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Una pausa cargada de significado

El embarazo es, sin duda, una etapa de grandes cambios físicos en la vida de una mujer, pero tómate tu tiempo para valorar también el proceso emocional que conlleva.

El embarazo es una etapa transformadora en la vida de una mujer, que conlleva profundos cambios físicos, mentales y emocionales. La mente y el cuerpo trabajan juntos para formar un organismo inteligente en el que cada parte influye en el conjunto. El embarazo es el momento ideal para evaluar la calidad del diálogo que mantienes contigo misma y, si es posible, mejorarlo.

El cerebro tiene dos partes que controlan las emociones y los sentimientos: el sistema límbico (al que a menudo se denomina «la sede de las emociones») y la corteza prefrontal (que regula nuestros sentimientos). Las emociones se transmiten al cuerpo a través del sistema nervioso, que utiliza neurotransmisores para liberar sustancias químicas que provocan cambios fisiológicos positivos o negativos.

Cuando estamos estresados o ansiosos, por ejemplo, nuestro sistema nervioso estimula determinados órganos y glándulas para que produzcan sustancias químicas que ponen a nuestro cuerpo en un estado de alerta. Aunque esto es adecuado en ciertas situaciones, la mayoría de las veces se trata simplemente de una respuesta condicionada derivada del estrés o la ansiedad. Si se prolonga durante un tiempo, esta liberación de sustancias químicas puede resultar perjudicial para nuestra salud. El miedo, la tensión y la ansiedad afectan a los músculos, tendones y ligamentos, y pueden provocar subluxaciones (desalineaciones) en la columna vertebral, lo que a su vez afecta a nuestros sistemas nervioso e inmunológico. Estas sustancias químicas también pueden atravesar la barrera placentaria y tener un efecto directo sobre el feto en desarrollo.

Por lo tanto, las mujeres embarazadas no solo deben cuidar de sí mismas físicamente, sino también mentalmente. Aunque los sentimientos desagradables forman parte natural de la vida, es recomendable mantener la tranquilidad mental siempre que sea posible durante el embarazo.

Por supuesto, esto es más fácil de decir que de hacer. Algunas mujeres se sienten muy mal durante el primer trimestre, lo que, si los síntomas continúan a lo largo del embarazo, puede provocar un gran cansancio físico y mental. Otras mujeres tienen más dificultades para lidiar con las emociones abrumadoras que puede generar el embarazo. Las futuras madres pueden sentirse abrumadas por los importantes cambios corporales: pechos más grandes, barriga prominente y aumento de peso general. Lejos de experimentar el ‘resplandor radiante’ del embarazo, estos cambios pueden hacer que las mujeres se sientan grotescas e infelices.

Sean cuales sean tus sentimientos respecto al embarazo, es importante que los respetes. Reconoce y expresa tus emociones negativas y, a continuación, contrarresta esos pensamientos con visualizaciones positivas. Al hacerlo, enriquecerás no solo tu experiencia del parto, sino también tus demás relaciones.

Liberarse de la negatividad

A simple vista, parece que todas las mujeres embarazadas viven una experiencia similar. Sin embargo, en el fondo, cada una de nosotras lleva consigo referencias concretas de nuestro pasado que conforman nuestra propia realidad. Algunas de estas referencias pueden resultar más traumáticas de lo que esperamos. Afronta tu malestar, si te sientes segura para hacerlo, y busca de dónde provienen esas emociones.

Respira hondo e intenta relajarte. Puede que te sientas preocupado por tu capacidad para ser padre o madre, pero recuerda que nada en la vida ocurre por casualidad. Te sorprenderá todo el apoyo del que podrás disponer si decides afrontar la vida con una actitud positiva y generosa.

Cuando estaba embarazada de nuestro primer hijo, intenté encontrar mujeres que tuvieran experiencias positivas del parto que contarme. Esas mujeres eran muy pocas. Con el paso de los años, tras haber hablado con cientos de mujeres, me he dado cuenta de que no es tanto que sus partos fueran horribles, sino que las palabras que utilizaban para describirlos eran más bien un grito que pedía reconocimiento. Dar a luz es un trabajo duro, y es muchísimo más difícil si no se cuenta con el apoyo adecuado.

Antes del parto, siéntate con tu acompañante durante el parto, un amigo cercano o un familiar, y poned por escrito las características de vuestro parto ideal. Anotad también vuestros miedos y preocupaciones, para que podáis comentarlos con vuestra comadrona. Dedica un tiempo a hablar también de las preocupaciones de tu pareja y aclara qué papel le gustaría desempeñar durante el parto.

Es importante reconocer las referencias —vuestras experiencias previas, expectativas y prejuicios— que ambos tenéis en torno al parto. Hablad sobre cuál podría ser el origen de estos pensamientos y si respaldan vuestras decisiones actuales sobre el parto. ¿Qué medidas debéis tomar para cambiar vuestra perspectiva, si fuera necesario? ¿Con quién podéis hablar de ello? ¿Qué podéis leer al respecto?

