Vivir según los diez principios del bienestar
El bienestar siempre parece orientarse hacia la respuesta a una pregunta fundamental: ¿por qué la gente no hace lo que sabe que debe hacer por sí misma? Proporcionar a las personas buena información sobre la forma física, la gestión del estrés, la nutrición, etc., es importante, pero insuficiente. La falta de información no es el problema. Dada la atención que los medios de comunicación prestan a la salud y al bienestar, cuesta creer que la mayoría de la gente no sepa ya más que de sobra para llevar una vida muy plena. Abundan los artículos sobre el colesterol, las relaciones saludables, el ejercicio y cómo dejar de fumar. Pero, ¿dónde está la motivación para cambiar y qué es lo que la bloquea?
Tanto si hablamos de nuestra salud personal como de programas de bienestar para una organización, ya sea pequeña o grande, parece que hay ciertos factores que han ido surgiendo a lo largo de las décadas en las que el movimiento del bienestar ha llegado a considerarse un campo de estudio. Permíteme compartir algunas sugerencias o principios informales que, tras muchos años en el “negocio del bienestar”, son para mí la clave de todo.
1) El bienestar es un concepto holístico. Cualquier enfoque que no lo abarque resulta incompleto y, en última instancia, ineficaz. Debemos tener en cuenta a la persona en su totalidad y diseñar programas que abarquen la mente, el cuerpo, el espíritu y el entorno. Limitarse a elegir la dimensión del bienestar que más te guste y restar importancia a las demás no funciona a largo plazo.
* Imagina cada dimensión del bienestar en tu vida como un radio de una rueda. Haz un dibujo de tu rueda del bienestar, extendiendo el radio de tu forma física, el de tu desarrollo espiritual, el de tu nutrición, etc., hasta donde creas que los has desarrollado, y pon en práctica lo que predicas. ¿Tienes una rueda que gira razonablemente bien? ¿En qué aspectos necesitas dedicar tu energía para aprender más y practicar más?
2) La autoestima es el factor clave para el cambio. El bienestar consiste en preocuparse lo suficiente por uno mismo como para hacer balance de tu vida, introducir los cambios necesarios y encontrar el apoyo que te permita mantener la motivación. Sana las heridas. Descubre qué es lo que te impide sentirte bien contigo mismo y afronta esos obstáculos, en lugar de esquivarlos.
Como dice el psiquiatra Jerry Jampolsky, todo lo que hacemos proviene o del amor o del miedo. ¿De dónde provienen tus esfuerzos por llevar un estilo de vida saludable? Para muchos de nosotros, el cambio requiere un trabajo duro, de arremangarse, para afrontar nuestros miedos y sanar viejas heridas sufridas durante nuestra infancia en nuestras familias de origen y por parte de nuestros grupos de amigos y comunidades. Las afirmaciones positivas, o declaraciones personales, son excelentes, pero deben ir acompañadas de este tipo de trabajo de autorreflexión que dura toda la vida.
* Identifica un mensaje negativo que te repitas a menudo (“¡Eres tan tonto!”, “Nunca llegarás a nada”, etc.). Relájate durante un minuto o dos con los ojos cerrados. Piensa en ese mensaje negativo y grita en voz alta: “¿Quién lo dice?”. Fíjate en quién te viene a la mente: ¿un padre, un profesor, un antiguo compañero? Averigua con quién tienes alguna cuenta pendiente que resolver.
3) Las personas de las que nos rodeamos o bien nos ayudan a desplegar las alas y a volar alto, o bien nos las cortan una y otra vez. Las normas de salud positivas entre iguales fomentan cambios en el estilo de vida que favorecen el bienestar. Las relaciones mutuamente beneficiosas con amigos, parejas, familiares y compañeros de trabajo que se preocupan por nosotros como personas son lo que debemos buscar y crear en nuestras vidas. En lugar de sentirse amenazados por nuestro crecimiento personal, lo apoyan. ¿Tus amigos, pareja, etc., sacan a relucir tus sentimientos positivos o negativos? Dar y recibir reconocimiento es de lo que se trata. Los amigos se cuidan entre sí.
* Haz una lista de las personas que se han unido a tu círculo más cercano de amigos que te apoyan en los últimos diez años. ¡Da las gracias —o lamenta lo que haya pasado— y ponte manos a la obra para hacer nuevos amigos!
