El secreto está en los sentimientos
El mundo, y todo lo que hay en él, es la conciencia condicionada del hombre objetivada.
La conciencia es tanto la causa como la esencia del mundo entero. Por eso, debemos recurrir a la conciencia si queremos descubrir el secreto de la creación. El conocimiento de la ley de la conciencia y del método para ponerla en práctica te permitirá lograr todo lo que desees en la vida.
Si cuentas con un conocimiento práctico de esta ley, podrás construir y mantener un mundo ideal. La conciencia es la única realidad, no en sentido figurado, sino en la práctica. Para mayor claridad, esta realidad puede compararse con un río que se divide en dos partes: el consciente y el subconsciente. Para aplicar de forma inteligente la ley de la conciencia, es necesario comprender la relación entre el consciente y el subconsciente.
La mente consciente es personal y selectiva; el subconsciente es impersonal y no selectivo. La mente consciente es el ámbito del efecto; el subconsciente es el ámbito de la causa. Estos dos aspectos son las divisiones masculina y femenina de la conciencia. La mente consciente es masculina; el subconsciente es femenino.
El consciente genera ideas y las graba en el subconsciente; el subconsciente recibe ideas y les da forma y expresión.
Mediante esta ley —concebir primero una idea y, a continuación, imprimirla en el subconsciente—, todas las cosas surgen de la conciencia; y sin esta secuencia, no hay nada creado que sea creado.
La mente consciente imprime en el subconsciente, mientras que el subconsciente expresa todo aquello que se le ha impreso. El subconsciente no genera ideas, sino que acepta como verdaderas aquellas que la mente consciente considera tales y, de una forma que solo él conoce, las materializa.
Por lo tanto, gracias a su capacidad para imaginar y sentir, y a su libertad para elegir la idea que va a albergar, el ser humano tiene control sobre la creación. El control del subconsciente se logra mediante el control de tus ideas y sentimientos. El mecanismo de la creación se esconde en lo más profundo del subconsciente, el aspecto femenino o útero de la creación.
El subconsciente trasciende la razón y es independiente de la inducción. Contempla un sentimiento como un hecho que existe en sí mismo y, partiendo de esta premisa, procede a expresarlo. El proceso creativo comienza con una idea, y su ciclo se desarrolla como un sentimiento y culmina en una voluntad de actuar.
Ninguna idea puede calar en el subconsciente hasta que se siente, pero una vez que se siente —ya sea buena, mala o indiferente—, debe expresarse.
El sentimiento es el único medio a través del cual las ideas se transmiten al subconsciente.
Por lo tanto, quien no controle sus sentimientos puede imprimir fácilmente en el subconsciente estados indeseables. El “control de los sentimientos” no significa refrenarlos ni reprimirlos, sino más bien disciplinarse para imaginar y albergar únicamente aquellos sentimientos que contribuyan a tu felicidad.
Control Tus sentimientos son fundamentales para llevar una vida plena y feliz.
Nunca des cabida a un sentimiento indeseable, ni pienses con simpatía en lo incorrecto, sea cual sea su forma. No te obsesiones con tus imperfecciones ni con las de los demás. Hacerlo equivale a grabar esas limitaciones en el subconsciente. Lo que no quieras que te hagan a ti, no sientas que te lo hacen a ti ni a otra persona. Esta es la ley fundamental de una vida plena y feliz. Todo lo demás son meros comentarios.
Cada sentimiento deja una huella en el subconsciente y, a menos que sea contrarrestado por un sentimiento más intenso de naturaleza opuesta, debe expresarse.
De los dos sentimientos, el que se expresa es el predominante.
“Estoy sano” es un sentimiento más fuerte que “estaré sano”. Sentir que «estaré» es confesar que «no estoy»; «estoy» es más fuerte que «no estoy». Lo que sientes que eres siempre prevalece sobre lo que sientes que te gustaría ser; por lo tanto, para que se haga realidad, el deseo debe sentirse como un estado que es, en lugar de un estado que no es.
La sensación precede a la manifestación y es la base sobre la que se asienta toda manifestación. Presta atención a tus estados de ánimo y sentimientos, pues existe una conexión ininterrumpida entre tus sentimientos y tu mundo visible. Tu cuerpo es un filtro emocional y lleva las huellas inconfundibles de tus emociones predominantes.
Los trastornos emocionales, sobre todo las emociones reprimidas, son los las causas de todas las enfermedades. Sentir intensamente una injusticia sin expresar ese sentimiento es el comienzo de la enfermedad —el malestar— tanto en el cuerpo como en el entorno. No te dejes llevar por el sentimiento de arrepentimiento o de fracaso, pues la frustración o el distanciamiento de tu objetivo dan lugar a la enfermedad.
Piensa con intensidad únicamente en el estado que deseas alcanzar. Sentir la realidad del estado al que se aspira, y vivir y actuar según esa convicción, es el camino hacia todos los aparentes milagros. Todos los cambios en la forma de expresarse se producen a través de un cambio en los sentimientos. Un cambio en los sentimientos es un cambio en el destino. Toda la creación tiene lugar en el ámbito del subconsciente. Lo que debes adquirir, pues, es un control reflexivo del funcionamiento del subconsciente; es decir, el control de tus ideas y sentimientos.
Ni el azar ni el accidente son los responsables de lo que te sucede, ni tampoco el destino predeterminado es el artífice de tu suerte o tu desgracia. Tus impresiones subconscientes determinan las condiciones de tu mundo. El subconsciente no es selectivo; es impersonal y no hace distinciones entre las personas. Al subconsciente no le importa si lo que sientes es verdad o mentira. Siempre acepta como verdad aquello que tú sientes que es verdad.
El sentimiento es la aceptación por parte del subconsciente de la verdad de aquello que se afirma que es cierto.
Debido a esta cualidad del subconsciente, no hay nada imposible para el ser humano. Todo lo que la mente del ser humano pueda concebir y sentir como verdadero, el subconsciente puede y debe materializarlo. Tus sentimientos crean el patrón a partir del cual se forma tu mundo, y un cambio de sentimiento es un cambio de patrón.
El subconsciente nunca deja de expresar aquello que se le ha inculcado. En el momento en que recibe una impresión, comienza a buscar la forma de expresarla. Acepta el sentimiento que se le ha inculcado —tu sentimiento— como un hecho que existe en su interior, y de inmediato se dispone a producir en el mundo exterior u objetivo la imagen exacta de ese sentimiento.
El subconsciente nunca modifica las creencias aceptadas por el ser humano. Las plasma hasta el último detalle, sean o no beneficiosas.
Para grabar en el subconsciente ese estado deseado, debes imaginar la sensación que tendrías si ya hubieras hecho realidad tu deseo.