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Transformar la ira

Por Scott Noelle

Entre las personas que aman la paz, la ira tiene mala fama. Esto se debe a que la ira suele estar presente cuando se comete un acto de violencia.

Pero la ira es una forma de energía que también puede canalizarse de forma constructiva. Esa era la intención de la naturaleza.

La ira surge de forma natural cada vez que percibes una pérdida de libertad o de poder personal. Su función es darte energía para que recuperes tu estado natural de empoderamiento.

Si te enfadas por algún comportamiento de tu hijo y, a continuación, le regañas, le castigas o le gritas, lo único que estás haciendo es canalizar mal la energía de la ira.

Recuerda: la ira está ahí para animarte, no para menospreciar a tu hijo (ni a ti mismo). Está ahí para ayudarte a liberarte de los pensamientos que te restan poder y a reconectar con tu poder auténtico.

La transformación de la ira comienza con la aceptación. Cuando te resistes a la ira, esta persiste, se intensifica hasta convertirse en furia o degenera en depresión.

Aceptar la ira no significa tolerar la violencia. La necesidad imperiosa de expresar la ira de forma violenta es una consecuencia de nuestra cultura “dominadora”, en la que se confunde la fuerza con el poder auténtico.

Esa compulsión puede reducirse considerablemente si dejas de identificarte con tu ira, lo cual puedes conseguir observándola o “presenciándola”.

Respira hondo y localiza la sensación de ira en tu cuerpo. Utiliza tu intuición para percibir sus matices más sutiles. ¿Puedes sentir sus “bordes”? ¿Cuál es su “forma”, “color”, “temperatura”, “peso”, etc.?

Deja a un lado, por ahora, cualquier idea sobre lo que está bien o mal. Limítate a observar la sensación física y mantén la atención en ella.

Tú no eres la ira. Eres el Testigo que observa la ira. Déjate llevar por la curiosidad y el deseo de descubrir lo que la ira puede revelarte. Ella quiere que recuerdes quién eres realmente.

Una vez que hayas hecho las paces con tu enfado, podrás aprovechar su energía y utilizarla de forma creativa.

Recuerda que la ira siempre surge de una sensación de falta de poder. ¡Esto debe de ser una percepción errónea, porque quien realmente eres es verdaderamente poderoso!

Así que, para volver a conectar con tu poder auténtico, el truco consiste en dirigir la ira hacia esa percepción errónea. ¡Déjate llevar por la rabia de que esta MENTIRA se haya colado en tu mente! ¡Es un invitado grosero, insoportable y no deseado!

Lo más importante: cambia tus pensamientos lo más rápido que puedas, pasando de sentir enfado por la percepción errónea a estar decidido a percibir la Verdad superior. Por ejemplo:

“¡Maldita sea! ¡Estoy harta de creer que el comportamiento de un niño puede cerrar mi corazón! ¡Mi corazón y el amor infinito que lo llena son tan ENORMES que nada puede detenerlos! Nada, salvo mi propia creencia, claro está, ¡pero ya NO ME LO TRAGO! ¡SOY poderosa!! ¡PUEDO elegir en qué centrarme!! ¡Y ESTOY DECIDIDA a elegir pensamientos que abran mi corazón!!!”

¡En este punto de tu proceso de reflexión, puedes divertirte de verdad con tu energía de ira canalizada! Por ejemplo:

“De todas formas, todo esto es una mierda, porque en el fondo sé que mi hijo/a está haciendo lo mejor que puede con lo que tiene, y la verdadera razón por la que estoy cabreada es porque me imagino cómo reaccionarían mis padres ante ese comportamiento… ¡Como si fuera asunto suyo, joder! ¡Me importa un comino lo que piensen mis padres, los vecinos o la ’sociedad‘ sobre mis decisiones! ¡SOY LIBRE DE SER EL TIPO DE PADRE O MADRE QUE QUIERA SER!!!’

Por supuesto, tu forma de pensar variará en función de la situación. La estrategia general consiste en transformar tu enfado en una determinación apasionada por conectar con tu fuerza interior y tu libertad.

El empoderamiento auténtico se siente MUCHO mejor que la satisfacción superficial que da el cumplimiento forzado. Y, una vez que tu corazón vuelva a estar abierto, ¡te lloverán todo tipo de soluciones creativas!