma natural, con fuerza y en sintonía con la intuición de la madre.

Confiar en lo innato y en la danza del nacimiento

La confianza suele surgir sin esfuerzo cuando todo sale según lo previsto. Sin embargo, cuando la realidad se aleja de nuestras expectativas, es ahí donde se ponen a prueba nuestra verdadera fortaleza y nuestras habilidades. Un principio fundamental de la quiropráctica es confiar en la «inteligencia innata» del cuerpo, es decir, la sabiduría inherente al organismo. Este modelo nos enseña que el éxito no se mide únicamente por si un resultado se ajusta a nuestros planes, sino por cómo afrontamos e integramos toda la experiencia, especialmente cuando nos enfrentamos a lo inesperado.

Una madre, que había recibido tratamiento quiropráctico durante todo su embarazo, tenía previsto dar a luz a su primer hijo en un centro de partos. Cuando su embarazo se prolongó más allá de las 41 semanas y su tensión arterial comenzó a subir, ella y su equipo de parto decidieron que la inducción del parto en el hospital era la opción más segura. Al principio, dudó en ponerse en contacto con su quiropráctico, por miedo a que la juzgaran por no optar por la opción “más natural”. Sin embargo, cuando finalmente le llamó, recibió una acogida cálida y todo el apoyo por haber seguido su voz interior y haber hecho lo que era mejor para ella.

Su quiropráctica le recordó las estrategias para el parto que habían comentado: técnicas de respiración, el apoyo físico de su pareja y, lo más importante, confiar en la “danza del parto” y valorar cada paso único del proceso. Animada, la madre decidió dar a luz sin medicación para el dolor y dio a luz con éxito a una niña sana. Después, llamó a su quiropráctico y le dijo: «Tu voz estuvo en mi mente todo el tiempo, y supe que podía hacerlo». Su historia es un testimonio del poder de preparar no solo el cuerpo, sino también la mente, dotándose de las habilidades necesarias para afrontar e integrar lo que el parto pueda deparar, incluso si ello incluye una inducción hospitalaria inesperada.

Otra madre, que se enfrentaba a un reto diferente, había planeado un parto natural. Sin embargo, su bebé permaneció en posición podálica durante la mayor parte del embarazo. Confiando en su intuición y en la sabiduría de su cuerpo, decidió no someterse a una versión cefálica externa (VCE) y optó por una cesárea electiva. Tras el parto, se descubrió que el bebé tenía un cordón umbilical corto que se le había enrollado tres veces alrededor del cuello, lo que tal vez confirmaba que la posición podálica era, efectivamente, la más segura para su bebé.

Esta madre expresó una inmensa gratitud por haber confiado en sus instintos y por su quiropráctico, quien reforzó su convicción de “no forzar un resultado”, sabiendo que su decisión de no someterse a una maniobra de versión cefálica externa (ECV) podría haber evitado complicaciones potencialmente devastadoras para el bebé. Tanto ella como su bebé recibieron ajustes quiroprácticos poco después del parto y consideraron que esto contribuyó a su rápida recuperación y al éxito temprano en su labor como madre. Aunque su experiencia distó mucho de lo que había planeado inicialmente, el resultado fue satisfactorio porque se sintió en control y empoderada, respetando la inteligencia de la posición podálica de su bebé y confiando en su propia intuición.

En otro caso, una madre había planeado dar a luz en el hospital, pero su bebé se mantenía en posición podálica debido a un exceso de tejido cicatricial procedente de una cirugía pélvica previa al embarazo, lo que impedía que el bebé se moviera con normalidad. Tras dos semanas de recibir la técnica Webster cada dos días, el bebé aún no se había movido, lo que indicaba que la presentación podálica era la ideal para ella. De forma espontánea, entró en trabajo de parto y llegó al hospital cuando ya se encontraba en una fase avanzada del parto. El médico de guardia la evaluó y, al ver su progreso y su confianza, le dijo: “Se nota que tu cuerpo es capaz de hacerlo; vamos a dar a luz a este bebé por vía vaginal”. La madre contó que el parto de su bebé en posición podálica fue más fácil que sus dos partos anteriores, en los que el bebé venía con la cabeza hacia abajo. Esta extraordinaria experiencia no solo le proporcionó una sensación de logro, sino que también sorprendió al personal del hospital, muchos de cuyos miembros presenciaban por primera vez un parto natural de nalgas.

Estas historias ilustran una verdad fundamental: aunque no podemos planificar cada detalle de nuestro parto, sin duda podemos prepararnos para adaptarnos mejor a lo que venga. Con el apoyo de la quiropráctica, la técnica Webster y una conciencia experta de la actividad del parto, los padres pueden confiar en sí mismos para afrontar lo inesperado con seguridad y celebrar su danza única del parto. Este enfoque permite a las familias integrar sus experiencias con confianza, conexión y apoyo, manteniendo un vínculo con la Inteligencia Innata de la vida, independientemente de cómo se desarrolle el proceso.

