El Círculo del Embarazo: Prepararse para la maternidad, respiración a respiración
¿Cómo sería la transición a la maternidad si se animara a las mujeres a desarrollar su propia fortaleza interior a lo largo del embarazo? ¿Y si una mujer supiera que ya tiene sus propias respuestas y que lo único que tiene que hacer es confiar en su intuición? ¿En qué se diferenciaría la transición a la maternidad si creáramos unos cimientos sólidos en nuestro interior antes de que nacieran nuestros bebés?
¿Dónde queda en nuestra cultura el lado emocional e intuitivo de la preparación para el parto y la maternidad? Hace unos años, tuve la idea de crear un grupo de mujeres que ayudara a prepararlas desde el inicio del embarazo hasta el parto. Sería un espacio para compartir experiencias con otras mujeres embarazadas, al tiempo que se hacían amigas y se creaba una red de apoyo. El embarazo es un periodo en el que las mujeres experimentan las mayores transformaciones de sus vidas. Estos cambios emocionales y físicos ofrecen a las mujeres maravillosas oportunidades para conocerse a sí mismas y crecer.
La paz que falta
Durante todo mi primer embarazo, no dejaba de sentir que me faltaba algo en mi preparación para ser madre. Hice un curso de preparación al parto, fui a clases de yoga y compré los libros. Entrevisté a médicos y comadronas, y les hice las preguntas “adecuadas” sobre las episiotomías y las tasas de cesáreas. Compré mi fular portabebés, pinté la habitación del bebé e hice mis ejercicios de Kegel. Pero faltaba algo. Era como si hubiera algo más profundo, tirándome con fuerza de la manga, que necesitaba ser tenido en cuenta.
Recuerdo haber sentido la enorme importancia de convertirme en madre. No dejaba de cuestionar mi propia capacidad para tener y cuidar de este hijo. Pensar en el dolor del parto y en la posibilidad de pasar noches sin dormir me hacía dudar de mi propia fuerza y resistencia. También me preguntaba por la solidez de mi relación con mi marido. ¿Qué tipo de pareja sería una vez que fuera madre? ¿A quién podría acudir para hablar de la pena que me producía dejar atrás mi antigua vida y de la alegría de dar la bienvenida a la nueva? ¿Habría otras mujeres que se sintieran como yo? ¿Por qué no conseguía encontrar ningún curso o grupo que abordara los aspectos más profundos de todo esto? Tenía que haber algo ahí fuera que pudiera ayudarme a prepararme aquí dentro, a un nivel más profundo. Quería encontrar a otras mujeres a las puertas de la maternidad que también quisieran profundizar y explorarse a sí mismas. Me sentía como una ardilla, correteando antes del invierno, recopilando información como si fueran nueces que guardaría en mi árbol hueco. Pero, ¿y si mi árbol no estuviera hueco, sino ya rebosante, desbordado de más sabiduría de la que jamás podría imaginar?
Podía sentir cómo cambiaba mi mundo interior. Físicamente, estaba experimentando una enorme metamorfosis, y emocional y espiritualmente también sentía que mi vida empezaba a dar un giro. Un cambio drástico en la vida suele ir acompañado de miedo y sentimientos encontrados sobre lo que nos depara el futuro. Qué útil habría sido contar con una comunidad de mujeres con las que compartir estos sentimientos, que a menudo parecen un tabú cuando nos estamos preparando para el cambio más bonito de nuestras vidas. Hablar de los sentimientos buenos y de los no tan buenos solo nos hace más auténticas y nos permite sentirnos más vivas con nosotras mismas. Reconocer y aceptar toda la gama de sentimientos nos ayuda a prepararnos para los altibajos de la vida como madres.
Embarazada de mi segundo hijo, era más consciente de la importancia de prepararme interiormente. Comprendí que la maternidad era mucho más que jugar a las casitas y cantar dulces nanas. Se nos anima a preparar nuestro entorno exterior para el bebé —una nueva habitación, una nueva silla de coche—; la lista puede ser interminable. Pero, ¿cómo se nos anima a prepararnos desde dentro? Comprendí que mi vida iba a cambiar aún más con mi próximo hijo. Analizar mis propias expectativas y preocupaciones me ayudó a ver con claridad mi transición a ser madre de dos hijos. Para acumular las reservas de fuerza que nos permitan afrontar la maternidad, debemos conectar con nosotras mismas a un nivel más profundo para descubrir quiénes somos realmente. Al hacerlo, creamos profundos pozos en nuestro interior a los que podemos recurrir cuando realmente los necesitamos.
