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Vivir la maternidad con plena conciencia

La maternidad consciente, en pocas palabras, significa estar presente en tu cuerpo y conectada con tu bebé. Consiste en ser consciente de tu experiencia momento a momento, tal y como ocurre, sin alejar ese momento, sin intentar que se quede ni juzgarlo como bueno o malo. La maternidad consciente significa afrontar cada situación tal y como es, y abordar todo lo que ocurre con curiosidad y compasión.

Una madre consciente afronta todas las experiencias que se le presentan con los ojos y el corazón abiertos. Tanto si se trata de experiencias internas (como pensamientos, sentimientos o sensaciones corporales) como externas (como las relaciones, las situaciones laborales o los asuntos medioambientales), la maternidad consciente consiste en ser consciente de lo que está sucediendo y estar conectada con ello.

Parece sencillo, pero no es fácil.

Siempre estamos, literalmente, en el momento presente; no hay ningún otro lugar donde estar. Pero a menudo nuestra atención no se centra en el momento presente. Por ejemplo, siempre estás conectada con tu bebé, aunque en un momento dado puedas sentir que estás distraída. Aportar conciencia plena a esa conexión puede enriquecerla tanto para ti como para tu bebé; es un proceso que ocurre de forma natural, sin que tengas que esforzarte en absoluto. La maternidad consciente consiste en ser consciente de esa conexión y crear las condiciones óptimas para que florezca. En general, no tienes que hacer nada, salvo dejar de interponerte en el camino y permitir que lo que está sucediendo simplemente sea.

Como madre, centrar tu atención en el momento presente sienta las bases de lo que el psicólogo del desarrollo Daniel N. Stern denominó “sintonía” con tu bebé: percibir con precisión cómo te transmite sus emociones y necesidades. La sintonía con tu bebé es algo así como un diapasón: cuando tu bebé emite un tono concreto, tú resuenas con ese tono y se lo devuelves a través de tus expresiones faciales, el tono de voz, el contacto físico y tu forma de estar. Estas acciones sutiles transmiten el mensaje: “Te veo y te oigo, y entiendo lo que sientes”. A través de miles de estas pequeñas microinteracciones con tu bebé, se desarrolla su sentido del yo, al igual que su propia capacidad para aprender a gestionar sus emociones.

Por ejemplo, imaginemos que estás hablando por teléfono mientras tu bebé juega en tu regazo y empieza a retorcerse. Sigues hablando, pero empiezas a darte cuenta de lo que está haciendo. Ahora tu hija pone cara de disgusto y arquea la espalda. Podrías intentar continuar con la conversación, quizá mecerla arriba y abajo sobre tu rodilla, o cogerla sobre tu hombro y darle unas palmaditas en la espalda. Quizás te pongas un poco tenso porque tenías muchas ganas de hablar con tu madre, y hables un poco más alto.

Otra opción es parar un momento y pedirle a tu madre que espere unos minutos, o decirle que la volverás a llamar, y echar un vistazo a la cara y al cuerpo de tu bebé. Es posible que, de forma instintiva, tú también frunzas un poco el ceño y emitas un sonido tranquilizador en respuesta a los sonidos del bebé.

Ninguna de estas opciones es necesariamente correcta o incorrecta. La crianza consciente no exige que lo dejes todo cada vez que tu bebé se mueva inquieto. Pero estar atenta al momento te ayudará a darte cuenta de lo que le está pasando a tu bebé y a tomar una decisión consciente sobre cómo responder. La clave está en estar presente en tu cuerpo y conectada con tu bebé. Deja que la experiencia sea tal y como es, y afróntala con curiosidad y compasión.

La sintonía no significa necesariamente imitar el estado de tu bebé. Se trata de ofrecer una respuesta complementaria, que transmita tu empatía (“Entiendo lo que sientes”) y, al mismo tiempo, responda de forma adecuada a lo que tu bebé te está comunicando. Por ejemplo, si tu bebé se altera, una sintonía ideal no implica que tú también te alteres. La sintonía consiste en asegurarte de que tu bebé sepa que ves que está alterado y en transmitirle la sensación de que eres capaz de tolerar o contener su emoción. Esta reacción podría consistir en abrazarlo con seguridad y emitir sonidos bajos y tranquilizadores. Por suerte, con la atención plena puedes confiar en tus instintos: no tienes que resolverlo con tu mente racional.

Aprovecha tu conciencia del momento presente para descubrir qué es lo que tu bebé podría estar intentando decirte. Podría ser: “Quítame de la espalda. Quiero estar boca abajo”, o “Estoy cansado, pero no consigo dormirme”, o incluso “Tengo el pañal mojado”. No siempre podrás saber exactamente qué está pasando; a veces tendrás que adivinarlo. Pero lo importante es que te comuniques con tu bebé, diciéndole en esencia: “Lo entiendo. Veo que estás incómodo. Trabajemos en equipo. ¿Qué podemos hacer?”.”

Transmitir una sensación de seguridad en uno mismo a través de la sintonía se produce en miles de microinteracciones. Las oportunidades son infinitas, así que no se trata de estar perfectamente en sintonía todo el tiempo. Eso es imposible. Se trata de decidir que quieres participar activamente en la conciencia del momento presente con tu bebé y de cultivar la capacidad para hacerlo. Tu bebé está siempre en el momento presente. La conciencia plena te permite unirte a él.

Cassandra VietenSobre la autora: Cassandra Vieten, doctora en Filosofía, es psicóloga, investigadora en medicina mente-cuerpo en el California Pacific Medical Center de San Francisco y directora de investigación del Instituto de Ciencias Noéticas. Es autora de *Mindful Motherhood: Practical Ways for Staying Sane During Pregnancy and Your Child’s First Year* (Maternidad consciente: formas prácticas de mantener la cordura durante el embarazo y el primer año de vida de tu hijo) y coautora de *Living Deeply: The Art and Science of Transformation in Everyday Life* (Vivir en profundidad: el arte y la ciencia de la transformación en la vida cotidiana). Es madre de Indigo, de ocho años.