Visualización positiva

La visualización es una herramienta extremadamente poderosa que te ayuda a acceder tanto a tu mente consciente como a tu subconsciente. En todos los aspectos de nuestra vida, nos movemos en la dirección de nuestros pensamientos más dominantes. La repetición de esta visualización positiva brinda a tu mente la oportunidad de confiar en esos pensamientos y creer en ellos.

Para mí, la hora del baño era una oportunidad maravillosa para visualizar cada uno de nuestros partos. Visualizaba el parto con gran detalle: cómo comenzaría el trabajo de parto, cómo me sentiría y quién estaría presente. Después pensaba en la segunda y tercera etapas: imaginaba cómo sería mi bebé e imaginaba a nuestros primeros visitantes. Cada noche repasaba en mi mente esas mismas imágenes positivas.

La visualización también puede revelar aquellas áreas en las que sientes resistencia o miedo. Mientras imaginas la situación del parto, fíjate en cualquier cosa que te provoque sentimientos negativos. Tómate tu tiempo para explorar estos sentimientos con más detalle. Pregúntate por qué podrías tener miedo de algo y qué podrías hacer para sentirte más apoyada o segura.

La visualización puede resultar aún más eficaz cuando la guía un profesional, como un kinesiólogo. Dado que nuestro subconsciente suele ocultar la verdad para protegernos de nuestros miedos más profundos, a veces una persona de confianza que sepa trabajar con nuestros patrones energéticos puede ayudarnos a liberar bloqueos de los que quizá ni siquiera seamos conscientes.

Atención quiropráctica

Cada pensamiento que pasa por nuestra mente tiene una consecuencia química, del mismo modo que las sustancias químicas que circulan por el cuerpo influyen en nuestros pensamientos. Esta relación simbiótica se ve facilitada por nuestro sistema nervioso, que transmite mensajes desde el cerebro al cuerpo y viceversa.

La disfunción nerviosa en el organismo puede ser consecuencia de múltiples factores estresantes, entre los que se incluyen los traumatismos físicos (algunos de ellos tan antiguos como el propio nacimiento), la exposición a contaminantes, las toxinas químicas presentes en el organismo, una alimentación inadecuada, etcétera. Es posible que no seamos conscientes de esta disfunción nerviosa. Puede manifestarse como un ruido molesto de fondo en nuestras vidas, que afecta sutilmente a nuestra vitalidad y bienestar, y altera nuestro estado de ánimo y nuestra percepción. Si no se trata, puede derivar en dolencias o enfermedades.

La quiropráctica es una forma excelente de fomentar el equilibrio entre el cuerpo y la mente y de mejorar de forma natural nuestro estado de ánimo. La corrección de las desalineaciones de la columna vertebral provoca la liberación de sustancias químicas como la dopamina y ciertas endorfinas, lo que aumenta nuestra sensación de bienestar.

Los estudios demuestran que las personas que reciben tratamiento quiropráctico se ven menos afectadas por el estrés, tienen más energía, piensan con mayor claridad y disfrutan de una mejor calidad de vida.

Además de la quiropráctica, existen muchas otras opciones de atención sanitaria para apoyar y cuidar tu embarazo. Dedicar tiempo a descubrir estas maravillosas prácticas holísticas es una forma de centrar tu atención en las necesidades de tu bebé y de tu cuerpo.

Céntrate en tu bebé

Tu bebé necesita tanta atención por tu parte durante el primer trimestre como durante el último. Por desgracia, a pesar de las innumerables sensaciones que experimentamos durante el embarazo, muchas de nosotras no nos permitimos ‘sentirnos’ realmente embarazadas hasta alrededor de la semana 36. La mayoría tenemos tantos compromisos laborales y sociales que descuidamos el cuidado personal hasta esas últimas semanas. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con el estudio intensivo para un examen, no podemos concentrar los buenos pensamientos para nuestro bebé en las últimas semanas del embarazo.

Durante el embarazo, tómate tu tiempo para estar tranquila y conectar con tu bebé. Deja que tu vida se ralentice. Piensa en actividades que podrías dejar de hacer —o que podrías añadir a tu día a día— y que te den tiempo para sentarte y tomar conciencia de tus pensamientos y sentimientos. Aprovecha este tiempo para hablar con tu bebé y conectar de verdad con él o ella.

Cuando decides ser consciente de los acontecimientos mágicos que tienen lugar en tu cuerpo, el embarazo puede convertirse, sin duda, en una experiencia que te cambia la vida. Tus pensamientos y sentimientos desempeñan un papel fundamental a la hora de dar forma a esta experiencia, y la salud de tu mente es tan importante como la de tu cuerpo. Tu bebé es receptivo a todos tus pensamientos, tanto positivos como negativos. El tiempo que dediques a calmar tu mente y a afrontar tus miedos te preparará para el viaje de la maternidad que tienes por delante.