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La evolución del parto moderno

Por Revista Pathways

La evolución del parto a lo largo de la historia es un reflejo de los cambios culturales de la humanidad. Desde los partos intuitivos y guiados por el cuerpo de las culturas indígenas hasta los sistemas altamente controlados y medicalizados de las sociedades industrializadas modernas, y ahora hasta el movimiento centrado en la familia y basado en las habilidades que está surgiendo en la actualidad, cada cambio ha redefinido la forma en que las familias viven el profundo viaje que supone traer una vida al mundo.

El paradigma emergente basado en las habilidades que vamos a analizar hoy ofrece una oportunidad única para integrar nuestro modelo fisiológico original con la vida y los conocimientos actuales. Se trata de un movimiento que se basa en el concepto de que el parto es una actividad, independientemente del entorno o del resultado, y que, por lo tanto, constituye un viaje que las familias pueden recordar de forma positiva basándose en lo que hicieron juntas a lo largo del mismo. Presenta una visión del parto que hace hincapié en la colaboración, la preparación y la participación consciente, lo que puede dar lugar a experiencias enriquecedoras a todos los niveles.

Analicemos la evolución del parto y cómo ha sentado las bases para esta nueva y apasionante frontera.

1. El nacimiento en la comunidad indígena: confianza e integración

Durante gran parte de la historia de la humanidad, el parto se desarrollaba en armonía con los ritmos naturales. En las culturas indígenas, las mujeres consideraban el parto como un proceso intuitivo y fisiológico —una parte natural de la vida— y confiaban en sus cuerpos y en la sabiduría de sus comunidades. Y lo más importante: la vida misma era una preparación física y activa para el parto—Caminar largas distancias, levantar peso, ponerse en cuclillas, moverse y realizar las actividades cotidianas necesarias para la supervivencia mantenían el cuerpo de las mujeres en equilibrio, adaptable y en sintonía con la inteligencia de la naturaleza.

Esas actividades sentaron las bases para generar una confianza sólida en los partos fisiológicos, y se integraban de forma orgánica en las necesidades de la vida cotidiana. En *El granjero y el obstetra*, Michel Odent explica cómo, hasta hace poco, la preparación para el parto era una consecuencia natural de la vida cotidiana. El trabajo físico y la movilidad contribuían de forma natural a que el cuerpo de la madre estuviera preparado.

Las habilidades para el parto, tal y como las entendemos hoy en día, no eran tan necesarias en aquella época, ya que la propia vida preparaba a las mujeres para los retos del parto. No había necesidad de “medicalizar” el parto, ni se consideraba desde la perspectiva de las decisiones «buenas» o «malas», ni se esperaba una orientación adecuada por parte del «tipo adecuado» de experto. Era simplemente una experiencia natural y vivida, respaldada por las tradiciones culturales y la autosuficiencia, algo típico de la mayoría de los aspectos de la vida.

2. La industrialización y la medicalización del parto

La primera mitad del siglo XX trajo consigo profundos cambios a medida que las sociedades se industrializaban. El nivel de vida cambió considerablemente, dando lugar a un estilo de vida sedentario y marcadamente diferente, en gran medida alejado de los ritmos naturales. Esta época supuso el auge del parto medicalizado, en el que los conocimientos especializados de terceros sustituyeron a la sabiduría y la capacidad innatas de las mujeres, trasladando el escenario del parto a los hospitales y a los médicos. El parto se convirtió en un acontecimiento gestionado por especialistas con una formación muy avanzada, lo que generó la expectativa de que unas autoridades externas supervisaran este rito de paso —una característica común de gran parte de la vida moderna—.

En términos generales, cuanto más a gusto se siente una mujer con su cuerpo, más fácil le resulta dar a luz. -Ina May Gaskin, «Spiritual Midwifery»

Las mujeres ya no dependían de sus propios cuerpos, de su propia capacidad de adaptación ni de los vínculos con su familia extensa o su comunidad; por el contrario, se fueron aislando cada vez más, y se les instaba a “confiar en la ciencia” de sus instituciones y su cultura.

