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La medicina sagrada

Por John Ohm

La Nueva Medicina Germana (GNM) puede parecer que da un vuelco a nuestra forma de entender la salud, pero, en realidad, llevamos demasiado tiempo viendo las cosas al revés. “La Medicina Sagrada” (The Sacred Medicine) desarrolla lo que la quiropráctica sabe desde hace más de 100 años: que la inteligencia del cuerpo es sumamente capaz de curarse a sí misma, y que incluso los síntomas “más aterradores” no solo tienen un propósito, sino también un curso y una resolución predecibles. Por fin estamos encontrando nuestro camino y nos adentramos en una nueva frontera científica del cuerpo y la psique. Aquí profundizaré en lo que he aprendido y ofreceré más formas de abordar este fascinante tema. 

Empecemos con algunos estudios reveladores sobre ratones de campo y hámsters. Aunque en un principio tenían como objetivo determinar si el humo provoca cáncer, estos estudios confirman de manera contundente los principios de la GNM. Cuando los investigadores expusieron tanto a ratones de campo como a hámsters al humo, sorprendentemente solo los ratones de campo desarrollaron cáncer de pulmón, mientras que los hámsters, en su gran mayoría, no lo hicieron. De hecho, muchos hámsters vivieron más tiempo que sus congéneres que no estuvieron expuestos al humo. 

Esta desconcertante diferencia dejó perplejos a los científicos tradicionales, pero cobra todo su sentido desde la perspectiva de la GNM. Teniendo en cuenta su historia biológica y su programación ancestral, sabemos que los ratones de campo vivían sobre el suelo, en campos donde el olor a humo señalaba una emergencia de vida o muerte. Para estos ratones, el humo significa fuego, y el fuego significa peligro inminente. Por eso, su biología está programada para reaccionar ante esta amenaza, lo que desencadena lo que la GNM denomina un choque de conflicto de “miedo a la muerte”. 

En la GNM, un shock de “miedo a la muerte” activa un programa biológico controlado por el tronco encefálico. Este programa provoca el crecimiento de células adicionales en los alvéolos pulmonares para ayudar al organismo a absorber más oxígeno y sobrevivir a la amenaza percibida. En esencia, el cuerpo intenta maximizar la ingesta de oxígeno para sobrevivir al peligro, lo que da lugar al crecimiento de las células alveolares. 

Los hámsters, sin embargo, han evolucionado para vivir bajo tierra, donde el humo no se asocia con un peligro mortal. No tienen la misma respuesta biológica al humo porque, en su hábitat natural a lo largo de eones de tiempo, el humo rara vez, o nunca, ha sido señal de peligro inmediato. Por lo tanto, cuando se exponen al humo, los hámsters no activan este programa de adaptación biológica que consiste en el crecimiento de las células alveolares. 

Lo que antes era un misterio biológico se convierte, en el marco de la GNM, en una expresión clara y lógica de adaptación inteligente. Los investigadores actuales podrían buscar diferencias genéticas para explicar por qué los hámsters no “desarrollan cáncer” a causa del humo, con la esperanza de encontrar un “gen que combata el cáncer”. Sin embargo, este enfoque pasa por alto el panorama general: la diferencia clave radica en la historia evolutiva y las respuestas biológicas heredadas de estas dos especies. 

Los ratones de campo han evolucionado en entornos en los que el humo suponía un peligro inminente, por lo que, a lo largo de generaciones, han desarrollado una respuesta programada ante esta amenaza. Los hámsters, por su parte, tienen una historia evolutiva diferente, ya que viven bajo tierra, donde el humo no supone ningún peligro. Su biología está adaptada a otros peligros, lo que significa que no reaccionan ante el humo de la misma manera. 

Esa misma lógica también se puede aplicar a los seres humanos. Podemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿cuál es la sabiduría codificada biológicamente en relación con la salud humana y cuáles son los estilos de vida y los entornos más adecuados para nuestra salud como especie? 

