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Celebrando los cambios

Por Dr. Barry Sultanoff

Las respiraciones van y vienen. Decenas de miles de veces, cada día de tu vida, tu respiración cambia de dirección. Los acontecimientos de tu vida también van y vienen. Nada permanece constante. Todo cambia.

La actitud que decidas adoptar ante esta naturaleza siempre cambiante de tu vida —lo bien que aprendas a dejar atrás lo que fue y a seguir adelante con lo que es— tiene un enorme impacto en tu salud y tu bienestar. Es un factor determinante a la hora de decidir cuánto tiempo vivirás y con qué calidad de vida.

Esta es la elección que tienes: puedes sentirte frustrado por lo que crees que has perdido, y sentir dolor y tristeza por ello. Puedes pasar toda la vida lamentándote por una infancia insatisfactoria, una oportunidad desperdiciada o una relación que salió mal. O puedes celebrar el regalo infinito que te ofrece la vida: el regalo de la renovación perpetua, en cada respiro de tu vida.

Imagina que, a lo largo de tu vida, llevas en la mano una taza de boca ancha. Todas las experiencias de la vida se vierten en esa taza: las buenas y las malas, las esperadas y las inesperadas, las impactantes y las divinamente sublimes.

Tu taza se ha diseñado para que quepa todo esto sin problemas. Hay espacio de sobra. Por suerte, tiene una característica importante que te salva: ¡no tiene fondo!

Sea lo que sea lo que se acumule en tu taza, lo saboreas mientras se va depositando allí por un instante, pero no lo guardas. Cada experiencia vital se detiene un momento, hace una reverencia y sigue su camino. Como un invitado considerado, solo se queda un rato. No se queda a vivir.

He aquí una forma de poner en práctica este saludable ejercicio de dejar ir, en sintonía con el ritmo de tu respiración:

Elige algo de lo que te haya costado mucho desprenderte—un viejo resentimiento o dolor, un juicio sobre uno mismo o sobre otra persona, una relación “complicada”— y toma la decisión de liberarte de ello. Aunque en el pasado te pareciera lo suficientemente importante como para aferrarte a ello y seguir cargando con ese peso, recuérdate ahora que estás dispuesto a dejarlo ir.

Concéntrate en tu respiración, prestando atención al suave vaivén del oxígeno vital que entra y sale de tus pulmones. Percibe el suelo del diafragma, situado debajo de tus pulmones, y deja que se relaje, aunque siga moviéndose hacia arriba y hacia abajo con cada respiración. Cada día tienes decenas de miles de oportunidades para dejar que esta cualidad siempre cambiante de la respiración te enseñe a soltar —mientras te guía para seguir la corriente y avanzar hacia lo que venga después—.

Pregúntale a este sabio profesor para ayudarte ahora a liberarte de algo que ya no tienes por qué seguir cargando. Si puedes, intenta recordar cuándo fue que metiste ese objeto en tu taza por primera vez.

Ahora, que tu taza no tenga fondo. Cada vez que inspires, disfruta de la sensación del aire limpio y fresco que entra en tus pulmones. Y cada vez que exhales, siente cómo aquello que ya no quieres se desliza a través del suelo abierto que hay bajo tus pulmones, hacia el espacio vacío, donde podrá reciclarse de nuevo en sus elementos.

No puedes aferrarte al pasado. Es hora de avanzar hacia el presente… el eterno «ahora». Si celebras el cambio como una parte inevitable y maravillosa de la vida, siempre tendrás lo suficiente. Cada momento te traerá alguna nueva alegría.

Qué extraña paradoja: al deshacerte de aquello a lo que no necesitas aferrarte… tu copa sin fondo estará siempre llena.