3. La filosofía contracultural: la libertad de elección

En las décadas de 1960 y 1970, el descontento generalizado con la medicalización excesiva del parto desencadenó un resurgimiento del interés por los enfoques naturales y dirigidos por comadronas. Las familias buscaban autonomía y reivindicaban el derecho a elegir dónde y con quién dar a luz. Las comadronas se convirtieron en las principales defensoras de las decisiones de las mujeres, abogando por entornos de parto fisiológicos y por la confianza en la capacidad innata de las mujeres. Tal y como describe Michel Odent en *The Birth Reborn*, el movimiento contracultural recuperó la idea de que el parto es un proceso fisiológico que pertenece a las mujeres, no a las instituciones.

A principios de la década de 2000, el movimiento a favor del parto natural alcanzó reconocimiento mundial, y el Modelo de Partería de Nueva Zelanda se convirtió en el ejemplo más destacado de sus principios y filosofía, al organizar un sistema basado en la elección informada y el respeto por el proceso natural del parto de las mujeres. Aunque este enfoque alejó la filosofía del control institucional (superando la idea de que el parto es, por naturaleza, una “emergencia médica”), el movimiento no abordó directamente la desconexión física y la pérdida de preparación que se habían producido debido a los estilos de vida modernos. La vida moderna y sedentaria, la separación de los ritmos de la naturaleza y la creciente dependencia de tecnologías que facilitan la vida conllevan importantes consecuencias, concretamente una pérdida de la autosuficiencia práctica (habilidad) y de las capacidades. Incluso dentro de la libertad de elección que ofrece el paradigma del parto natural, Muchas familias seguían sin ser conscientes de la desconexión física que conlleva el estilo de vida moderno ni de lo que podían “hacer” para prepararse para el parto, a menudo sin saber que existen recursos para subsanar esta carencia.

En Nueva Zelanda, la tasa de cesáreas se mantuvo de forma constante por debajo de la media mundial, que va en aumento y que actualmente se sitúa en torno a los 30%. En su intento por ejercer su libertad de elección, muchos padres comenzaron por optar por un entorno más natural, con comadronas que les guiaran en el proceso. Pero, al igual que antes confiaban en los médicos en el modelo médico, en gran medida confiaron en la filosofía del parto natural y en las comadronas para “lograr” un resultado alternativo.

Aunque muchas tuvieron un gran éxito con sus nuevas opciones —puesto que el parto está, de hecho, diseñado de forma innata para salir bien automáticamente cuando se deja que suceda—, para muchas otras, y aún hoy en día, la filosofía natural y la inclusión de decisiones informadas no condujeron a un “parto natural” que permitiera a las familias sentirse empoderadas. De hecho, el deseo de muchas mujeres de tener un parto natural a menudo les llevó a sentir que no lo habían conseguido, lo que supuso una importante fuente de confusión emocional y malestar.

4. La tendencia silenciosa: el auge del parto basado en habilidades para una experiencia de parto empoderada

En la década de 1980, en medio del resurgimiento de la partería, surgió un movimiento discreto pero significativo. Algunas familias comenzaron a desarrollar y a compartir sus propias técnicas de parto, inspiradas en pioneros anteriores como Lamaze, Bradley, Grantly Dick-Read y otros. Estas familias ampliaron y adaptaron nuevas técnicas y métodos a sus propios partos, creando un conjunto de herramientas más sólido y personalizado para afrontar el parto.

A diferencia del enfoque pasivo del parto medicalizado, o del enfoque que hacía hincapié en las decisiones conscientes dentro del modelo de parto natural, estas técnicas de parto se centraban en la acción: respirar durante las contracciones, mover y relajar el cuerpo para facilitar el parto, y responder de forma práctica a los movimientos del bebé. Se trató de un cambio sutil pero importante: el surgimiento de un nuevo tipo de autonomía y empoderamiento para los padres a través de una preparación basada en habilidades.

