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Encuentra la tranquilidad para curar la enfermedad

Por Leo Babauta

Es un día ajetreado y te ves inundado por un sinfín de correos electrónicos, mensajes de texto, llamadas telefónicas, solicitudes de mensajes instantáneos, notificaciones… interrupciones de todo tipo.

El ruido del mundo es un rugido sordo que impregna cada segundo de tu vida. Es un torbellino de actividad, algo que te agota la energía y te distrae, hasta que ya no te quedan fuerzas para prestar atención ni para actuar.

Es una enfermedad, este ruido, este ajetreo. Literalmente, puede hacernos enfermar. Nos estresamos, nos deprimimos, engordamos, nos agotamos, abatidos por los golpes y flechazos de la tecnología. La cura es sencilla: la quietud.

Pausa.

Dedica un minuto de tu ajetreado día a hacer este pequeño ejercicio: haz una pausa en medio de todo lo que tienes que hacer y de todo lo que está pasando a tu alrededor. Cierra los ojos y quédate quieto. Inspira y espira, y presta atención a tu respiración mientras entra y sale. Simplemente quédate quieto durante aproximadamente un minuto.

“El silencio es una fuente de gran fuerza”. —Lao Tzu

Esta quietud podría parecer inacción, algo que se nos ha enseñado que es malo. Es pereza, es pasividad, va en contra de nuestra ética puritana del trabajo. Y, sin embargo, esta simple inacción puede cambiar nuestro mundo.

La quietud nos tranquiliza. Nos ofrece un pequeño oasis de paz que nos permite escuchar nuestros pensamientos, recuperar el aliento y, sobre todo, nos da espacio para respirar. Es el antídoto contra el estrés y las prisas que sentimos a diario.

La quietud también tiene un efecto tranquilizador en el mundo que nos rodea. Al permanecer en silencio, hacemos que los demás se detengan y presten atención. Nuestra quietud también tranquiliza a los demás. Creamos el ambiente adecuado para quienes trabajan o interactúan con nosotros de cualquier otra forma.

Cuando nos apresuramos y marcamos un ritmo frenético, eso estresa a los demás y les lleva a apresurarse también de forma frenética. La calma tiene el efecto contrario. Ralentiza el mundo, nos permite concentrarnos y nos da tiempo para reflexionar sobre lo que más importa.

Se necesita fuerza para mantener la calma cuando los demás se precipitan. Se necesita valor para ser diferente, para ir a contracorriente. Pero aunque al principio los demás puedan pensar que somos raros, no pasa nada. A veces son precisamente los raros los que marcan la mayor diferencia. Y pronto, cuando nuestra serenidad inspire a otros a encontrar su propia serenidad, ya no seremos los raros, sino los que poseemos sabiduría.

Se necesita fuerza para encontrar la quietud cuando el mundo que nos rodea es un caos de actividad, pero es una fuerza que llevamos dentro, y solo tenemos que descubrirla. Paradójicamente, es precisamente la quietud la que nos permitirá encontrar esa fuerza. Mantén la calma, mira en tu interior y la encontrarás.

Encuentra la tranquilidad.

En realidad, es bastante sencillo, y no hace falta que te lo diga yo: para encontrar la tranquilidad, solo tienes que tomarte el tiempo para sentarte en silencio, todos los días que puedas.

Busca un momento por la mañana, cuando el mundo aún está bastante tranquilo. No hagas nada. No planifiques tu día, no revises el correo electrónico, no comas. Simplemente siéntate y aprende a sentirte a gusto estando quieto.

Con la práctica, poco a poco nos sentiremos más cómodos y le cogeremos el truco. Si por las mañanas no te viene bien, busca un rato durante la pausa para comer, después del trabajo o justo antes de irte a dormir.

Busca un lugar donde puedas estar en silencio. Puede ser una silla en tu casa, el porche de la entrada o la azotea. Puede ser un banco del parque, la playa o un sendero en el bosque. Haz que esto se convierta en un ritual que esperes con ilusión.

“La actividad vence al frío, pero la quietud vence al calor”. —Lao Tzu

Desde este pequeño rincón de tranquilidad, la calma se extenderá al resto de tu día, irradiándose como una fuerza reconfortante. Estarás más tranquilo a lo largo del día y aprenderás a encontrar pequeños momentos de tranquilidad en todas partes: al comenzar tu jornada laboral, cuando te dispongas a sentarte a crear, cuando estés a punto de comer, cuando te dispongas a hacer ejercicio. Incluso durante una reunión.

“Guardemos silencio para poder escuchar los susurros de los dioses”. —Ralph Waldo Emerson

Practica con regularidad. Practica y aprende. Practica la quietud, y la quietud se convertirá en un lienzo sobre el que podrás pintar la obra maestra de tu vida.