Un punto de inflexión
La gratitud puede cambiar la vida de los jóvenes. Te presentamos a Jeffrey Froh, doctor en Psicología, que está investigando sus maravillosos efectos.
¿Recuerdas lo emocionante que era, de niño, encontrarte en el parque con alguien a quien le gustaran las mismas cosas que a ti? Esa es la sensación que tuve cuando conocí al Dr. Jeffrey Froh, Psy.D., profesor adjunto de la Universidad de Hofstra, que dirige un laboratorio de investigación dedicado exclusivamente al estudio de los efectos de la gratitud en los jóvenes.
Como coach de estilo de vida holístico y autora de *De la gratitud a la felicidad: un viaje hacia la salud y la felicidad*, también he elegido la gratitud como eje central de mi trabajo, sobre todo la salud y la felicidad que se obtienen cuando uno cultiva esta emoción en su vida cotidiana. Así que podéis imaginar mi emoción cuando descubrí a otra persona que comparte mi pasión por este maravilloso don.
Tuve el placer de conocer al Dr. Froh, ponente principal de la Conferencia de Psicología de Long Island de 2012, y tuvo la amabilidad de dedicarme un rato. Espero que esta entrevista os permita descubrir lo maravillosa que puede ser la gratitud en la vida de vuestros hijos y, con suerte, también en la vuestra.
¿Qué fue lo que te inspiró inicialmente a centrar tu trabajo en la gratitud entre los jóvenes?
Hubo una época en la que trabajaba como psicólogo escolar y tuve un alumno con el que, por casualidad, conecté de verdad. Provenía de una familia con muy pocos recursos y tenía que viajar en autobús durante una hora y media para llegar al colegio. Este pobre chico tenía que levantarse a las 5 de la mañana, y solo tenía 10 u 11 años. Le esperaba un día muy largo y duro. Era invierno y no tenía abrigo.
Un día, lo vi de pie en el pasillo con una chaqueta deportiva que le quedaba grande. El barrio en el que trabajaba era muy acomodado, donde todo el mundo llevaba las últimas tendencias. Para un niño de 10 años, llevar una chaqueta deportiva, y encima una que le quedaba grande, no estaba de moda. Sin embargo, ese niño estaba allí de pie en el pasillo y sonreía de oreja a oreja. Y me dijo: “¡Dr. Froh, Dr. Froh! ¡Mira esto!”. Así que le pregunté: “¿Qué pasa?”, y él respondió: “La señora [Fulana] me ha regalado esta chaqueta. ¿A que mola?”. Estaba tan agradecido por aquella chaqueta deportiva de un anciano, que su profesora había conseguido para él a través de su iglesia.
Y ahí estaba. Había tanta gente paseándose con ropa de marca que empecé a preguntarme si se sentían agradecidos por todos los recursos que tenían.
Para mí, ese fue un momento muy importante. Me pareció que lo que le estaba pasando a ese alumno era genial.
Hice una búsqueda bibliográfica sobre la gratitud para ver qué se estaba haciendo en este ámbito y me topé con un artículo clásico de Robert Emmons y Michael McCullough publicado en 2003. En resumen, realizaron un trabajo que reunía varios estudios sobre una intervención basada en «contar las bendiciones», en la que los participantes llevaban un diario de gratitud, ya fuera a diario o semanalmente, y los efectos que observaron fueron absolutamente espectaculares.
La razón por la que esto tuvo tanta repercusión fue que era la primera vez que se disponía de pruebas experimentales que demostraban que llevar un diario de [gratitud] era beneficioso, mientras que antes solo eran las abuelas y las profesoras de infantil las que nos decían que era algo bueno.
Cuando leí eso, me dije: “Bueno, este alumno, con el que acababa de tener un encuentro, parecía bastante agradecido y bastante feliz, a pesar de que sus circunstancias eran malas. Y tenemos algunos indicios, en el ámbito de los adultos, de que llevar a cabo una intervención podría hacer que la gente fuera más feliz, así que voy a ver si alguien está haciendo algo con los niños”. Descubrí que nadie estaba haciendo nada con los niños.
Así que me puse en contacto con Bob Emmons. Nos conocimos y llevamos a cabo la primera actividad [de gratitud] con los niños, y desde entonces ha sido maravilloso.
¿Qué formas crees que hay para que los niños empiecen a utilizar la gratitud para enriquecer sus vidas?
Esto también guarda relación con lo que pueden hacer los padres. Alex Wood, uno de los principales investigadores en el campo de la gratitud, planteó una pregunta fantástica: “¿Por qué las personas agradecidas se sienten agradecidas?”. La respuesta fue que piensan de forma diferente cuando reciben un beneficio.
Concretamente, cuando alguien tiene un detalle contigo, piensas en tres cosas:
Piensa en lo deliberado que fue ese gesto amable y hasta qué punto se desvivieron por hacerlo.