Tal y como describe Fernand Lamaze en su libro «Parto sin dolor», el parto es una actividad, y la preparación mediante ejercicios físicos y mentales permite a la mujer participar de forma activa y dirigir su propia experiencia del parto.

5. Larry Webster y la neurobiomecánica del parto

Durante ese mismo periodo de aumento silencioso de las habilidades para el parto en la década de los 80, Larry Webster, un quiropráctico especializado en salud materno-infantil, desarrolló la técnica Webster. Este método se centra en preparar el cuerpo y el sistema nervioso para la actividad fisiológica del parto, abordando los desequilibrios físicos y las tensiones que pueden dificultar el embarazo y el parto. El trabajo de Webster puede considerarse paralelo al movimiento centrado en la familia y basado en las habilidades, que hace hincapié en la capacidad del cuerpo para dar a luz cuando se le apoya mediante una preparación intencionada y práctica. Tal y como afirmó Jeanne Ohm en la revista Pathways: “La atención quiropráctica durante el embarazo es una forma segura y eficaz de corregir las desalineaciones pélvicas. Los médicos certificados en la técnica de Webster utilizan ajustes suaves y específicos para realinear la pelvis y restablecer la función de los nervios, los músculos y los ligamentos relacionados con el embarazo y el parto”.”

El nuevo enfoque basado en las competencias: cómo salvar la brecha

Hoy en día, el enfoque “basado en habilidades” ha ganado reconocimiento como método universalmente aplicable para prepararse para el parto, trascendiendo las divisiones filosóficas entre lo “médico” y lo “natural”, al centrarse en la actividad del parto en sí misma, independientemente del entorno en el que se produzca. Este enfoque permite a las familias salvar una brecha importante que ha dejado a su paso nuestro estilo de vida moderno, para redescubrir prácticas clave de conciencia corporal, movimientos y sintonía consciente con el proceso del parto, con el fin de alcanzar una sensación de autonomía. Este enfoque demuestra ser un marco práctico, adaptable e importante para alcanzar un sentido positivo de autonomía en el parto, para todas las familias que dan a luz, independientemente de su origen social.

Si quieres cambiar el mundo, cambia la forma en que nacen los bebés. -Michael Odent

La autonomía y la capacidad para tener un mejor parto

Si bien la filosofía y la práctica del modelo de atención de la partería nos conectan con la sabiduría necesaria para confiar en el proceso natural del parto, el enfoque basado en las habilidades refuerza nuestro compromiso con nuestro cuerpo y nos ayuda a confiar en nuestra capacidad para afrontar el proceso del parto.

La libertad para tomar decisiones sobre el parto, aunque vital para la humanidad, no restableció por sí misma la autonomía de la mujer ni su capacidad para dar a luz de mejor manera. Dicha autonomía y capacidad para dar a luz se habían ido perdiendo gradualmente con el paso del tiempo —no solo arrebatadas por las instituciones, sino olvidadas a raíz del gran cambio cultural hacia la modernidad, que hizo que las habilidades centradas en el cuerpo y la autosuficiencia fueran menos necesarias para la supervivencia—.

La cultura moderna, incluso tras la revolución contracultural, siguió sin ser consciente, en gran medida, de lo que habíamos perdido y que era tan importante para nuestra autonomía en el parto: el apoyo de la comunidad y la preparación fisiológica del cuerpo, ambos “productos derivados de la vida cotidiana” en los modos de vida indígenas.

Hoy en día, nos encontramos en el umbral de un nuevo avance fundamental: un paradigma del parto basado en las habilidades y orientado a la propia persona o a la familia. Este enfoque emergente ayuda a recuperar la autonomía perdida, al fomentar una población capacitada para el parto, al aprender a ser más conscientes de cómo trabajar con el propio cuerpo y a implicarse plenamente en el proceso natural del parto. Más allá del objetivo de un “parto” natural, la expectativa se extiende ahora hacia un resultado universal: una experiencia de parto empoderadora.

