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Demasiadas cosas

Por Madisyn Taylor

Cuando mimas a tus hijos con cosas materiales, ¿esa motivación proviene de tu propio niño interior?

Una de las cosas más maravillosas de los niños es que tienen la capacidad de entretenerse durante largos ratos con algo tan sencillo como una caja de cartón o un juego de cucharas medidoras. Esto nos lleva a preguntarnos por qué sentimos la necesidad de comprarles tantos juguetes —tantos que ni siquiera tendrán tiempo de jugar con todos ellos antes de que se les queden pequeños—. A menudo, si nos tomamos el tiempo de cuestionar nuestra compulsión por darles constantemente a nuestros hijos juguetes y ropa nuevos, y por mimarlos con comida que ni siquiera les hace bien, nos daremos cuenta de que estamos intentando llenar ese vacío para evitar nuestros propios sentimientos difíciles y nuestro dolor. Si sientes que quieres mimar a tu hijo con bienes materiales, tómate un momento y trata de averiguar de dónde proviene esa motivación.

Quizá estemos inundando a nuestros hijos con cosas que no necesitan, movidos por el deseo de crear una sensación de abundancia de la que careció nuestra propia infancia. O quizá sea por la necesidad de sentirnos queridos por nuestros hijos. Ambos motivos suelen ser inconscientes y tienen su origen en cuestiones sin resolver de nuestra propia infancia o incluso de nuestra vida adulta. Estos sentimientos sin resolver afloran de forma natural cuando nos encontramos en el papel de padres, a menudo cuando nuestro hijo alcanza la edad que teníamos nosotros cuando esos traumas eran más intensos.

Pero mimar a tus hijos no te salvará ni hará que tu dolor desaparezca. Solo reconocer tus problemas emocionales y trabajar en ellos puede lograrlo. Lo que nuestros hijos realmente necesitan es que les proporcionemos tanto una sensación de seguridad como una sensación de libertad y amor, de las que nunca hay en exceso. Si somos capaces de hacerlo bien, las posesiones materiales no tienen por qué ocupar un lugar central.

Todos queremos ofrecer a nuestros hijos una vida buena y feliz. Pero la mayoría sabemos, en el fondo, que las posesiones materiales desempeñan un papel muy secundario en ello. Confundimos a nuestros hijos cuando intentamos hacerles felices comprándoles cosas. Cuando hacemos esto, ellos interpretan que la felicidad viene en forma de juguetes y golosinas, en lugar de en la alegría de estar vivos y rodeados de amor, libres para explorar el mundo.