Anhelamos obtener información antes de que nazca nuestro bebé, lo que nos ayuda a sentirnos más preparados como padres. Recuerdo devorar libros y beber a sorbos en mi clase de preparación al parto, intentando saciar una especie de sed interior. Pero, echando la vista atrás, me doy cuenta de que, cuando me sumergí en las profundidades del parto, todos esos datos y cifras se esfumaron. Nos hacen creer que, si asistimos a las clases y leemos los libros, estaremos más preparadas. Sin embargo, esta información se almacena en nuestro hemisferio izquierdo, el cerebro intelectual. El hemisferio izquierdo suele considerarse nuestro “nuevo” cerebro, el hemisferio lineal, racional y objetivo. Nuestro hemisferio izquierdo no nos ayuda necesariamente durante el parto ni en la maternidad. De hecho, hay muchas ocasiones en las que puede frenarnos.
Acceder al cerebro primitivo
El embarazo y la maternidad están profundamente arraigados en nuestros instintos, nuestra intuición, nuestros sentimientos… nuestro hemisferio derecho. El hemisferio derecho es nuestro cerebro primitivo, nuestro “cerebro antiguo”. Es la parte de nuestro cerebro que rige nuestras emociones, nuestra creatividad y nuestra intuición. Se encuentra en el momento presente. Nos conectamos con nuestro hemisferio derecho cuando damos a luz, cuando hacemos el amor, cuando cuidamos de nuestros bebés y creamos vínculos con ellos. Esta parte de nuestro cerebro nos conecta con todas nuestras antepasadas: nuestras madres, abuelas y bisabuelas. Quería saber cómo prepararnos desde el hemisferio derecho, nuestro lado intuitivo, podía influir en el camino hacia la maternidad. Quería crear un espacio para apoyar a las mujeres a prepararse para la maternidad desde dentro hacia fuera.
Hemos creado un «Círculo de Embarazo» para reunirnos en el acogedor entorno de nuestro centro de partos local. Las mujeres llegan a la luz de las velas y tienen la oportunidad de relajarse. A las mamás embarazadas se les brinda la oportunidad de crear una comunidad de madres que puedan crecer juntas y apoyarse mutuamente una vez que nazcan sus bebés. Las mujeres de nuestro grupo nos reunimos para centrarnos en lo que ya sabemos —la sabiduría interior— y creamos un ambiente que permite que esa sabiduría fluya. También es un lugar para no saber. Es un lugar para reconocer el miedo, la tristeza o la incertidumbre. Al recibir apoyo para aceptar lo que hay, he observado que las mujeres se vuelven más fuertes y se sienten más libres para abrirse a lo que la vida les ofrece.
Dar a cada mamá tiempo para tomarse las cosas con calma le permite reflexionar y vivir el momento con el corazón, el cuerpo y el bebé. Es un momento para estar en calma. La calma en la mente y el cuerpo a menudo puede revelar lo que pasa desapercibido. Durante el embarazo, nos rodea un constante bullicio de ajetreo: preparativos, compras, celebraciones, conversaciones, comparaciones. ¿Con qué frecuencia nos hacemos un hueco para conectar con nosotras mismas? Cuando nos tomamos el tiempo para estar en silencio y prestar atención a lo que pensamos y cómo nos sentimos, podemos aprender mucho sobre quiénes somos y en quiénes queremos convertirnos.
Es fundamental aprender el arte de la quietud y la escucha durante el embarazo. Si aprendemos a escuchar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón a lo largo del embarazo, y prestamos atención a lo que oímos, estaremos más acostumbradas a hacerlo a la hora de dar a luz a nuestros bebés y de cuidarlos como madres. Escuchar nuestra sabiduría interior nos permite comprendernos a nosotras mismas a un nivel más profundo y relacionarnos con nuestros bebés de una forma más profunda y espiritual. También nos da la fuerza para responder a las situaciones desde un lugar auténtico y amoroso, en lugar de hacerlo desde el miedo y la desconfianza. Al hacerlo, somos capaces de escuchar de verdad lo que nos dicen nuestra intuición, nuestro cuerpo y nuestros bebés, lo que nos permite desconectar de las distracciones negativas. Desde este lugar podemos vivir genuinamente desde el corazón y seguir adelante, abrazando todo lo que ya sabemos.
En nuestro grupo utilizamos diversos medios experienciales, como el arte, el yoga y la meditación, para conectar con esta faceta creativa de nosotros mismos, haciendo que nos resulte más familiar. Ser imaginativos y creativos nos exige escuchar nuestro interior, permitiendo que nuestro subconsciente se exprese y que nuestra intuición y nuestro corazón cobren protagonismo. La creatividad exige una apertura que nos permita salir de nuestra zona de confort y estar receptivas a nuevas posibilidades sobre la vida y nuestro papel en ella. Cuando lo hacemos con regularidad, la creatividad se convierte en parte de nosotras y de nuestra forma de vivir. Es muy valioso conectar con esta parte de nosotras mismas durante el embarazo, ya que recurriremos a este lugar intuitivo muy a menudo cuando estemos con nuestros hijos. Este es el lugar al que nos dirigiremos con nuestros hijos en nuestro viaje por la maternidad.