Las habilidades para el parto, basadas en la comprensión del funcionamiento natural del cuerpo, permiten a las familias colaborar con el proceso del parto en lugar de sentirse pasivas.

Cada etapa en la evolución del parto ha ido perfeccionando el debate, allanando el camino para avances significativos. El enfoque basado en las habilidades representa un paso más allá, ya que anima a las familias no solo a tomar decisiones informadas, sino también a prepararse activamente para la actividad física que conlleva el parto. Al centrarse en cómo dar a luz, este enfoque recurre a nuestros recursos internos y refuerza la resiliencia y el potencial innatos de la familia, lo que podría contribuir a revertir nuestra dependencia de las autoridades externas en las generaciones venideras.

Equilibrar la relación de colaboración

Existe un llamamiento a asumir una responsabilidad renovada, tanto por parte de las familias como de los profesionales, para explorar este nuevo debate en torno al parto. No se trata de un alejamiento ni de una negación del pasado, sino de una evolución basada en lo que siempre ha sido cierto: el parto es una actividad, y la participación consciente de la familia que da a luz es esencial para lograr una experiencia positiva.

Independientemente de la postura filosófica de cada uno, es fundamental plantearse ahora lo siguiente: ¿cómo pueden las familias prepararse para participar activamente en sus experiencias de parto? Una respuesta radica en lograr un equilibrio en la colaboración entre los padres y los profesionales, en la que estos últimos animen a las familias a prepararse para el parto, no solo mentalmente, sino también físicamente.

Cuando las familias cuentan con las habilidades físicas necesarias para el proceso del parto, se reduce la expectativa de que sea un profesional externo quien “determine” el resultado del parto. En su lugar, los padres pueden colaborar con sus profesionales en pie de igualdad, como compañeros de equipo en el proceso del parto, en el que ellos mismos comparten la responsabilidad y son capaces de responder a la dinámica del parto de la forma que mejor les convenga.

Esta colaboración alivia la carga de trabajo de las comadronas, que a menudo se ven desbordadas al tener que atender cientos de partos al año, y fomenta un entorno de colaboración que permite que de cada parto surja una familia empoderada.

Esquema general de la preparación basada en competencias

La preparación para el parto basada en habilidades enseña a las familias cómo participar en los procesos fisiológicos del parto. Este enfoque es adaptable y universal, y se adapta a cualquier entorno de parto o plan de parto deseado, incluso a las cesáreas en las que no hay trabajo de parto. Hace hincapié en:

Cómo respirar durante las contracciones: Las familias aprenden a utilizar la respiración para mantenerse relajadas, concentradas y físicamente en sintonía con los ritmos naturales del parto. Esto ayuda a controlar el dolor, si lo hay, y también a afrontar con serenidad la experiencia casi surrealista que suponen los procedimientos médicos, como las cesáreas programadas e imprevistas.

Postura corporal y movimiento: Saber cómo mover y alinear el cuerpo ayuda a facilitar el descenso del bebé, lo que puede influir enormemente en la facilidad y el desarrollo del parto. Estas técnicas pueden ponerse en práctica incluso antes de que comience el parto.

Suavización y equilibrio de los tejidos: Las técnicas prácticas ayudan a reducir la tensión, a crear equilibrio y apertura, y a prepararse para el parto con menos esfuerzo.

Participación activa en la posición del bebé: Las familias aprenden a interpretar y a responder a los movimientos del bebé, lo que fomenta un sentimiento de conexión y cooperación durante el parto.

Las habilidades para el parto, basadas en la comprensión del diseño natural del cuerpo, permiten a las familias colaborar con el proceso del parto, en lugar de sentirse pasivas o desprovistas de control interno. Estas habilidades eliminan la brecha entre los paradigmas “naturales” y “médicos”, ofreciendo una vía pragmática para todos.

