Reflexiones sobre el aislamiento
No estamos solos en nuestra forma de criar a los hijos. Estamos todos aquí juntos, conectados como parte de un todo. Y los padres que lo hacen de forma totalmente diferente también están conectados con nosotros. Quizás aún no nos hayamos dado cuenta.
La ilusión de la separación duele. Si miro a una madre que le grita a su hijo en el parque y la veo como una persona ignorante y descuidada, estoy creando mi propio aislamiento y mi propio dolor. Si, en cambio, me doy cuenta de que está al límite de sus fuerzas, sintiéndose impotente y fuera de control, estoy con ella. Ella es parte de mí. Es una madre en mi propia película, en mi propia vida. Tengo aquí conmigo a una madre que lo está pasando mal y a un niño que está sufriendo. ¿Cómo puedo ayudar? Por mi propio bien, ayudo porque quiero una visión más bondadosa para mí y para mis hijos.
Si veo basura en el suelo del parque, la recojo porque quiero que el parque esté limpio. Si veo a un padre gritando, quiero que tanto el padre como el niño se traten con amabilidad; por eso, ayudo. Aporto amabilidad al mundo de ese momento. Puedo ofrecer apoyo emocional o ayuda física si puedo y si es necesario y bienvenido. Si no puedo ayudar, mantengo pensamientos cariñosos y comprensivos hacia la madre y el niño. A veces, una mirada cariñosa y comprensiva marca toda la diferencia. En esa fracción de segundo, la madre conecta conmigo, sabiendo que no está sola, que no se la juzga; ella y yo formamos una comunidad. Puede que se calme y que la amabilidad fluya a través de ella.A menudo recibo llamadas de madres que se sienten aisladas; nadie más duerme con sus hijos, les deja hacer lo que quieren, etc. Déjame decirte lo que veo: quieren hacerlo, pero simplemente no saben cómo, y todas las mentes humanas están diseñadas para defender su postura. Si las ves como algo separado, equivocado o estúpido, te aíslas a ti mismo y las excluyes de la posibilidad del amor. Es lo mismo cuando presumimos de nuestros hijos: la alegría no es personal. Cada niño forma parte del todo. Podemos alegrarnos por los éxitos y la felicidad de todos los niños y padres. La felicidad de cualquier niño es mía y tuya, y cualquier dolor también es mío y tuyo. Cada padre o madre forma parte de la creación del todo. Nuestros hijos no son míos ni tuyos como padres individuales, sino nuestros, para celebrarlos y criarlos juntos. Para crear paz, todos tenemos que llegar a este lugar amoroso de conexión. Debemos cuidar de cada madre y cada niño.
Cuidar no significa intervenir ni juzgar, sino únicamente incluir y asumir la responsabilidad. Esta madre forma parte de mí. En mi comunidad hay un niño y un padre que sufren. O les ayudo, o les dedico mis pensamientos llenos de cariño. Es como tener dolor en el brazo. Mi brazo forma parte de mi cuerpo: lo veo como parte de mí y lo cuido. La madre afligida también forma parte de mi universo, y hay que cuidarla… con amor.