Lo que los bebés realmente necesitan
Al pensar en el nacimiento de un nuevo bebé, los padres se preguntan qué es exactamente lo que tendrán que comprar; al fin y al cabo, hay muchísimos artículos nuevos para padres en el mercado. Sin embargo, uno de los obstáculos que pueden interponerse entre nosotros y una experiencia plena de la maternidad o la paternidad son las cosas materiales. En nuestra cultura abundan las cosas materiales, sobre todo en lo que se refiere a bebés y niños.
A medida que se pone de manifiesto la importancia del apego y el vínculo afectivo, los fabricantes se apresuran a seguir el ritmo. Los publicistas y los empresarios se benefician del mercado que existe entre los padres que buscan lo mejor para sus hijos. Crean productos que, según afirman, facilitan la labor de criar a los hijos y contribuyen a la intimidad. Estos productos —biberones, chupetes, cunas, tronas y columpios, peluches y “mantitas”— no suelen ser más que sustitutos precarios e insatisfactorios de lo auténtico.
Los anuncios —”Con la forma de unos pezones de verdad”, “Igual que los latidos del corazón de mamá”, “Suaves como tu caricia”— juegan con la idea de que tú y tu bebé podríais estar igual de bien, o incluso mejor, con estos sustitutos. Hace muy poco vi un anuncio de una manta que retiene el olor de la madre en sus fibras especiales, para que el bebé pueda oler el aroma de su madre y se sienta menos aislado cuando se queda solo. ¡Qué sustituto tan lamentable de la sensación real de estar en brazos amorosos y respirar el cálido aroma de otro ser vivo!.
A todos los fabricantes de “sustitutos maternos”, e incluso a muchos médicos, les interesa económicamente que las mujeres no asuman plenamente su poder como madres y cuidadoras óptimas de sus hijos. Sin embargo, cada vez más mujeres (y padres en general) están haciendo precisamente eso. Las madres están redescubriendo la lactancia materna al evitar los biberones. Los padres están dejando de lado las cunas y se están sumando a los millones de personas de todo el mundo que practican el colecho en la cama familiar. Están aprendiendo que, cuando se lleva a los bebés en brazos, en lugar de pasar el día en contenedores de plástico para bebés, se reduce el llanto y se desarrolla un fuerte vínculo de afecto y confianza. Están aprendiendo a escuchar a sus hijos y a su propio corazón, y a confiar en lo que descubren allí.
Hasta hace muy poco, nadie había cuestionado la necesidad de los pañales. Sin embargo, los pañales pueden convertirse, tanto en sentido figurado como literal, en una barrera entre la madre y el niño. Los gigantes de los pañales desechables compiten por crear el producto más fino, más seco y más cómodo: aquel que más se parezca a no llevar ningún pañal. Prescindir de los pañales es un concepto que no quieren ni plantearse.
Sin embargo, poco a poco, cada vez son más los padres que empiezan a planteárselo. Están descubriendo que pueden mantener a sus bebés limpios y secos sin necesidad de recurrir a los pañales. Están recuperando el control y reforzando ese vínculo tan preciado e íntimo con el bebé y consigo mismos.
No existe ningún sustituto adecuado para el contacto con la madre al comienzo de la vida humana. Ella es esencial y fundamental para el bienestar óptimo de su bebé y, sin embargo, en nuestra cultura se la infravalora en gran medida. Sustituirla por otra cosa o por otra persona no solo interfiere en la capacidad del bebé para crear vínculos afectivos, sino también en la capacidad de la madre para estar presente para su bebé. Los padres y otros miembros de la familia y la comunidad también desempeñan, por supuesto, un papel vital, proporcionando un sólido sistema de apoyo tanto para la madre como para el bebé.
Respetar y fomentar el vínculo entre la madre y el bebé requiere, en nuestra cultura, un compromiso valiente y compasivo. Nuestras condiciones económicas, políticas y sociales ofrecen un apoyo escaso, e incluso condenan, a las familias que deciden atender las necesidades primarias de sus miembros más vulnerables.
Sin embargo, las soluciones no residen en sustituir a la madre por sustitutos insatisfactorios, sino en compartir información, apoyo y ánimo, y en redescubrir la comunidad. Residen en elegir y vivir conscientemente aquellas prácticas que fortalecen el vínculo afectivo y nos acercan a nuestros hijos. Requieren valorar a las personas por encima de las cosas y las relaciones por encima de los productos o los resultados. Nos piden que estemos atentos a las necesidades de nuestros bebés en el momento presente y que confiemos en la conveniencia y la sostenibilidad del panorama general.
Hay algunas cosas que pueden hacer que cuidar de un bebé resulte más fácil y placentero: un buen portabebés, unos cuantos libros bien elegidos y que te sirvan de apoyo, mantas suaves y ropa cómoda de algodón. Pero solo hay una cosa que tu bebé realmente necesita: a ti. Solo hay una cosa que hacer: estar plenamente presente. El mejor regalo que puedes hacerle a tu hijo eres tú mismo: tu cuerpo, tu aceptación, tu capacidad de respuesta, tu tiempo y tu energía. Nada podría ser más sencillo ni más desafiante, más vulnerable ni más empoderador. Nada podría ser más liberador, ni más beneficioso para la salud y la vida.