“Incluso en el caso de una cesárea imprevista, el nacimiento de tu bebé sigue siendo el nacimiento de tu bebé, por lo que es importante utilizar ciertas técnicas para mantener el control y sentirte en control durante el proceso”. (Wintergreen, Birthing Better)

La quiropráctica: un pilar fundamental para un enfoque basado en las habilidades para el parto

Hablemos ahora de cómo los quiroprácticos formados en métodos como la técnica Webster desempeñan un papel crucial en este nuevo paradigma. Al alinear la pelvis y reducir los factores de estrés fisiológicos y mecánicos, la atención quiropráctica perinatal favorece la preparación necesaria para un parto basado en las habilidades. Estos ajustes crean una base de equilibrio y tranquilidad en el cuerpo, lo que permite a las personas que dan a luz aplicar sus habilidades de forma más eficaz.

La quiropráctica es un complemento ideal para cualquier entorno, opción o plan de parto. Se ajusta a los principios de apoyar la fisiología del cuerpo y facilitar una mayor adaptabilidad, aspectos ambos esenciales para todas las fases del parto. Hoy en día, cada vez son más los quiroprácticos que ayudan a las familias a elaborar un plan de parto basado en sus capacidades, lo que les permite afrontar el parto con confianza.

Todos nosotros —familias, profesionales del parto y quiroprácticos— estamos llamados a incorporar un nuevo capítulo al debate sobre el parto:

Familias: Reconoce el papel fundamental que desempeñas en el parto. Adquiere las habilidades necesarias para participar activamente en el proceso, colaborando con tu cuerpo y con tu bebé como un equipo. Elabora un plan de parto basado en habilidades que te sirva de guía en las primeras fases del parto, las contracciones, la transición y el nacimiento.

Médicos obstetras y matronas: Seguir fomentando modelos de colaboración que animen a las familias a participar activamente en los partos. Ofrecer orientación y animar a las familias a aprender y poner en práctica ciertas habilidades contribuirá a que haya muchas más experiencias positivas en el parto.

Quiroprácticos: Sigue con tu labor fundamental de preparar el cuerpo y el sistema nervioso para el parto. ¡Tu experiencia en alineación física y equilibrio fisiológico es una piedra angular de este nuevo paradigma!

Experiencias de parto empoderadas

Cada parto es una actividad, y la mayoría de ellas requieren un esfuerzo consciente y trabajo. Esto significa que el parto no se reduce únicamente al resultado deseado; se trata de todo el proceso: cómo nos preparamos, cómo actuamos y cómo vivimos ese increíble proceso de traer una vida al mundo.

Este concepto se sitúa en la vanguardia del parto en el siglo XXI: un retorno a la ingeniosidad, una celebración de las verdades universales capaces de unir a las personas y una integración armoniosa con la sabiduría innata presente en cada fibra de nuestro cuerpo. Acogemos esta vanguardia con el corazón y la mente abiertos.

Los padres y el enfoque basado en las habilidades para el parto

En El acompañante durante el parto Según Penny Simkin, cuando la pareja aprende a apoyar a la mujer que da a luz con habilidades y confianza, no solo se refuerza la experiencia del parto, sino que también se profundiza el vínculo familiar.

Las familias que adoptan un enfoque basado en las habilidades reconocen que uno de sus mayores valores es el fortalecimiento de la colaboración entre madres y padres durante el parto. El parto no tiene por qué ser una tarea ardua solo para la madre y el bebé. Si se invita a las parejas a participar de forma competente, el parto se convierte en una experiencia compartida con una dinámica única que puede mejorar la experiencia del parto para todos. Esta colaboración resulta especialmente eficaz cuando se basa en la preparación, una comunicación clara y un conjunto de habilidades que las propias familias aprenden y practican.

Los padres como compañeros en el parto

A lo largo de la historia, el papel de los padres en el parto ha oscilado entre el de observadores pasivos y el de personas excluidas, dependiendo de las normas culturales o del contexto institucional. El enfoque basado en las competencias, sin embargo, transforma esta dinámica al ofrecer la posibilidad de incorporar a los padres al proceso como participantes activos y valorados. Ahora los padres pueden adquirir los conocimientos y la seguridad necesarios para contribuir de forma significativa al proceso del parto.

