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A pie descalzo’

Cómo el hecho de mantener los piececitos al descubierto ayuda al desarrollo del cerebro y del sistema nervioso de los bebés.

No hay nada más maravilloso que ver cómo los bebés empiezan a aprender y a explorar el mundo. Con alegría e ilusión inocentes, las nuevas experiencias que viven les permiten establecer una conexión profunda entre su entorno y ellos mismos.

El sistema sensorial es el sistema principal que sienta las bases sobre las que se desarrollan los centros cerebrales superiores. Todos conocemos los cinco sentidos básicos: el tacto, el gusto, la vista, el oído y el olfato. Es a través de estas vías básicas como los bebés establecen conexiones neurológicas y perciben la vida fuera del útero.

Hay dos sistemas sensoriales igualmente importantes, aunque no tan conocidos, que empiezan a desempeñar un papel predominante a medida que los bebés comienzan a coordinar sus movimientos y a interactuar más con el mundo que les rodea. Estos dos sistemas se conocen como el sistema propioceptivo y el sistema vestibular.

La propiocepción es la capacidad de percibir el movimiento y la posición de nuestro cuerpo en el espacio. Se genera gracias a unos receptores situados en las articulaciones, el tejido conectivo y los músculos. Cuando se activan por la presión y el movimiento, los propioceptores envían señales al cerebro indicándole cómo y en qué dirección está orientado el cuerpo.

El sistema vestibular nos permite mantener el equilibrio y la coordinación mientras cambian nuestro centro de gravedad, nuestra postura y la posición de la cabeza. A medida que los bebés van adquiriendo conciencia a través de los cinco sentidos principales, comienzan a realizar movimientos voluntarios y, poco a poco, aprenden a mantener la cabeza erguida, a darse la vuelta, a sentarse, a gatear y, finalmente, a caminar.

Fomentar actividades divertidas que estimulen los sentidos básicos es importante, por supuesto, pero es posible que subestimemos el valor de potenciar también las actividades propioceptivas y vestibulares. Una de las formas más sencillas de estimular el desarrollo propioceptivo y vestibular es dejar que nuestros bebés estén descalzos tanto como sea posible. Los pies se encuentran entre las partes del cuerpo humano con mayor riqueza sensorial. Las plantas de los pies son extremadamente sensibles al tacto, y en sus articulaciones y músculos hay una gran concentración de propioceptores. ¡Solo los pies tienen tantos propioceptores como toda la columna vertebral!

Es una noticia emocionante, pero vivimos en una cultura en la que llevar zapatos durante la mayor parte del día es la norma. Los padres suelen ponerles zapatos a sus bebés incluso antes de que empiecen a andar, lo que puede limitar el movimiento y la exploración naturales de sus piececitos, que son fundamentales para preparar el terreno de cara a cuando empiecen a moverse por sí mismos. Al hacerlo, inhibimos el establecimiento de vías y conexiones neurológicas sólidas.

Por lo tanto, a medida que los bebés empiezan a caminar, se acostumbran a tener una movilidad limitada y a que exista una barrera entre las sensibles plantas de los pies y el suelo. Con los zapatos puestos, los pequeños músculos y articulaciones de los pies no pueden adaptarse a los cambios del terreno sobre el que caminan, lo que significa que los propioceptores no pueden recibir una estimulación óptima y que se inhibe la información vestibular.

Cuando se nos permite andar descalzos, las vías táctiles perciben la superficie del suelo, los propioceptores responden a la presión y el terreno genera ligeros desequilibrios que desarrollan la fuerza neuromuscular, la orientación espacial, el equilibrio y la coordinación.

Es evidente que queremos proteger a nuestros pequeños cuando juegan al aire libre con frío o sobre una superficie que podría lesionarles los pies. Pero, con un poco de orientación y si hay un trozo de césped blando, tierra o hojas mojadas a su alcance, ¡anima a los bebés a descubrir lo bien que sienta andar descalzos! Esto les proporciona una base excelente para desarrollar los centros cerebrales superiores responsables del control emocional, la resolución de problemas, el lenguaje, las habilidades sociales y la confianza en sí mismos.

Otra ventaja de dejar a los bebés descalzos es que fomenta la presencia de ánimo y la conciencia plena. A medida que las pequeñas almohadillas de los pies de los bebés perciben, se mueven y mantienen el equilibrio sobre la superficie que están explorando, la información que llega a su cerebro a través de las vías táctiles, propioceptivas y vestibulares inhibirá otros estímulos sensoriales superfluos. Esto genera concentración y conciencia a la hora de caminar y moverse por el espacio; los bebés se sintonizan más con su entorno.

Este es un mensaje importante también para los adultos. Nunca es demasiado tarde para estimular los sistemas propioceptivo y vestibular de nuestro propio cuerpo; seguimos creando nuevas conexiones neuronales, incluso a medida que envejecemos. Sin embargo, con la edad, nuestros sistemas propioceptivo y vestibular suelen verse inhibidos. Perdemos el equilibrio y la concentración tanto en nuestro cuerpo como en nuestra vida y, como consecuencia, podemos perder nuestras conexiones profundas con nuestro entorno, con nosotros mismos y con los demás.

¿Cuándo fue la última vez que te quitaste los zapatos y caminaste descalzo por la tierra, la hierba o un charco de agua? ¡Anímate, junto con tus bebés y niños, a explorar, jugar y sentirte libre para dejar que el mundo despierte tus sentidos! No solo es una sensación increíble experimentar de cerca la tierra bajo tus pies, sino que además puede transportarte de vuelta a la infancia. ¡Puedes volver a descubrir el mundo como un lugar nuevo y emocionante, tal y como lo hacen los bebés!