Comprender estos matices nos ofrece una perspectiva increíble sobre por qué algunas personas padecen determinadas enfermedades y otras no, pero también revela algo más amplio. Pone de relieve la importancia de nuestras experiencias individuales en relación con nuestra herencia ancestral y cómo estos factores determinan nuestras respuestas biológicas. 

Descubrir el potencial predictivo en el ámbito de la salud 

La GNM arroja mucha luz sobre las diferencias en los resultados de salud tanto entre individuos como entre especies. Ahora, profundicemos en el revolucionario poder predictivo que la GNM nos ofrece a los seres humanos, al proporcionarnos la primera ciencia natural de la salud de la historia. 

Uno de los aspectos más innovadores de la GNM es su capacidad para predecir y comprender los problemas de salud desde la perspectiva de los programas biológicos. La clave de esta capacidad predictiva reside en el descubrimiento de los focos de Hamer (HH) en el cerebro. Al localizar estos HH en determinados centros de control del cerebro, podemos determinar qué programas biológicos están activos en ese momento en el organismo de una persona. 

Imaginemos que encontramos un HH en el centro de retransmisión de los alvéolos pulmonares del tronco encefálico. Esto nos revelaría tres cosas fundamentales: 

  1. Esta persona ha experimentado un conflicto de “miedo a la muerte”, un temor repentino e intenso a la muerte, ya sea la propia o la de un ser querido. 
  2. Su organismo responde a este conflicto multiplicando las células de los alvéolos pulmonares para aumentar la absorción de oxígeno, lo que constituye un mecanismo de supervivencia inteligente. 
  3. Una vez resuelto el conflicto, el HH del cerebro se disolverá, lo que dará lugar a una fase inflamatoria de curación en el órgano —los alvéolos pulmonares—, caracterizada por síntomas como la tos y la flema, a medida que las células se descomponen y se eliminan. 

Incluso sin una tomografía computarizada del cerebro, comprender los principios de la GNM nos permite hacer predicciones extraordinariamente precisas sobre la salud de una persona. Al reconocer si alguien ha sufrido un determinado choque de conflicto biológico (un síndrome de Dirk Hamer, o DHS) o no, podemos anticipar si su cuerpo se verá involucrado en un programa biológico de adaptación concreto. Además, podemos predecir que, cuando se resuelva un conflicto determinado, el cuerpo entrará en una fase de curación necesaria y específica para cada órgano, que se manifiesta como una “itis” inflamatoria aguda y sintomática. Imaginemos que consideráramos esa inflamación como un proceso de curación, sin miedo ni pánico agudos. 

Pero la verdadera magia del poder predictivo de la GNM se hace más evidente cuando disponemos de imágenes cerebrales. Una tomografía computarizada puede identificar con precisión los HH activos en el cerebro, confirmando si un conflicto ha puesto en marcha un programa biológico. Esta perspectiva es increíblemente poderosa, ya que nos permite ver el vínculo directo entre la actividad cerebral, las experiencias de la psique y los síntomas físicos. 

De cara al futuro, el potencial de los dispositivos portátiles de tomografía por resonancia magnética (MRT) resulta especialmente prometedor. Imagina un dispositivo pequeño y accesible que las familias o los profesionales de la medicina holística pudieran utilizar para escanear el cerebro e identificar los programas biológicos activos. Con un dispositivo así, una familia podría escanear el cerebro de su hijo para supervisar la activación de dichos programas biológicos. 

Esto es lo que podrían hacer con esta información: 

  1. Identificar los programas activos: Las familias podrían identificar nuevos procesos biológicos a medida que se activan en el organismo, lo que les permitiría comprender mejor las experiencias estresantes del niño que, de otro modo, podrían haber pasado por alto. Estos conflictos estresantes tienen, a su vez, efectos directos en los órganos. 
  2. Comprender el contenido del conflicto biológico: Saber qué centro de relé cerebral y qué órgano se ven afectados por un programa biológico permite descifrar el conflicto específico que la persona debe de haber experimentado. Por ejemplo, un programa del tronco cerebral relacionado con los alvéolos pulmonares indica una experiencia de conflicto de “miedo a la muerte”, mientras que un programa de la corteza cerebral relacionado con la piel externa indica un “conflicto de separación”.” 
  3. Predecir las fases de curación: Una vez identificado el conflicto activo, las familias pueden anticipar los síntomas de la fase de curación, como la inflamación u otros procesos de recuperación, que se producirán cuando se resuelva dicho conflicto. Esto garantiza que estén preparadas y que los síntomas no las pillen desprevenidas. 