Un nuevo modelo de bienestar familiar

La técnica Webster y los quiroprácticos altamente cualificados que se centran en la atención familiar representan algo más que un simple enfoque para aliviar el embarazo y el parto: introducen un nuevo modelo de bienestar familiar, basado en el reconocimiento de que la salud de los niños comienza durante el embarazo. Los principios que guían la atención durante el embarazo —respetar la sabiduría innata del cuerpo y alinearse con la función fisiológica ideal— siguen siendo los mismos que rigen la atención durante el periodo neonatal.

En este modelo, el bienestar del bebé se basa en nuestro respeto y apoyo a su fisiología normal. Los quiroprácticos saben que el proceso del parto puede ejercer una gran tensión sobre la columna vertebral y el sistema nervioso del recién nacido. EIncluso en los partos naturales, en los que se ejerce menos presión externa, el proceso puede provocar desalineaciones que pueden interferir en las funciones vitales y en el desarrollo. Un traumatismo temprano del sistema nervioso puede derivar en problemas comunes como cólicos, dificultades para mamar, trastornos del sueño o enfermedades crónicas.

En los primeros días y semanas tras el nacimiento, y de hecho durante el resto de la vida, la salud del sistema nervioso permite al recién nacido adaptarse a su nuevo entorno. La atención quiropráctica suave, segura y eficaz, proporcionada por quiroprácticos cualificados, ofrece al recién nacido una inteligencia adaptativa optimizada al mejorar las vías de comunicación entre el cerebro y el cuerpo. Los ajustes quiroprácticos suaves favorecen directamente las funciones vitales del bebé, como la digestión, la respiración y la eliminación, al tiempo que promueven su regulación emocional y su capacidad general para integrarse y adaptarse al estrés de la vida.

La quiropráctica favorece no solo la salud física desde una edad temprana, sino también el vínculo afectivo, creando un entorno de bienestar que se extiende mucho más allá de los primeros días de vida. A medida que los bebés crecen y aprenden a mantener la cabeza erguida, a sentarse, a gatear y a caminar, las revisiones quiroprácticas periódicas garantizan que la alineación de su columna vertebral se mantenga equilibrada, lo que asegura el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Al cuidar esta etapa temprana de la vida, la quiropráctica sienta las bases para un desarrollo saludable durante toda la vida.

Las familias que eligen este camino suelen destacar los beneficios que aporta al crecimiento y desarrollo de sus hijos. A menudo atribuyen a un “estilo de vida familiar basado en el bienestar quiropráctico” el haberles devuelto la confianza en el bienestar de sus hijos. En muchos sentidos, esto refleja el objetivo más elevado de la atención quiropráctica para los bebés: unos lazos familiares más fuertes, inspirados en la confianza en la inteligencia innata de la vida.

Un futuro más prometedor

El Modelo Webster del Parto nos anima a considerar el parto no solo como un acontecimiento fisiológico, sino como una experiencia transformadora que puede afrontarse con elegancia, coherencia y confianza. El legado del Dr. Larry Webster y la Dra. Jeanne Ohm se basa en su enfoque visionario del bienestar familiar, que comienza con el embarazo y el parto. Su trabajo ha demostrado que, al adaptarnos a la fisiología normal del cuerpo y apoyar al sistema nervioso, podemos reducir el trauma del parto, mejorar la salud de los recién nacidos y empoderar a las familias.

Este modelo Webster de parto reconoce la inteligencia innata tanto de la madre como del bebé, y ofrece un apoyo suave y no invasivo que permite a las familias confiar en los procesos fisiológicos del cuerpo. Los quiroprácticos especializados en el método Webster no solo apoyan al cuerpo, sino que también ayudan a las familias a reconectar con su sabiduría interior: esa voz guía que fomenta la confianza y la seguridad a lo largo del viaje del embarazo, el parto y la crianza. Al sintonizar con esta voz interior, las madres pueden afrontar la vida con claridad y determinación, fortalecer el vínculo familiar y fomentar la resiliencia para afrontar los múltiples caminos de la vida.

A medida que más familias adoptan el estilo de vida familiar basado en la quiropráctica, contribuyen a una visión más amplia del bienestar, una visión que tiene el potencial de sanar no solo a las familias, sino a comunidades enteras. Es esta poderosa idea la que impulsa la misión de la ICPA y la técnica Webster: La quiropráctica hoy, para un mundo mejor mañana.