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Un nacimiento oportuno: 1.ª parte

Por Gail Hart

El momento del nacimiento tiene consecuencias importantes para el bebé. Nacer demasiado pronto o demasiado tarde puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte —o al menos eso es lo que hemos llegado a creer— y, sin duda, esto es cierto en los casos extremos de partos prematuros y de partos postermino.

Aunque son pocos los bebés que nacen en estos extremos de la duración normal del embarazo, gran parte de nuestra atención prenatal se basa en lograr que los bebés nazcan “en el momento oportuno”: ni demasiado pronto ni demasiado tarde. Sin embargo, nuestra concepción de lo que es “oportuno” es confusa, y algunos de nuestros métodos resultan contraproducentes. Al intervenir en el momento natural del parto, a veces agravamos los problemas o creamos otros completamente nuevos.

Un embarazo humano normal dura aproximadamente 280 días, con una variación de unas tres semanas. Puede haber motivos de preocupación si el parto no ha comenzado semanas después de la fecha prevista, ya que la función placentaria comienza a ralentizarse a partir de cierto momento de la gestación. La insuficiencia placentaria puede provocar un crecimiento fetal deficiente y, con el tiempo, daños en los sistemas orgánicos del bebé o incluso un parto de feto muerto. Esto es poco frecuente, pero no está necesariamente relacionado con el calendario. La placenta puede empezar a fallar en cualquier momento del embarazo, y parte de una buena atención prenatal consiste en controlar el crecimiento y los niveles de líquido amniótico para poder actuar antes de que se agoten las reservas del bebé. Inducimos el parto —e incluso recomendamos una cesárea sin trabajo de parto— si el bebé está en peligro, independientemente de la fecha prevista de parto. Es obvio que un bebé “está mejor fuera que dentro” si la placenta ya no puede nutrirlo o si el útero se ha convertido en un lugar peligroso.

Riesgos de la inducción

La inducción del parto provoca tantos problemas que debería ser una medida excepcional, que solo se llevara a cabo cuando se pueda demostrar que los beneficios superan a los riesgos. La inducción multiplica el riesgo de cesárea, parto asistido con fórceps, distocia de hombros, hemorragia, sufrimiento fetal y aspiración de meconio. Es uno de los principales factores que contribuyen a los gastos y las complicaciones relacionados con el parto en EE. UU., y, sin embargo, es tan habitual que casi la consideramos algo normal. Más de un tercio de las mujeres estadounidenses fueron sometidas a inducción en 1999, y otro tercio recibió estimulación del parto con Pitocin. (La FDA afirma que se trata de la estimación más baja y que la incidencia real de la inducción está “muy infravalorada”).

A pesar de las pruebas de embarazo tempranas y las ecografías, la inducción del parto sigue siendo una de las principales causas de prematuridad. La estimación de la edad gestacional mediante ecografía sigue siendo una ciencia inexacta; el margen de error aumenta a medida que avanza el embarazo. Los artefactos y la inexperiencia del técnico pueden multiplicar la imprecisión. Muchos profesionales parecen desconocer este margen de error o, por el contrario, no están dispuestos a cuestionar una fecha prevista de parto “confirmada” por ecografía, incluso cuando los antecedentes de la mujer y la evaluación clínica indican una fecha posterior. Por ello, se puede inducir el parto a la mujer, aunque el bebé se haya adelantado claramente varias semanas. Hay quien resta importancia al peligro de una inducción precoz siempre que el bebé se encuentre en el último mes de gestación. Sin embargo, incluso los grados más leves de prematuridad pueden causar daños. Los bebés que nacen antes de alcanzar la madurez completa pueden sufrir dificultades respiratorias o taquipnea transitoria, lo que requiere su aislamiento en el hospital. Pueden ser más propensos a la aspiración de meconio. Corren el riesgo de sufrir hipoglucemia y pueden tener problemas para mantener la temperatura corporal. Presentan un mayor riesgo de dificultades de lactancia y trastornos de alimentación. Sufren cólicos y trastornos digestivos. Estos “problemas menores” pueden afectar a la experiencia de vinculación inicial y dificultar la adaptación familiar. La incidencia del maltrato infantil es mayor en el caso de los bebés “difíciles”. Como comadronas, debemos aspirar a que nuestras familias disfruten de la mejor salud posible, tanto emocional como física. ¡Un parto a término es un buen paso en esta dirección!

El número de partos prematuros está aumentando en Estados Unidos. Parte de este aumento se debe a un cálculo erróneo de la fecha prevista de parto y al temor a los embarazos prolongados. Hay quien razona que el riesgo de inducir el parto de un bebé prematuro es menor que el riesgo de permitir que el embarazo se prolongue más allá de la fecha prevista, incluso cuando esta sea incierta. Esto podría ser cierto si el riesgo percibido de un embarazo prolongado coincidiera con el riesgo real. ¡Pero no es así!

Copyright ©2004 Midwifery Today, Inc. Todos los derechos reservados. Reproducido con permiso de Midwifery Today, invierno de 2004, número 72. www.midwiferytoday.com Tel. +1 541 344 7438

Referencias:

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