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¡Cuida tu lenguaje!

Por Andrea Robertson

Las mujeres embarazadas se encuentran entre las personas más sensibles que jamás conocerás. Son muy vulnerables y muy influenciables, en un momento en el que buscan activamente información y apoyo en una amplia variedad de fuentes. Escuchan a todo el mundo y todo lo que se les dice, leen muchísimo, hacen infinidad de preguntas y reciben montones de consejos.

Un aspecto fundamental de esta comunicación es el lenguaje del parto. Las palabras que se utilizan y la forma en que se pronuncian pueden ser alentadoras e inspiradoras o, por el contrario, devastadoras y desmoralizadoras. Como cuidadores, a menudo no somos conscientes del impacto que tienen nuestras palabras. Cuando hablamos de temas que nos resultan familiares y con los que nos sentimos cómodos, debemos ser muy conscientes de que pueden parecer amenazantes y aterradores para otras personas. A veces no son las palabras en sí mismas las que crean el problema, sino las connotaciones y la impresión que estas palabras generan las que causan el daño, lo que puede hacer que la mujer se sienta ansiosa e incluso asustada cuando la intención era tranquilizarla y reconfortarla.

Al trabajar con mujeres embarazadas, nuestro principal objetivo debe ser, sin duda, ayudarlas a sentirse competentes, capaces y fuertes mientras recorren el camino hacia la labor más creativa que jamás realizarán. Todas nuestras acciones y palabras deben contribuir a que esto se haga realidad, incluso cuando tengamos que comunicar malas noticias. Desarrollar la sensibilidad hacia el impacto de lo que decimos es una habilidad importante que toda comadrona, educadora y médico debe cultivar como parte de su profesionalidad. Recuerda que lo que digas tendrá un profundo impacto en la mujer embarazada: estará pendiente de cada palabra que pronuncies. Se trata de una posición de gran influencia y debemos tener cuidado de no utilizarla accidentalmente para coaccionarla, menoscabar sus derechos o minar su confianza.

Es fundamental desarrollar la habilidad de “estar atento a lo que dices”. Esto se puede lograr, por ejemplo, grabando en cinta tu consulta o sesión docente para realizar una autoevaluación posterior, invitando a un compañero a que asista como observador para que te ofrezca comentarios o incluso grabando en vídeo una sesión. Presta atención a las reacciones de la mujer embarazada mientras hablas: fíjate en su lenguaje corporal, su expresión facial y sus comentarios verbales. A menudo, esta es una forma muy cruda de verte tal y como te ven los demás, pero puede resultar muy instructiva y constituir una experiencia de aprendizaje muy beneficiosa para ti.

Siempre que hables con una mujer embarazada, intenta desarrollar la capacidad de “dividirte” en tres partes: la persona que habla, la persona con la que hablas y un observador que se da cuenta de la interacción entre ambos. Ponerte en el lugar de otra persona es un primer paso importante para desarrollar habilidades de comunicación eficaces y es fundamental en los procesos de negociación y resolución de conflictos. Analiza lo que observas desde estos tres puntos de vista y utilízalo para introducir cambios en tu enfoque. Fíjate, por ejemplo, en lo que estabas diciendo cuando ella entrecerró los ojos; probablemente eso indicaba que no entendía lo que le estabas diciendo.

Es posible que tengas que repetir la información y, o bien parafrasearla, o bien utilizar una terminología diferente.

Las personas son muy sensibles a la coherencia entre lo que se dice y el lenguaje corporal del interlocutor. El simple hecho de levantar una ceja mientras se toma la tensión arterial puede inquietar al paciente, aunque se le diga “esto parece estar perfectamente”. Ten cuidado de no crear sesgos mediante el uso de expresiones cargadas de emotividad y opiniones personales. “Si yo fuera tú, haría…” y “en mi opinión profesional, deberías…” son mensajes diseñados para influir más que para empoderar, por ejemplo.

