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El niño equilibrado

Todos los padres quieren criar al hijo perfecto: sano, feliz, querido y respetado, con grandes logros y metas aún más ambiciosas. Queremos que nuestros hijos tengan lo que nosotros no tuvimos y que alcancen sus sueños. Todo esto está muy bien, a menos que nos centremos tanto en lo que deseamos para nuestro hijo que nos olvidemos de lo que, en esencia, es mejor para él.

Hiperpaternidad

El término «hiperpaternidad» describe una tendencia peligrosa en la crianza de los hijos en los hogares de clase media y media-alta. En las familias que practican la hiperpaternidad, los padres se involucran en exceso en cada detalle de la vida académica, deportiva y social de sus hijos. Amplían innecesariamente el entorno de sus hijos y les sobrecargan de actividades.

En su sincero deseo de ayudar a sus hijos a triunfar, estos padres les ponen trabas al no permitirles ser, sencillamente, niños.

Exceso de actividades

Los niños de hoy en día reciben mucho más que una simple educación básica. Muchos participan en varias de las siguientes actividades extraescolares: deportes, clubes, clases de música, clases de arte, clases de idiomas extranjeros, clases particulares cuando las necesitan e Internet.

Por separado, estas actividades son muy valiosas, pero, cuando se combinan, pueden dejar a padres e hijos agotados.

Algunos padres afirman que hacen participar a sus hijos en estas actividades para evitar que se aburran.1 Lo que se les olvida es que el aburrimiento es un catalizador de la creatividad. El aburrimiento puede estimular la imaginación de un niño; en cambio, sobrecargarle de actividades no le da la oportunidad de poner en práctica su capacidad innata para entretenerse por sí mismo.

Crianza competitiva

Criar al hijo perfecto se ha convertido casi en un deporte de competición, en el que el premio consiste en que el niño empiece a hablar pronto, acceda a programas para niños superdotados y con talento o consiga entrar en una universidad de élite. Estas cosas, y no tener un hijo equilibrado y feliz, se han convertido en el baremo para medir el éxito de los padres.

Según el doctor Alvin Rosenfeld, “los padres competitivos reaccionan ante los últimos hallazgos científicos que aparecen en los medios de comunicación —cuya validez, como bien saben los profesionales, es dudosa— poniendo música de Mozart en las habitaciones de sus bebés para estimular su capacidad matemática, matriculando a los niños pequeños en programas organizados de gimnasia para perfeccionar su desarrollo motor grueso y apuntando a niños demasiado pequeños para comprender las reglas a deportes de equipo competitivos. Insisten en que los niños, que apenas están despiertos, asistan a clases de piano a las 7 de la mañana y en que los estudiantes de secundaria pulan sus currículos para que se ajusten a los perfiles que, supuestamente, buscan las universidades de élite’.”2

Es posible que muchos padres reconozcan estas características en sí mismos, pero, a pesar de saber que sus hijos tienen una agenda demasiado apretada, muchos optarán por mantener ese ritmo por miedo a que reducirla pueda perjudicar el futuro de sus hijos.

La presión

¿De dónde viene esta presión? ¿Por qué los padres sienten esa necesidad abrumadora de empujar a sus hijos no solo a tener éxito, sino a sobresalir? Hubo un tiempo en el que se animaba a los padres a confiar en sí mismos y en sus instintos. Hoy en día ya no es así, ya que los expertos dan a entender que cada decisión que se tome por los niños tendrá implicaciones cruciales para el futuro y, con su tono de urgencia y autoridad, elevan la ansiedad de los padres a niveles insoportables y sacan lo peor de todos.

La presión también proviene de los colegios, que se encuentran en el otro extremo de una carrera de relevos en la que cada uno se lava las manos para que sean los demás quienes se encarguen de formar a los niños mejores y con mayor nivel educativo. Los colegios tienen que demostrar los resultados obtenidos con el dinero de los impuestos que han recibido y reaccionan ante la presión exigiendo más a los niños, normalmente con el pretexto de aumentar los deberes, lo que se supone que mejorará su rendimiento futuro. 3

Otro factor que contribuye a ello es la creencia errónea de que el desarrollo infantil es absolutamente lineal. Muchos padres creen, a error, que si su hijo aprende a leer pronto, dentro de quince años obtendrá mejores resultados en la parte verbal del SAT. Por eso, los padres presionan a sus hijos para que alcancen los hitos del desarrollo antes de tiempo y desarrollen habilidades más rápido que sus compañeros, con la esperanza de que esto les ayude a lograr grandes cosas en el futuro.

Los resultados finales

Tenemos que preguntarnos cómo está afectando este tipo de vida a los niños. ¿Qué sienten los niños cuando se enfrentan a un desfile interminable de actividades? Pensemos en el daño que esto podría estar causando a una autoestima aún en desarrollo. El mensaje subliminal que los niños reciben de este escrutinio constante y esta hiperactividad es que son insuficientes tal y como son, sin pulir. Los niños se convencen a sí mismos de que, si fueran aceptables tal y como son, no necesitarían todo este enriquecimiento adicional. Empiezan a sentirse inadecuados e inferiores; esto hace que pasen más tiempo absortos en la Game Boy, la Nintendo o los últimos videojuegos. Llevado al extremo, estos niños llegan a veces incluso a abandonar el colegio; al sentir que nunca estarán a la altura, dejan de intentarlo.2

Está claro que, posiblemente, la sobreprotección pueda ser un factor que contribuya al aumento de la incidencia de la depresión en los adolescentes, el abuso de sustancias y otras formas de comportamiento problemático.

Conclusión

Es hora de que los padres se den cuenta de que quizá su hijo o hija no sea la próxima primera bailarina, violinista de concierto, quarterback, jugador de campo o presidente de los Estados Unidos, pero eso no significa que no vayan a tener una vida igual de plena. Lo que muchos padres no se dan cuenta es que, incluso sin todas esas actividades extraescolares, sus hijos van por buen camino para convertirse en todo lo que podrían desear y más.

La Dra. Claudia Anrig lleva ejerciendo en el ámbito del bienestar familiar desde 1982. Ha editado libros de texto sobre quiropráctica pediátrica y clínica y ha escrito numerosos artículos sobre el tema: «La atención quiropráctica para niños». En la actualidad forma parte de la Junta Directiva de la ICPA.

Referencias:

  1. Un poco de aburrimiento es saludable por David Elkind, https://enews.tufts.edu/stories/083002BoredomHealthy.htm
  2. El niño con una agenda sobrecargada: cómo evitar la trampa de la «hipercrianza» por Alvin Rosenfeld, médico, y Nicole Wise (Griffin, 2001)
  3. Recuperar la infancia: dejar que los niños sean niños en nuestra sociedad orientada al éxito por William Crain