Cuando una persona entra en la fase de recuperación tras resolver un conflicto, su cuerpo necesita un entorno estable y seguro para garantizar que el nervio vago pueda funcionar de forma óptima.

Imagina la tranquilidad que esto podría aportar. Los síntomas ya no aparecerían de la nada, provocando miedo y pánico. En su lugar, las familias tendrían una idea clara de qué esperar y por qué ocurre. Este conocimiento transforma el enfoque de nuestra cultura respecto a la salud, sustituyendo el miedo y la superstición por la comprensión y la previsión. 

Este sistema revolucionario también permite a las personas abordar las manifestaciones relacionadas con la salud desde su causa raíz. Cada síntoma se corresponde con un programa biológico que afecta al órgano, el cual está vinculado a un HH en un relé cerebral y, por lo tanto, a un tipo específico de experiencia de conflicto biológico. Al comprender estas conexiones, podemos predecir y gestionar la salud de forma más eficaz que nunca. 

El valor potencial de este conocimiento es incalculable, sobre todo en manos de un quiropráctico o un médico holístico que ya trabaje según un modelo de atención salutogénico (más información al respecto a continuación). Imagina un mundo en el que los síntomas de salud, incluido el cáncer, ya no sean misteriosos ni aterradores. Por el contrario, se entienden como respuestas naturales y predecibles a los conflictos y retos de la vida. 

Con la GNM, nos encontramos en los albores de una nueva era en las ciencias de la salud, una era que nos libera del miedo y nos dota de la visión de futuro necesaria para gestionar nuestra salud con confianza y claridad. 

Integración de la salutogénesis y la teoría polivagal 

En nuestro recorrido por la Nueva Medicina Germana (NMG), hemos descubierto su profundo poder predictivo y las perspectivas revolucionarias que ofrece sobre la salud y la enfermedad. Ahora, profundicemos en cómo los conceptos más amplios de la salutogénesis y la teoría polivagal enriquecen nuestra comprensión de este nuevo paradigma de la salud. 

La «salutogénesis», término acuñado por el sociólogo médico Aaron Antonovsky, desplaza el enfoque del mantenimiento de la enfermedad hacia la creación de la salud. Destaca la importancia de mejorar la adaptabilidad y la resiliencia, que son la base de nuestra salud. Un elemento fundamental de la salutogénesis es nuestro «sentido de la coherencia» (SOC), que se compone de tres factores clave: comprensibilidad, manejabilidad y sentido. En esencia, estos factores representan la capacidad de una persona para comprender (predecir), gestionar y encontrar un sentido positivo en las experiencias estresantes de la vida. 

Este marco constituye un complemento perfecto para la GNM en el contexto de los síntomas que provocan miedo. La capacidad de predecir y comprender los mecanismos biológicos de adaptación que se producen en respuesta a los conflictos, tal y como destaca la GNM, encaja a la perfección con la idea de «comprensibilidad» de la salutogénesis. Cuando las personas comprenden que sus síntomas son respuestas predecibles a choques de conflicto específicos, adquieren una sensación de control y capacidad de gestión sobre su salud. Esta comprensión también les ayuda a encontrar sentido a sus experiencias, transformando el miedo en empoderamiento. 

La teoría polivagal, desarrollada por el Dr. Stephen Porges, analiza la relación entre nuestro sistema nervioso, la conectividad social y la salud. Destaca el papel fundamental del nervio vago, que regula nuestro estado fisiológico e influye en nuestra capacidad para conectar con los demás. Según esta teoría, sentirnos seguros y apoyados por los demás es esencial para que nuestro sistema nervioso funcione a un nivel óptimo de expresión de la salud. 