En busca del silencio
La meditación es una práctica que realizamos en grupo para centrarnos en el momento presente y conectarnos con nuestros pensamientos y sentimientos. Me gusta incorporar momentos de silencio en las sesiones de grupo, tanto si estamos creando arte como si estamos meditando. Ponemos énfasis en nuestra respiración y prestamos atención a nuestros pensamientos. Cuanta más claridad tengamos sobre nuestros pensamientos, mayor será la conciencia de nosotros mismos que podamos desarrollar, lo que nos llevará a sentirnos más libres del estrés y la ansiedad. Esto puede formar parte de la vida cotidiana de una madre primeriza, ya sea sentada en un cojín de meditación, observando su respiración mientras friega los platos o meciéndose hacia adelante y hacia atrás con un bebé inquieto.
La meditación ayuda a cultivar la conciencia de uno mismo, lo que puede resultar de gran ayuda cuando nos vemos obligados a salir de nuestra zona de confort. La conciencia de uno mismo nos ayuda a ejercer la crianza desde la claridad. Una madre puede notar que siente un nudo en el estómago cada vez que su bebé llora. Si presta un poco de atención, puede darse cuenta de que esa sensación va acompañada de dificultad para respirar. Esto puede hacer que pierda paciencia y que no sea capaz de responder con claridad a lo que ella y su bebé necesitan en ese momento. Tener conciencia de uno mismo no hace que todo sea perfecto, pero nos ayuda a afrontar la vida con más serenidad.
Las madres buscan un lugar cómodo, se sientan con la espalda recta y se concentran en cómo sube y baja su barriga. A veces les propongo una visualización para ayudar a cada madre a adaptarse al ritmo de su respiración. Puede tratarse de centrarse en la sensación de la respiración al entrar y salir del cuerpo. O bien, de visualizar un color u otra imagen que le permita centrarse en el momento presente y cultivar una sensación de paz. Algunas meditaciones terminan con una actividad artística, escribiendo en un diario o con un diálogo. Cada una de ellas ayuda a sacar a la luz lo que se ha revelado.
En nuestro grupo ha habido muchas madres a las que les ha costado mucho quedarse quietas. A algunas les resulta frustrante; a otras, francamente molesto. Y esa frustración nos brinda una gran oportunidad para reconocer la lucha interior que todas sentimos de vez en cuando. En el grupo, esa lucha puede girar en torno a la meditación; en la vida, puede estar relacionada con nuestros hijos o con nuestra forma de criarlos. Cuando somos capaces de reconocer nuestras propias frustraciones, entonces podemos descubrir la mejor manera de aceptarlas y encontrar soluciones. Para algunas, la meditación puede funcionar. Para otras, pueden ser los largos paseos, los baños calientes, el yoga, el arte o el canto. En la tranquilidad que proporcionan todas estas actividades, se puede encontrar la claridad.
La meditación no consiste en hacer desaparecer nuestros pensamientos, sino en tomar conciencia de ellos y comprender cómo pueden influir en nuestro estado emocional y crearlo. Así pues, si las mamás se acostumbran a observar cómo piensan, es más probable que se den cuenta de cuándo son demasiado exigentes consigo mismas y de cuándo están estresadas. A partir de ahí, pueden hablarse a sí mismas con más compasión y amabilidad. Esto, cuando se practica, puede resultar útil durante el parto y con nuestros hijos. Encontrar la calma en nuestro interior, independientemente de lo que ocurra en nuestro mundo exterior, tiene un valor incalculable.
Nuestra faceta creativa siempre está esperando una oportunidad para que la invitemos a salir y jugar. Abrirnos a las partes creativas e intuitivas de nosotras mismas complementará muchas de las cualidades que están presentes a lo largo del embarazo y la maternidad. Escuchamos desde nuestro interior, dejando que nuestro subconsciente se exprese y que nuestra intuición y nuestro corazón nos guíen. Con mucha frecuencia, en nuestra cultura, esta sabiduría interior se infravalora. Aquí, en nuestro círculo de mujeres, es nuestro mayor regalo.
Algún día, a las mujeres se nos dirá que ya tenemos todas las respuestas en nuestro interior. Afrontaremos el parto y la maternidad desde un espacio de plenitud y abundancia, en lugar de hacerlo desde un espacio de necesidad y carencia. Nos reuniremos en círculos de mujeres para sumergirnos en nuestra propia sabiduría innata, al tiempo que celebramos los regalos que nos traerán nuestros hijos. Nuestras transiciones hacia la maternidad serán apoyadas, honradas y acompañadas con gran conciencia.