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La verdad cruda: sentido común sobre la leche cruda, según un ganadero especializado en leche cruda

Por Edwin Shank

Antes de hablar de cómo mi familia y mi comunidad se benefician de la leche cruda, permíteme decirte que lo que hacemos nosotros y lo que haces tú pueden ser dos cosas diferentes. En última instancia, eres tú quien debe tomar todas las decisiones relacionadas con la salud y la alimentación, tanto para ti como para tu familia.

Nuestra trayectoria

Mi familia y yo somos menonitas, similares a los amish en algunos aspectos. Nuestras comunidades se han dedicado históricamente a la agricultura, sobre todo a la ganadería lechera. Casi todos los miembros de nuestra congregación local, de más de 200 personas, han crecido bebiendo leche cruda. Las madres la beben todos los días, incluso durante el embarazo. Mi madre lo hacía, y mis dos abuelas también. Mi mujer la bebió durante sus seis embarazos. Amamantó a todos los niños, pero estoy seguro de que, en algún momento durante los primeros seis meses más o menos, también tomaban un poco de leche cruda de vaca… y cuando les destetaron, entre los 12 y los 15 meses, pasaron directamente a la leche cruda de vaca.

Nuestra familia es muy típica dentro de nuestra comunidad, y la costumbre en nuestras iglesias sigue siendo la misma hoy en día. El número de ganaderos lecheros va disminuyendo con el paso de los años, pero casi todo el mundo sigue comprando la leche cruda a su padre, a un hermano, a un tío o incluso a un vecino. Nuestra congregación es solo una de las aproximadamente mil que hay repartidas por todo el país. Vayas donde vayas, el patrón se repite. Incluso tengo una hermana en Guatemala y, efectivamente, allí también compran la leche cruda al ganadero lechero, que es también el pastor de su congregación.

Lo que quiero decir es que, a pesar de todo el revuelo que se ha montado en el ámbito médico, en mis 40 años nunca he oído hablar ni de un solo problema relacionado con un embarazo, ni de ninguna otra enfermedad entre nuestra gente, que se debiera a la leche cruda. ¿Es eso científico? No. ¿Acaso los testimonios anecdóticos prueban algo? No. Pero creo que se puede ver que no le tenemos ningún miedo. A lo largo de los años he conocido a muchos amigos y conocidos que han resultado heridos o han fallecido en accidentes de tráfico, y aun así seguimos conduciendo, porque las ventajas y la comodidad del transporte en coche superan con creces los riesgos. En cuanto a la leche cruda, no tengo constancia de ninguna enfermedad ni muerte entre nuestra gente, y los beneficios de una mayor inmunidad y vitalidad son tan evidentes que consideramos que beberla es una obviedad.

Ahora bien, dicho todo esto, tendrás que tomar tus propias decisiones por el bien de tu familia. La respuesta políticamente correcta a la pregunta de si deberías o no optar por beber leche cruda es: lee la advertencia que el gobierno nos obliga a incluir en la etiqueta de nuestras botellas de leche y, a continuación, toma tu decisión.

El único problema que tengo con la advertencia es que constituye una forma de discriminación. Esta advertencia debería figurar en todos los alimentos. Cualquier alimento puede contener un agente patógeno que pueda provocar enfermedades o la muerte. Piénsalo:

  1. En otoño de 2006 se procedió a la retirada del mercado de espinacas debido a la presencia de E. coli.

  2. En Massachusetts, en 1983, 49 personas enfermaron y 14 fallecieron a causa de la listeria presente en la leche pasteurizada. (Para consultar la lista completa de todas las muertes y casos de enfermedad provocados por el consumo de leche pasteurizada, visita tinyurl.com/pasteurdanger.)

  3. La carne picada se retira del mercado constantemente.

  4. Un brote de salmonelosis provocado por la mantequilla de cacahuete en 2009 provocó nueve fallecimientos y 714 casos de enfermedad.

Conclusión

Una inmunidad a toda prueba es nuestra única protección contra los patógenos de nuestro entorno. Y no conseguimos una inmunidad a toda prueba a través de alimentos estériles. Necesitamos los probióticos y prebióticos de la leche cruda y el kéfir (una bebida láctea fermentada) para protegernos. Cuanto más estéril es nuestra vida, más débil se vuelve nuestro sistema inmunitario… ¡hasta el punto de que incluso la mantequilla de cacahuete nos está matando!

Tengo un sueño. Sueño con que algún día la enorme y aterradora advertencia del Gobierno que nos hemos visto obligados a incluir en cada botella de nuestra maravillosa leche cruda aparezca en todos los alimentos de las estanterías… la leche pasteurizada, la mantequilla de cacahuete, las espinacas y todos los alimentos, porque es una realidad ineludible. Todos los alimentos, cualquier alimento, pueden contener un patógeno. Cuando esta advertencia figure en todos los alimentos, solo entonces habrá igualdad de condiciones. Solo entonces los burócratas, los abogados y los que tienen fobia a las bacterias se verán sacados de su falsa sensación de seguridad y se darán cuenta de que solo hay una forma de derrotar a los patógenos, y es desarrollar una inmunidad a prueba de balas contra ellos.

¡Viva la leche cruda ecológica de vacas alimentadas con pasto, y el kéfir elaborado con ella! ¡Y viva quienes los consumen!