En términos de la GNM, cuando se produce un choque por conflicto biológico (DHS), casi siempre se trata de una experiencia de aislamiento que altera nuestra sensación de seguridad y conexión. La teoría polivagal ofrece un antídoto pragmático: el apoyo comunitario y social, para alinearnos con nuestra resiliencia ideal del sistema nervioso y nuestro estado de funcionamiento. 

Ahora, profundicemos en el papel crucial del nervio vago y el concepto de vagotonia en la fase de curación. Quienes estudiamos la GNM sabemos que la fase de curación tras un conflicto se caracteriza por lo que se denomina “vagotonia prolongada”. Esto significa que la curación y la recuperación tras la resolución de un conflicto están mediadas por el nervio vago. Por lo tanto, todas las medidas que favorecen la función vagal —especialmente la creación de una sensación de seguridad— son cruciales durante esta fase. 

Resulta que, como era de esperar, la sensación de seguridad y el apoyo de la comunidad son esenciales para una recuperación satisfactoria. La “vagotonia”, un estado del sistema nervioso caracterizado por el predominio del sistema nervioso parasimpático, es fundamental para la curación. Este estado es crucial durante la fase de resolución posterior al conflicto, cuando el cuerpo se cura y se repara activamente. Sin embargo, el funcionamiento de la vagotonia depende en gran medida de que la persona se sienta segura. Sin esta sensación de seguridad, el proceso de curación puede verse interrumpido, lo que podría dar lugar a complicaciones, especialmente si la fase de curación es intensa debido a una experiencia previa de conflicto prolongado. 

Comprender la habilidad oculta de aprovechar la vagotonia para uno mismo y para los demás puede transformar nuestro enfoque de la curación. Cuando una persona entra en la fase de curación tras resolver un conflicto, su cuerpo necesita un entorno estable y seguro para garantizar que el nervio vago pueda funcionar de forma óptima. Esta fase es un momento delicado en el que los recursos del cuerpo se dirigen hacia la restauración celular y la recuperación de todo el organismo, lo que hace que el papel del nervio vago sea fundamental. 

El cuerpo siempre guiará nuestro futuro de la mejor manera posible y de acuerdo con nuestro deseo y propósito más elevados si tiene libertad para hacerlo.

Imagina a una persona que acaba de resolver un conflicto importante. Su cuerpo entra en un estado de vagotonia, lo que da inicio a la fase de recuperación. Si esta persona experimenta pánico o miedo agudos durante este momento crítico, puede resultar perjudicial para su recuperación. El estrés agudo altera el estado de vagotonia, lo que impide el proceso de curación y puede agravar los síntomas. Esto subraya la importancia de crear un entorno que favorezca el funcionamiento del nervio vago. 

Aquí es donde entran en juego el aspecto pragmático de la salutogénesis y la teoría polivagal. La salutogénesis hace hincapié en mejorar la adaptabilidad y la resiliencia, ayudando a las personas a desarrollar su «sentido de la coherencia» (SOC), es decir, la capacidad de comprender, gestionar y encontrar sentido a sus experiencias estresantes, mientras que la teoría polivagal destaca la importancia de las relaciones sociales y la seguridad para el funcionamiento óptimo del sistema nervioso. Estos marcos teóricos sientan las bases para un sistema sanitario eficaz en el futuro. 

Desde un punto de vista práctico, la mejor forma de apoyar al nervio vago y la fase de recuperación de la vagotonia es unir a las personas en torno al conocimiento y la comprensión de lo que el cuerpo está expresando. Cuando una comunidad comprende el conflicto al que se enfrentó la persona y el programa biológico que se activó, puede ofrecer compasión, empatía y apoyo práctico. Esta comprensión colectiva evita el pánico y el miedo, que son señales de peligro que perturban la vagotonia. 

Pensemos en una familia que utilice los conocimientos de la GNM para apoyar a uno de sus miembros en la fase de curación. Al reconocer los síntomas como parte de un programa biológico predecible, la familia puede transmitir una sensación de seguridad y estabilidad. (Además, su quiropráctico puede crear un espacio de curación y comunidad basado en el conocimiento, con apoyo manual para el sistema nervioso y el cuerpo físico.) Esto genera un entorno en el que el nervio vago puede facilitar la curación de forma eficaz. 