“Muchos padres que conozco se sintieron impotentes durante el parto de sus hijos y odiaban ver a sus parejas sufrir y no poder hacer nada para ayudarlas. Se sentían totalmente ajenos a la experiencia del parto. Si aprendéis las técnicas juntos con vuestra pareja, se convierte en una experiencia compartida”.” (Dan, «Birthing Better»)

El apoyo competente de la pareja no significa intervenir, sino más bien “entrelazarse” con la experiencia del parto de la madre, creando una sensación de estabilidad y tranquilidad. Los padres aprenden a participar en un esfuerzo colaborativo, aportando su presencia, su fuerza y su destreza para guiar y sostener el proceso, creando un espacio seguro y protegiendo la experiencia interior de la madre.

“Mi marido fue mi apoyo; ¡los hombres tienen que participar! Me ayudó a concentrarme en la respiración y, en general, contribuyó a que tuviéramos una experiencia maravillosa”.” (Christie B., «Birthing Better»)

La diferencia que puede marcar

El enfoque basado en habilidades dota a los padres y a las parejas de herramientas prácticas para apoyar a las madres de forma eficaz. Esto va más allá de la simple afirmación de “estar ahí” y ofrece formas concretas de participar en las exigencias físicas y emocionales del parto. Algunos de los elementos clave son:

• Mayor capacidad de comunicación, tanto verbal como no verbal.

• Apoyo sincronizado con el ritmo de las contracciones.

• Seguridad a la hora de aplicar contrapresión, ayudar con el posicionamiento o facilitar la distensión y la relajación.

• Afrontar retos imprevistos manteniendo la coherencia y centrándose en la tarea que se está realizando.

• Mantener la serenidad y la calma ante cualquier cambio imprevisto en el plan de parto.

Coherencia y empoderamiento a través de las habilidades

Uno de los aspectos más importantes de este enfoque es la sensación de coherencia que fomenta desde el principio en la vida de la familia. Cuando los padres colaboran utilizando sus habilidades, las circunstancias externas ya no definen lo que significa un parto “exitoso”. En cambio, su éxito se mide por cómo se involucran en el proceso en sí: cómo responden a las contracciones, cómo apoyan los esfuerzos del bebé por nacer y cómo se adaptan a cada momento del parto.

“Me sentía segura de mí misma y en control (la mayor parte del tiempo), y cuando perdía un poco el control, era capaz de volver a concentrarme. Lo achaco a las habilidades que mi marido, Matt, y yo aprendimos”.” (Girlie, «Birthing Better»)

En el ámbito de la salutogénesis, que analiza la naturaleza de la salud y el bienestar, aprendemos cómo los recursos internos aumentan nuestra capacidad de adaptación. Aprendemos que la capacidad de adaptación es lo que nos lleva a tener una “sensación de coherencia”, que resulta esencial para cualquier experiencia vital positiva. Y aprendemos que las experiencias positivas son los pilares fundamentales para fomentar la salud biológica y social.

La clave para sanar la experiencia del parto está en los padres. -Jeanne Ohm

Los padres y las madres pueden encontrar coherencia en sus habilidades comunes y son capaces de mantenerse presentes, independientemente de los giros y vueltas que pueda dar el parto. Esto se traduce en resiliencia, salud y una actitud de empoderamiento a la hora de ejercer la crianza en las primeras etapas de la vida.

Incluso en los partos más medicalizados, el reconocimiento fundamental sigue intacto: cada parto es una actividad fisiológica en la que estamos inmersos, y cada experiencia de parto puede vivirse con un sentido de coherencia.

Cuando las madres desean que sus parejas estén presentes, su inclusión adecuada enriquece la experiencia de todos los implicados. Basándonos en la experiencia de quienes ya han recorrido este camino, podemos ayudar a crear oportunidades para que otras familias incorporen este enfoque al parto, normalizando y fomentando una preparación para el parto basada en habilidades. Podemos reconocer que la intimidad que supone traer una vida al mundo puede y debe ser respetada y protegida por la pareja de la madre, un rito de paso que la familia debe hacer suyo, juntos.