Piensa detenidamente en tu vocabulario. La mayor parte de la terminología utilizada en la atención materna es masculina, negativa y médica, probablemente como resultado de que los primeros libros de texto los escribieran los médicos de la época en lugar de las comadronas. Uno de los peores ejemplos es la palabra “parto”. Se ha vuelto tan habitual que casi ni nos damos cuenta de que la estamos diciendo, pero, en un sentido más amplio, describe un servicio que se te presta, en lugar de algo que tú misma haces. Esta no es precisamente la impresión que queremos transmitir a las mujeres embarazadas, ¿verdad? No hay ni una sola ocasión en la que utilices la palabra “parto” en la que no puedas eliminarla sin problemas y sustituirla por la palabra “nacimiento”. Intenta decir “Anoche asistí a un maravilloso nacimiento” en lugar de ”Anoche tuve un maravilloso parto” y observa cómo cambia tu percepción de todo el acontecimiento, al tiempo que se mantiene a la mujer en su papel central.

En la educación prenatal, al igual que en todas las interacciones que mantengas con mujeres embarazadas, presta especial atención a evitar el uso de jerga. Las abreviaturas (p. ej., V.E.) y los acrónimos (p. ej., APGAR) son adecuados para comunicaciones rápidas con compañeros de trabajo, pero no son adecuados para facilitar la comprensión entre las mujeres embarazadas. Es posible que tengas que encontrar formas completamente nuevas de describir ciertas afecciones para evitar causar impresiones negativas en las mujeres: piensa en el impacto que tiene que te digan que “no progresas’, que tienes un “cuello uterino incompetente” o que te están realizando una “prueba de cicatriz”. Incluso palabras aparentemente inofensivas como “afrontar”, “adecuado” y “tener el control” deben reevaluarse en cuanto a las impresiones que transmiten. También se ha popularizado referirse a las contracciones uterinas como “dolores”, por ejemplo: “¿Con qué frecuencia tienes los dolores ahora?”. ¿Qué mensajes se están transmitiendo con esta descripción errónea? Sí, algunas contracciones son dolorosas, pero llamar a todas las contracciones “dolores” es inexacto y puede resultar perjudicial para la percepción de las mujeres.

A veces, incluso palabras aparentemente inofensivas pueden tener efectos profundos. “Todavía” y “solo” son dos ejemplos. ¿Cómo te sentirías si, tras horas soportando contracciones, te dijeran “solo estás en la fase inicial del parto”, o unas horas más tarde “todavía te queda mucho por delante”, o, para rematar, “todavía solo tienes 5 cm”?

Muchos cuidadores tienden a culpar a las mujeres cuando falla la comunicación: es culpa de la mujer si no entiende. En cualquier contexto educativo (y estos son muchos y variados en la atención materna), si el mensaje no se capta, es responsabilidad de quien lo transmite subsanar la situación y encontrar una mejor forma de comunicarse. Puede que sea necesario un enfoque completamente diferente, como hacer un dibujo, representar una situación o utilizar un accesorio para aclarar las cosas. También será importante elegir otras palabras, y puede que resulte útil utilizar términos coloquiales o jerga. Pregúntate: “¿Cómo describiría ella misma esta situación?”.

Durante el parto, las mujeres están especialmente atentas a lo que dicen los profesionales sanitarios. Aunque pueda parecer que ha perdido la concentración durante las contracciones, la parturienta oye, a menudo con gran nitidez, lo que se dice a su alrededor. Busca en la comadrona la confirmación de que lo está haciendo bien, sobre todo a la hora de gestionar el dolor. Unas pocas palabras bien elegidas de ánimo y apoyo pueden ser mucho más eficaces que la petidina a la hora de lograr que la parturienta se relaje y gane confianza. La comadrona presente en un parto ejerce una gran influencia en las reacciones e impresiones de la mujer, así que ten cuidado de no introducir tus propios sentimientos y prejuicios en la sala. Esta mujer no es una “pobrecita” que no podrá arreglárselas sin ti: es una mujer fuerte y dotada de una capacidad innata, diseñada de forma única para dar a luz de manera fácil, segura y placentera. Si realmente crees esto, no tendrás que vigilar tu lenguaje, ya que estarás transmitiéndole conscientemente esta información a través de tus palabras y respuestas.