4) ¡Sal del trance! Vivir de forma consciente significa ser consciente de todas las opciones que tenemos y actuar en consecuencia. Implica darse cuenta de que no tenemos por qué llevar nuestras vidas en piloto automático. Podemos apagar la televisión (recuerda que TV significa “aspiradora de tiempo”), leer las etiquetas, cerrar los aspersores del césped cuando ha llovido lo suficiente, prestar atención al sabor de la comida y darnos cuenta de lo tensos y crispados que estamos cuando conducimos 15 mph por encima del límite de velocidad. Significa trabajar conscientemente en nuestras relaciones, en nuestros objetivos vitales y en sacar el máximo partido a nuestro potencial.
* Durante tres días laborables seguidos, reduce al mínimo tu dependencia de los medios de comunicación: nada de radio, televisión, Internet, periódicos ni revistas. Fíjate en lo que descubres sobre ti mismo y sobre el mundo que te rodea.
5) El sentimiento de conexión —con otras personas, con otras especies, con la Tierra y con “algo superior”— nos da arraigo en nuestras vidas. Todos formamos parte de un mismo corazón. Gran parte de este sentimiento puede surgir de la tierra en la que vivimos. Al identificarnos con el lugar donde vivimos y conocer las plantas, los animales, los patrones climáticos, las fuentes de agua y el propio paisaje, no solo desarrollamos un amor por él, sino que sentimos que ese amor nos es correspondido. A través de nuestro compromiso con nuestro lugar en la Tierra, valoramos y protegemos nuestro entorno con nuestra forma de vivir y con nuestro voto en las urnas. A través de nuestro contacto con el mundo natural, experimentamos un sólido sentido de pertenencia, paz y armonía.
Al teólogo Matthew Fox le gusta decir que podemos relacionarnos con la Tierra de tres maneras diferentes. Podemos explotarla, disfrutar de ella o sentirnos sobrecogidos ante ella. Creo que es precisamente en ese sentimiento de asombro donde se multiplica nuestro potencial de crecimiento y sanación. Desde ese estado de asombro, resulta fácil ver a todas las demás especies como parientes. A los lakota les gusta terminar cada oración con las palabras “Mitakaue Oyasin”: “Por todos mis parientes”.”
* Pasa veinte minutos en un espacio natural simplemente escuchando todos los sonidos que oigas. Localiza su origen. Identifica patrones. Inténtalo con los ojos cerrados durante parte del tiempo. Coloca las manos ahuecadas detrás de las orejas y pruébalo. Toma nota de tus percepciones.
6) Somos los principales responsables de nuestra salud. Existen factores de riesgo como la genética, los entornos tóxicos y otros similares, pero nuestras decisiones emocionales y de estilo de vida determinan nuestra salud y nuestro bienestar más que cualquier otra cosa. Por mucho que nos gustaría aferrarnos a la culpa y a las excusas, tenemos que ser sinceros con nosotros mismos. La otra cara de la moneda es el empoderamiento que nos aporta esta toma de conciencia.
Una forma de salir de la pasividad y la enfermedad es darse cuenta de lo que puedes hacer para reforzar tu sistema inmunitario. El estrés, el cansancio y una alimentación deficiente influyen enormemente en la capacidad de nuestro organismo para resistir las enfermedades. La mayoría de las personas afirman sufrir estrés excesivo y falta crónica de sueño.
* Para cuidar de tu propia salud y reforzar tu sistema inmunitario, sigue los consejos habituales sobre bienestar y lleva un estilo de vida equilibrado y saludable; pero, más concretamente, intenta descansar más y practica alguna técnica de relajación reconocida.
7) De una mayor autosuficiencia surgen la confianza y el poder que eclipsan el miedo. Los aborígenes australianos dicen que, cuando una persona no puede salir al campo y alimentarse, vestirse y refugiarse adecuadamente, un miedo profundo y primitivo se apodera de su alma. Al reconocer nuestra interconexión, crecemos enormemente cuando somos capaces de cuidarnos a nosotros mismos en muchos niveles diferentes. Las habilidades, la información y las herramientas que nos permiten vivir más plenamente aumentan nuestra autoestima y nuestra confianza en nosotros mismos. Entre ellas podrían figurar saber elegir nuestra comida con acierto (o incluso cultivarla nosotros mismos); cómo ser más competentes en nuestra profesión; cómo ajustar el cambio de marchas de nuestra bicicleta; cómo hacer una excursión por un espacio natural; o incluso cómo hornear pan desde cero. Necesitamos aprender estas habilidades y enseñarlas a los demás, especialmente a nuestros hijos.
* Elige alguna habilidad que quieras aprender y que te haga la vida más fácil, más económica o más divertida (cocinar, algo relacionado con la mecánica, una actividad al aire libre). Busca a alguien de quien puedas aprender esa habilidad y acuerda un intercambio de conocimientos, habilidades, tiempo o cualquier otro acuerdo recíproco que os guste a los dos.