La conexión entre la mente y el cuerpo en este contexto es profunda. Nosotros, como seres humanos, podemos convertirnos en cocreadores conscientes de nuestro proceso de sanación. 

Constelaciones cerebrales y trastornos psiquiátricos 

La investigación del Dr. Hamer ofrece un nuevo marco de referencia no solo para comprender los síntomas biológicos como respuestas a choques conflictivos inesperados, sino que va aún más allá al aportar nuevas perspectivas sobre los “trastornos psiquiátricos”.” 

Hamer ha descubierto que estas afecciones o “psicosis”, como los trastornos bipolares, la agresividad o los comportamientos obsesivo-compulsivos (entre muchos otros), tienen su origen en una “constelación” de HH que afectan a hemisferios cerebrales opuestos (dos o más conflictos que se localizan en partes diametralmente opuestas del cerebro). En otras palabras, la persona se enfrenta a dos o más conflictos biológicos distintos en su vida, que confluyen entre sí. Con la aparición de una constelación en el cerebro, observamos un cambio inmediato y significativo en la personalidad del individuo. Toda esta área de investigación es una de las ramas más intrigantes de la Nueva Medicina Germánica y tiene el potencial de revolucionar el estudio de la psicología, incluyendo el desarrollo infantil, así como la crianza y la educación, y ofrece esperanza a quienes padecen estas afecciones. 

Una nueva ciencia natural: un conocimiento práctico de la inteligencia innata 

La Nueva Medicina Alemana se considera, con razón, una “nueva ciencia natural”. Esta denominación es muy significativa. Al igual que la ecología, la biología o la física, tiene el potencial de resultar indispensable para nuestro progreso como especie humana. ¿Cómo debemos entender esta “nueva ciencia natural”? Una forma de hacerlo es recordar lo que B.J. Palmer, el creador de la quiropráctica, denominaba “conocimiento aplicable de la inteligencia innata”.” 

En sus últimos años, B.J. quería transmitir a los quiroprácticos un mensaje fundamental para el futuro. “¿Necesita la quiropráctica la Inteligencia Innata?”, preguntó. “Me cuesta mucho imaginar que una facultad de quiropráctica pueda ser de alguna utilidad para sus estudiantes, o que esos graduados puedan ayudar a sus pacientes, sin un conocimiento práctico de la Inteligencia Innata que está detrás de todo, que lo ve todo, lo sabe todo y lo hace todo. Nadie puede conocer los fundamentos de la quiropráctica a menos que conozca, comprenda y tenga un conocimiento práctico de la Inteligencia Innata que, desde dentro y desde detrás, hace que todo sea posible en un cuerpo vivo, enfermo o sano”.” 

El cuerpo se recuperará, a menos que el conflicto vuelva a surgir o que nuevos miedos y pánico alteren el tono vagal del sistema nervioso. Podemos abordar estos problemas de forma proactiva si simplemente aprendemos a apoyarnos mutuamente con estos nuevos conocimientos.

Las palabras de B.J. Palmer ofrecen una importante base filosófica para empezar a comprender la nueva ciencia natural de la salud que se nos presenta hoy en día. En esencia, un “conocimiento práctico de la Inteligencia Innata” se reduce a la confianza. ¿Cómo nos armonizamos con la Inteligencia Innata de la vida? A través de la confianza. Confiar es más que una elección; es una habilidad que podemos desarrollar. En nuestra capacidad para confiar reside la clave primordial y esencial para nuestra salud y nuestro futuro. 

Sin embargo, en los tiempos que corren, este es precisamente el reto. ¿Cómo podemos confiar en la Inteligencia Innata de la vida cuando contamos con todo un marco médico que califica sus manifestaciones de “malignas”? La verdad es que no podemos confiar en lo Innato mientras sigamos siendo fieles a ese marco. Y este es nuestro dilema. Si seguimos considerando que el poder vital que hay en nuestro interior es “malvado” y “maligno”, y lo reprochamos con miedo, nunca alcanzaremos nuestro pleno potencial como especie. O, mejor dicho, ese pleno potencial nunca podrá desarrollarse libremente en nuestro interior. 