Entonces te paras a pensar en cuánto le cuesta a esa persona, no solo en dinero, sino también en tiempo, energía y otros recursos.
Y luego, por último, piensas en el beneficio que te reporta ese gesto amable, ese regalo, etc.
Cuanto más tengas en cuenta estos aspectos (coste, intención y beneficio) al recibir algo bueno, más agradecido te sentirás.
En cuanto a lo que pueden hacer los niños, pueden empezar a valorar lo bueno que hay en su vida con este tipo de pensamientos.
En el caso de los más pequeños, esto es algo en lo que un adulto tendrá que guiarlos. Nosotros ya lo hemos hecho con nuestro hijo. Tiene cinco años y medio. Si un amigo le ayuda con los deberes, le decimos: “Vaya, ha sido muy amable por parte de Ryan ayudarte. Entendemos que Ryan ha dejado de montar en bici para ayudarte, y sabemos que eso es algo muy importante para él”. Así que, básicamente, le estás explicando el coste sin decir: “Este es el coste”. Se trata de un concepto muy, muy importante, y es en lo que hemos basado nuestro estudio actual. También lo hemos utilizado para crear un plan de estudios que realmente enseña a los niños a pensar con gratitud.
¿Cómo refuerzas estos conceptos en el día a día?
Creo que, al principio, es necesario que los adultos intervengan de alguna manera. Cuanto mayor sea el niño, antes podrás dar un paso atrás y esperar a que las cosas sigan su curso natural.
A nuestro hijo le haré ver cosas tan sencillas como la belleza de la naturaleza, la puesta de sol o el cambio de color de las hojas. Le enseñaré a estar agradecido por la vida misma y por todo lo que se nos da cada día. Y ahora lo hace por sí mismo. Se acerca a mí y me dice: “Oye, papá, mira esta flor, ¿a que es preciosa?”.”
Dar ejemplo de lo que significa ser una persona agradecida también es fundamental. Hay que preguntarse: “Si funciona con otros comportamientos positivos y también con los negativos, ¿por qué no iba a funcionar en este caso?”. Y la respuesta es que sí funciona. Creo que esto es algo de lo que los padres deberían ser un poco más conscientes.
¿Cuáles son algunos de los obstáculos a los que pueden enfrentarse los niños a la hora de mostrar gratitud?
Hay varios. En primer lugar, las distracciones a las que se enfrentan los jóvenes. Llevan puestos sus iPods mientras envían mensajes, caminan o juegan. Tienen tantas cosas entre manos que no se detienen a pensar en las cosas. Lo cual nos lleva a otro obstáculo: la falta de reflexión y la incapacidad para asimilar las cosas buenas que les están pasando.
Por eso, casi todas las noches, cuando acuesto a mi hijo, le pregunto: “Dime las tres cosas mejores del día”, porque, aunque él no se pare a pensar en ello, así le ayudo a reflexionar sobre las cosas buenas.
Otro gran obstáculo es el materialismo. Los valores que defiende el materialismo —concretamente, la fama, la riqueza y la imagen— van en contra de los valores que tendría una persona agradecida, es decir, la competencia, la autonomía y la conexión con los demás. Lo que observamos es que, cuanto más materialistas son las personas —tanto niños como adultos—, menos agradecidas son. Por eso creemos que se trata de un obstáculo muy, muy grande.
Es una de las principales razones por las que la gente se siente insatisfecha con su vida: porque no se toma el tiempo para echar la vista atrás y decir: “He conseguido esto” o “Esto ha pasado, y está bien”. Me encanta esta reflexión, y creo que es algo realmente bonito en lo que centrarse con los niños.
Esto tiene que ver con actuar de forma consciente, en lugar de de forma irreflexiva, cuando hacemos las cosas. Ser consciente del momento presente es absolutamente imprescindible para sentir gratitud. Es absolutamente fundamental.
¿Por qué crees que es importante que los niños expresen su gratitud? ¿Cuáles son los beneficios reales?
En nuestra investigación hemos descubierto que los niños que sienten gratitud suelen ser mucho más felices que aquellos que no la sienten tanto. Están mucho más satisfechos con sus vidas, suelen tener un comportamiento más prosocial y suelen afirmar que su vida tiene más sentido.
También presentan mejores notas medias. Reflejan relaciones mucho mejores, más sólidas y más solidarias. Asimismo, muestran una mayor implicación en la comunidad y un deseo genuino de utilizar sus puntos fuertes para mejorar sus barrios, lo cual, por supuesto, también es fantástico. Además, presentan menos comportamientos delictivos, lo que significa que son menos propensos a copiar en los exámenes, faltar a clase o haber sido suspendidos o expulsados. Y la lista sigue y sigue.
Nos está dejando alucinados todo lo que estamos descubriendo sobre las cosas con las que está relacionada la gratitud.