“La clave para sanar el parto está en los padres”.” (Jeanne Ohm, D.C., revista Pathways)

El papel de los quiroprácticos en el apoyo a las parejas

En el marco de un enfoque basado en las competencias, quiroprácticos formados en atención perinatal puede desempeñar un papel importante a la hora de preparar a los padres para el parto. La formación quiropráctica refuerza su comprensión de la biomecánica del cuerpo, proporcionándole conocimientos adicionales y habilidades prácticas para apoyar a su pareja durante el parto. Comprender la importancia de la alineación y la biomecánica mejora la capacidad de la pareja para afrontar el parto con recursos internos y confianza.

Este enfoque se ajusta a la esperanza de que el parto se convierta en un proceso cooperativo y centrado en la familia. Al invitar a los padres a asumir su papel como compañeros competentes y solidarios, rendimos homenaje a la profunda capacidad de las familias para trabajar juntas a la hora de traer una nueva vida al mundo. No se trata simplemente de un nuevo método de parto, sino de un movimiento: un llamamiento a honrar el parto como una experiencia humana compartida y centrada en la familia, que reconoce que cada familia es el corazón y el hogar de nuestro potencial humano.

El estudio de H. A. Brant (1961) y las propuestas de investigación en curso

El estudio de H. A. Brant (1961) contó con la participación de 126 mujeres que recibieron cuatro sesiones de 30 minutos centradas en técnicas para el parto. Durante el parto, estas mujeres recibieron orientación por parte de profesionales especializados, lo que garantizó que contaran con el apoyo necesario para poner en práctica las técnicas aprendidas. El estudio reveló resultados significativos: una mejor capacidad de afrontamiento de las madres durante el parto, puntuaciones de Apgar más altas para los recién nacidos y comentarios positivos por parte del personal sanitario que atendió a las madres preparadas, en comparación con los grupos de control. Las conclusiones de Brant pusieron de relieve los beneficios de dotar a las mujeres de habilidades para el parto. Destacaron el potencial transformador de los enfoques del parto basados en habilidades, incluso en entornos estructurados o medicalizados, lo que sugiere que la preparación activa y la aplicación de dichas habilidades empoderan a las mujeres y mejoran los resultados del parto.

Las iniciativas de investigación de la ICPA (Asociación Internacional de Quiropráctica Pediátrica) tienen como objetivo estudiar la eficacia de las técnicas de preparación para el parto y de la técnica Webster a la hora de mejorar los resultados y las experiencias del parto. Estos estudios proponen un enfoque de doble vía: por un lado, animar a las familias a aprender por sí mismas y a utilizar las técnicas de parto que elijan durante el embarazo; y, por otro, combinar estas técnicas aprendidas de forma autónoma con la técnica Webster. La investigación haría un seguimiento de variables como la duración del parto, la posición del feto y la satisfacción materna para comprender cómo influyen estos métodos tanto en los aspectos físicos como en los emocionales del parto.

El impulso de esta investigación surge del creciente reconocimiento de que el parto no se reduce únicamente a los resultados, sino que también se centra en la actividad del parto en sí misma. Cuando las familias cuentan con las habilidades necesarias, tienen más probabilidades de encontrar coherencia y empoderamiento durante el parto, independientemente de los retos o las desviaciones respecto a su plan de parto. Esto concuerda con la misión de la ICPA de promover la salutogénesis, es decir, centrarse en el bienestar a través de la coherencia y la adaptabilidad.

Si tiene éxito, este estudio podría validar las funciones complementarias de la quiropráctica y las habilidades para el parto aprendidas de forma autónoma, lo que permitiría ampliar el debate sobre el parto para incluir no solo decisiones informadas, sino también una preparación práctica. Supone una oportunidad para poner de relieve la relevancia universal de la quiropráctica y promover un enfoque más integrador y centrado en la familia en lo que respecta al parto.