Para fomentar la confianza en la Inteligencia Innata, debemos sustituir nuestros miedos “racionales” acumulados por una confianza razonable, basada en el conocimiento y las pruebas de la Inteligencia Innata en acción. Este es el regalo que nos ofrece la GNM: demostrar que todo lo que hace el cuerpo, incluidos todos los síntomas que manifiesta, es extraordinariamente inteligente y revela un propósito biológico en el contexto de nuestras experiencias vividas. 

Cuando nuestro cuerpo nos envía señales, sobre todo en forma de síntomas, debemos valorarlas como mensajes vitales para nosotros en el momento presente, llenos de significado e intención, que no son ni fortuitos ni inútiles, sino todo lo contrario: son de una sabiduría inconmensurable. 

Cuando alcanzamos un amor racional por la vida, la naturaleza y el cuerpo, entonces podemos descubrir por fin ese “conocimiento aplicable” de la Inteligencia Innata y ver cómo la vida, en su totalidad, expresa verdaderamente la inteligencia. Es entonces cuando nuestra comprensión se convierte en una confianza sagrada; no solo pensar, sino saber, que el cuerpo siempre guiará nuestro futuro de forma óptima y de acuerdo con nuestro deseo y propósito más elevados, si es libre de hacerlo. Cuando nuestro cuerpo nos envía señales, especialmente en forma de síntomas, debemos apreciarlas como mensajes vitales para nosotros en el momento presente, llenos de significado e intención, no accidentales ni inútiles, sino todo lo contrario: de una sabiduría inconmensurable. 

Al unirnos en este momento de la historia, podemos experimentar la realización del potencial innato de la humanidad. Aunque algunos aspectos de nuestro mundo puedan parecer imposibles de abordar, esto no hace más que reflejar el “milagro imposible” que habita en nuestro interior y que puede crecer más allá de cualquier obstáculo. Al aprender a generar confianza, desplegamos en nuestro interior este milagro imposible, liberando un poder de sanación verdaderamente sagrado. Con este poder viene la capacidad de vivir con sabiduría y con un propósito. Y si aprendemos a trabajar con él, puede convertirse en el poder que haga realidad nuestro futuro, revelando las profundidades de nuestra interconexión humana, nuestro amor y reconocimiento mutuos, y un mundo que nuestros corazones saben que es posible. 

Las ideas y los descubrimientos de la GNM constituyen un regalo que hay que cuidar y hacer crecer. Esto comienza con el asombro y la humildad necesarios para desprenderse de los viejos modelos de pensamiento arraigados, lo que permite renovar la confianza en uno mismo y celebrar a los demás. Cada uno de nosotros tiene en su interior la capacidad de lograr grandes cosas —mayores de lo que jamás hubiéramos soñado— a través de nuestra reconexión con la inteligencia innata de la naturaleza. Al unirnos en este momento de la historia con amor y confianza hacia nuestros cuerpos, hacia nosotros mismos y hacia los demás, podemos experimentar la plenitud del potencial innato de la humanidad. 

Me gusta pensar en esta realización en términos del desarrollo de un recién nacido. Somos una sola humanidad, que está aprendiendo a mantenerse erguida y a dar sus primeros pasos en la vida. Descifrar la inteligencia innata del cuerpo representa nuestros primeros pasos en un viaje que nos llevará a lugares que nunca hubiéramos imaginado. 

Nuestra evolución filosófica, de la mano de la nueva ciencia de la GNM, nos invita a replantearnos nuestras ideas sobre la salud, la curación y la experiencia humana. Nos abre las puertas a adoptar un nuevo paradigma en el que el cuerpo y la mente trabajan juntos en un proceso dinámico e interconectado. Tenemos ante nosotros el potencial de revolucionar nuestro enfoque de la salud, en términos prácticos, lo que nos conduce hacia un futuro en el que caminaremos erguidos como una familia humana, en plena sintonía con la sabiduría de nuestros cuerpos y la claridad de nuestras mentes.