8) Por mucho que todos necesitemos pasar tiempo con los demás, también necesitamos tiempo a solas. El tiempo a solas, sobre todo en la naturaleza, nos ayuda a relajarnos, a desconectar y a superar las distracciones de la vida moderna que nos impiden conocernos de verdad a nosotros mismos. Los pueblos de todo el mundo tienen tradiciones relacionadas con pasar tiempo a solas (normalmente en un entorno natural) para obtener una visión clara sobre la dirección y el sentido de sus vidas. Hay razones de peso que lo justifican.
* Busca a alguien que comparta tu deseo de pasar un día entero a solas. Encuentra un espacio natural cercano donde ambos os sintáis seguros y disfrutéis pasando el día. Elige un día en el que la previsión meteorológica sea relativamente buena. Llévate un silbato, ropa adecuada, ropa impermeable, etc. Llévate agua, pero nada de comida, a menos que tengas alguna necesidad dietética especial. No te lleves nada para leer ni nada con lo que escribir. Cuando lleguéis, ambos debéis elegir una zona pequeña (de 10 a 15 yardas de diámetro, como máximo) donde os gustaría pasar entre cinco y ocho horas a solas. Vuestro lugar debe estar lo suficientemente cerca como para que vuestra pareja oiga fácilmente vuestro silbato, pero lo suficientemente lejos como para que podáis tener total privacidad. Para ello, funciona muy bien situarse en lados opuestos de la misma cresta de una colina. Reuníos a una hora acordada previamente. Dedicad vuestro tiempo a la contemplación y a tomar conciencia de todo lo que os rodea. Se trata de un viaje hacia la naturaleza interior y exterior. Reflexionad y escribid sobre vuestra experiencia después, si os apetece.
El objetivo aquí no es la resistencia. Abandona la actividad si se produce un cambio brusco de tiempo, te encuentras mal, etc. Siempre puedes volver a programarla. Aunque esta actividad en solitario no es físicamente exigente, debes ser tú mismo quien evalúe tu estado o consultar a tu médico si tienes alguna duda sobre tu salud.
9) No hace falta ser perfecto para estar bien. El perfeccionismo extremo es un proceso basado en la vergüenza que alimenta una visión muy negativa de nosotros mismos. Puede dar lugar a la adicción al trabajo, la anorexia y otros comportamientos adictivos. El bienestar no significa renunciar para siempre a los helados con salsa de chocolate caliente. ¡Solo significa no engañarte a ti mismo sobre cuándo fue la última vez que te tomaste uno! Cuando nuestros hábitos saludables pasan de ser adicciones positivas a convertirse en comportamientos compulsivos que nos perjudican, solemos ser los últimos en darnos cuenta. Muchas veces, los comportamientos extremos son una forma de distraerte de algún otro problema que requiere tu atención.
* Evalúa tu dieta, tu actividad física, etc. Lee varias fuentes y fíjate en lo que recomiendan los expertos. Consulta tu programa con un profesional cualificado de tu zona, como un nutricionista o un especialista en ejercicio físico.
10) ¡A jugar! Todos necesitamos tomarnos las cosas con más ligereza y no tomarnos a nosotros mismos (ni al bienestar) tan en serio. Recuerda las lecciones del coyote y sé juguetón, incluso un poco travieso, pero sin malicia. Deja que el niño que llevas dentro salga a jugar. Date permiso para hacerlo.
La filosofía de “trabajar duro, divertirse a lo grande” no nos ayuda mucho a mantener el equilibrio necesario para llevar una vida saludable. La psicofisiología funciona las veinticuatro horas del día, todos los días (no solo los fines de semana). Incorpora un sentido del humor sano y la diversión al ámbito laboral. ¡Asegúrate de que tu yang esté en equilibrio con tu yin!
* Enumera varias de tus actividades “lúdicas” favoritas que realices actualmente o que hayas realizado en algún momento de tu vida. Ahora piensa en cuándo fue la última vez que te dedicaste a cada una de ellas. Celebra o reflexiona sobre aquello que has dejado de lado (temporalmente) en tu vida. ¡Diviértete recuperándolo!
A pesar de estos principios, no existe una fórmula concreta para el bienestar. Tienes que descubrir qué es lo que te funciona a ti. No los tomes como reglas, sino como tradiciones populares modernas recopiladas por alguien que lleva ya bastantes años recorriendo el camino del bienestar.