Una nueva perspectiva sobre el contagio y la metástasis 

En la medicina moderna, la hipótesis de la “metástasis” celular goza de amplia aceptación. Por ejemplo, un médico puede detectar un tumor primario en el hígado de un paciente y, posteriormente, descubrir otro tumor en los alvéolos pulmonares. Tradicionalmente, esta secuencia supone un mecanismo causal mediado por las células. Sin embargo, la Nueva Medicina Germánica (NMG) ofrece una comprensión más profunda al tener en cuenta la experiencia psíquica de pánico, miedo y conmoción que se produce al descubrir el tumor “primario”. 

En el ámbito clínico, a menudo se califica a un tumor de “maligno” y “mortal”. Si el paciente interpreta este diagnóstico como un “miedo a la muerte”, la psique, a través de un mecanismo de transmisión preciso en el tronco cerebral, activará uno o varios crecimientos celulares en los alvéolos pulmonares. Por lo tanto, los tumores secundarios no se deben a la transmisión material de “células malignas”, sino a una respuesta de miedo inducida en la psique y el cerebro, que da lugar a una adaptación biológica (crecimiento celular) en otro órgano. 

Otra idea arraigada en la medicina moderna es la del “contagio” como transmisor de los síntomas de las enfermedades. La noción de contagio microscópico pretende explicar por qué dos o más personas enferman cuando se encuentran muy cerca unas de otras. Sin embargo, la GNM muestra cómo estos síntomas pueden predecirse mediante el examen del cerebro. Por ejemplo, cuando varias personas experimentan el mismo choque de conflicto biológico, sus cerebros se ven afectados simultáneamente. 

Cuando una familia o una comunidad se enfrenta a un impacto colectivo, sus sistemas nerviosos se sincronizan con el conflicto y, una vez resuelto este, entran colectivamente en la fase de curación inflamatoria posterior al conflicto. Un ejemplo histórico es el impacto colectivo del conflicto de la Primera Guerra Mundial, seguido de la denominada “gripe española” cuando el conflicto se resolvió en 1918. 

Además, los síntomas de una persona pueden desencadenar un “choque de conflicto” en otra. Si la segunda persona teme que los síntomas sean “muy contagiosos y peligrosos” o siente una profunda preocupación por la persona enferma, puede experimentar su propio “choque de conflicto”. Por ejemplo, un padre que padezca faringitis estreptocócica tras resolver un conflicto personal de «no poder tragar ni un bocado» (por ejemplo, la pérdida de un contrato de alquiler o de un préstamo para el trabajo) podría provocar miedo en sus seres queridos. La preocupación de estos por su inflamación y su dificultad para comer podría dar lugar a su propio conflicto de «no poder tragar ni un bocado», lo que provocaría una inflamación de las amígdalas una vez que sus síntomas mejoren y se resuelva la preocupación de sus seres queridos por él. 

Además, cuando un líder o una figura de autoridad de un grupo sufre un choque por conflicto biológico, su sistema nervioso puede entrar en resonancia con el de quienes le rodean, lo que desencadena programas biológicos similares en el grupo. Esta idea sugiere que la angustia de una persona puede influir en los sistemas nerviosos de los demás, provocando respuestas similares. Aunque, en cada caso, tiene que haber un elemento de “conmoción” para iniciar la adaptación de un programa biológico. 

Estas investigaciones, que han sido posibles gracias a la incorporación empírica de la psique en la biología —mediada por el cerebro y el sistema nervioso—, ofrecen una nueva forma de entender fenómenos que antes estaban envueltos en el miedo. La Nueva Medicina Germánica proporciona un marco prometedor para el futuro de la asistencia sanitaria, haciendo hincapié en la interconexión entre la psique, el cerebro y los órganos, lo que reafirma, sobre todo, el juramento hipocrático de “no hacer daño”, que en estos casos significa “no provocar miedo ni pánico”.”

Recursos recomendados: 

GNMOnlineSeminars.com 

LearningGNM.com 

NewMedicine.ca